lunes, 27 de agosto de 2012

AMUAY, ALGO MÁS QUE UN EVENTO


        Horacio Medina


El terrible accidente ocurrido en la Refinería de Amuay que junto con Cardón y Bajo Grande componen el denominado Centro Refinador de Paraguaná (CRP), nos duele profundamente, por la cantidad de fallecidos, quemados y heridos que se derivan de una devastadora explosión y porque llevamos a la empresa muy dentro de nosotros.
En primer término, hemos pedido a todos nuestros amigos, colegas, y compañeros ponernos a la orden para colaborar en todas las opciones que sean posibles. Debemos apoyar de manera solidaria a las victimas y a sus familias. Los trabajadores, guardias nacionales y residentes de la zona que han fallecido, han sido quemados, heridos o afectados son venezolanos y la refinería, también nos pertenece, por tanto, es menester ofrecer, no solo nuestras condolencias y expresar nuestra solidaridad, debemos explícitamente colaborar en estos momentos difíciles.
Tratando de ser lo más objetivo posible, debemos decir que las operaciones en la industria petrolera, en todas sus áreas, tienen implícitas un alto riesgo y, por tanto, los accidentes son parte intrínseca del negocio. Sin embargo, por otro lado, también los rigurosos protocolos de seguridad, los estrictos programas de mantenimiento y la capacitación sistemática del personal operacional, tienen que ser parte vital en la industria, en particular en las operaciones, justamente para minimizar los riesgos y evitar accidentes.
La alta tasa de accidentes que han ocurrido en la Industria durante el lapso 2003 – 2012 contrasta, de manera evidente, con las bajas tasas de accidentes de periodo 1976 – 2002. Esta data es, sin duda, un importante elemento de juicio que nos permite inducir que no se han cumplido, ni los protocolos de seguridad, ni con los programas de mantenimiento, ni con la capacitación laboral. Por lo tanto, aun cuando no podríamos ser concluyentes, existe una muy razonable tendencia que señala que en este trágico y lamentable accidente, han podido confluir elementos relacionados con la violación de los parámetros de seguridad, mantenimiento y capacitación. Esta aproximación la podríamos sustentar con algunos datos importantes:
a. La refinería de Amuay tenía previsto en el plan original del 2011 la ejecución de 9 mantenimientos. De este plan solo se efectuaron 2. Por cierto, con grandes por problemas con los materiales que ocasionaron importantes retrasos.
b. Algunos estudios realizados en la empresa indican que tan solo 20% del personal está involucrado en actividades de seguridad industrial.
c. En las 10 unidades de la refinería de Amuay, los días de parada no programadas se incrementaron 70% con respecto al 2010, al pasar de 375 a 639 días.
Sin embargo, aun cuando lamentamos los fallecimientos, quemaduras y heridas de los guardias nacionales, empleados de la empresa Puramin y trabajadores de la Refinería, entendemos que estaban en funciones inherentes a sus cargos y lo sucedido, es una consecuencia del accidente. Lo que nos resulta inaceptable, imperdonable e inexcusable, es que haya víctimas ajenas a las operaciones que residían en viviendas construidas dentro de la franja de seguridad de la Refinería de Amuay. Esto, sin duda, demuestra la desidia, negligencia y falta de conciencia de la gerencia de PDVSA y las autoridades oficiales que lo permitieron o, sencillamente, lo toleraron. Ellos son responsables directos de esas muertes, porque nunca debieron ocurrir de haberse cumplido con los protocolos de seguridad.
No debemos permitir que este hecho catastrófico quede impune, sin investigación, tal como ha ocurrido recientemente con los continuos derrames de crudo o el hundimiento de la plataforma Aban Pearl, por solo citar dos ejemplos. Rafael Ramírez como presidente saliente de PDVSA y Jesús Luongo como gerente saliente del CRP, son responsables directos de lo ocurrido, en particular con los muertos y heridos ajenos a la operación. Y Hugo Chávez, el mayor responsable por mantener en la presidencia de PDVSA a Rafael Ramírez.
Por otro lado, Ramírez y Luongo deberían decir la verdad o asesorarse mejor antes de dar las declaraciones. Desde el mismo momento del hecho, ambos aseguraron que en dos días la refinería estaría funcionando, que las instalaciones estaban intactas.
Una declaración irresponsable, ya que, previamente, se ha debido realizar una minuciosa inspección de las plantas, equipos e instalaciones para prevenir un nuevo accidente, a causa de algún daño oculto que, obviamente, no puede apreciarse a simple vista. Adicionalmente, el consumo del combustible en los tanques que aun están ardiendo, podría tomar unas 48 horas adicionales, luego de lo cual, se realizarán labores de enfriamiento de los tanques e instalaciones cercanas, lo cual tomará, unas 24 horas adicionales. Por último, según Ramírez, el “evento”, como irresponsablemente califica este accidente catastrófico que podría haberle costado la vida a más de 50 personas, además de dejar un centenar de heridos, no tendrá ningún impacto en la distribución y consumo de combustibles. Es decir, según este Ministro, el cese de producción de productos en Amuay, no tiene ninguna importancia, nos sobra la gasolina, el diesel y otros productos. Sin embargo, le recordamos que importamos gasolina y que, además, se trata de imponer un chip con fines de racionamiento. La verdad es que tendrán que rediseñar la corrida de refinación, la logística de transporte y recalcular la producción de gasolina, porque la capacidad de almacenaje de los componentes que se usan para su producción, olefinas, nafta catalítica y alquilatos, esta comprometida luego del accidente.
No especularemos más sobre las causa del accidente, legítimamente tenemos una aproximación razonable de las causas, pero finalmente deberán ser identificadas por ingenieros forenses de las compañías de seguros que investigarán el siniestro, antes hacerse responsables de los daños según las pólizas de PDVSA.
Finalmente, queremos hacernos solidarios con todos los trabajadores petroleros que día a día ponen en riesgo sus vidas en las operaciones de la Industria. Reivindicamos las declaraciones de José Bodas, Secretario General de la Federación Única de Trabajadores Petroleros de Venezuela, quien desde hace meses ha venido denunciando, al igual que nosotros y muchos colegas, la falta de manteniendo y la improvisación en las labores de la Industria. De manera simultanea, rechazamos, categóricamente, las irresponsables y vergonzosas declaraciones de Wills Rangel, Presidente de la referida Federación. Sus declaraciones, son signo inequívoco de lo que significa un sindicalismo patronal, entregado y sometido a los designios del partido de gobierno. Los trabajadores petroleros, ya saben donde esta la verdad y quienes representan sus intereses como venezolanos y como trabajadores petroleros.
Rafael Ramírez debe ser destituido de manera inmediata de su cargo.

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                                    ¡VADE RETRO MABITA¡


                                

Incontables son las veces que nos hemos referido al abandono criminal generalizado en que nos ha hundido esta desgracia de gobierno durante 14 años.  
La situación deplorable de hospitales, escuelas, universidades, electricidad, agua potable, oficinas públicas, calles, avenidas, carreteras, empresas estatales, puentes, parques y cárceles, reflejan que las palabras seguridad, prevención, mantenimiento y aseo no existen en el léxico gubernamental actual.
¡Cómo les gusta vivir en el desorden y la suciedad¡ Todo es improvisación y chapuza¡ No ven más allá del momento en que viven. La ranchificación de la vida es su modelo de existencia y gestión. El día a día se los come, no hay previsión, la desidia y la ignorancia presiden su conducta administrativa. Sólo su ideología política demencial les importa, las ventajas del poder y sus canonjías; y a unos cuantos vivos, el billete que podrán embolsillar mediante los mecanismos de la corrupción.
Basta viajar por el país para corroborar lo que estamos señalando. Es doloroso. Nunca antes esto se había visto. Las deficiencias de los gobiernos anteriores son nimiedades frente a la ruina presente. Las carreteras y autopistas del llano, del centro, de occidente y de oriente son intransitables por los huecos y llenas de basura. No hay señalizaciones, ni alumbrado, ni trazados. No hay respeto por las normas de tránsito, ni nadie que las imponga.
El relajo es la norma.
Pero no es esto solo lo grave. Lo son aún más las consecuencias para la seguridad y vida de los venezolanos que tal proceder acarrea. Cuántas calamidades no habríamos podido ahorrarnos si se cumplieran cabalmente con las normas mínimas y elementales en todos aquellos espacios sociales en que las vidas corren riesgos, y a cuyo cargo está, principalmente, el gobierno.
Estas indolencia e impericia criminales causan altos costos, muertes, cuando no, daños al patrimonio de todos los venezolanos. Los vehículos automotores de pobres, ricos o clase media viven en los talleres por el estado deplorable de las vías, y para rematar no se consiguen los repuestos. Debemos gastar más en seguridad privada y en clínicas costosas. Por el caótico sistema de transporte y la anomia del tránsito, perdemos horas productivas valiosas.
Todo por culpa de un gobierno inepto que no ha sabido ni tiene idea de cómo resolver los viejos problemas ni los nuevos. 
Los dolorosos hechos ocurridos en estos días en Amuay es evidencia clara de lo que venimos diciendo. El abandono negligente y criminal del que es víctima nuestra industria petrolera viene señalándose desde hace muchos años.  Desde que fue asaltada por una caterva de incompetentes chapuceros, que la han desnaturalizado, endeudado y envilecido a más no poder. El puesto destacado que tuvo como empresa petrolera en el mundo, lo perdió, y hoy da lástima.
Allí las normas de seguridad y mantenimiento no se cumplen, ni hay interés en cumplirlas. Cuando uno va a Puerto La Cruz, por ejemplo, áreas  de tuberías sensibles, cercanas a urbanizaciones y barrios, y que antes estaban cercadas y bien cuidadas, hoy las cercas están tumbadas, son basureros, y para rematar los niños y jóvenes juegan allí. ¿Es que acaso no hay dinero ni personal para que cumplan con esas labores de mantenimiento? 
En días pasados revisamos el estudio que hizo el ingeniero Diego González Cruz el año pasado sobre las causas de los accidentes en PDVSA (“Por qué ocurren accidentes en instalaciones de PDVSA”. Barriles de Papel No. 93). Son alarmantes sus hallazgos: 74% del personal no ha participado en ningún comité de seguridad; 49% no ha leído la política de seguridad de la empresa; 68% no asiste a las reuniones de seguridad industrial; el 57% afirma que está parcialmente o no formado en las labores que realiza; y el 56% no conoce el Sistema integrado de riesgos. La conclusión de González C.: hay falta de supervisión y poco compromiso de la empresa para velar por la seguridad de sus trabajadores e instalaciones.
Qué nos puede extrañar entonces que la causa última de lo sucedido en Amuay y del rosario de accidentes de los últimos años en nuestra industria petrolera, sea producto directo de la irresponsabilidad de quienes manejan ese sector.
Estos graves hechos ameritan, sin duda, una investigación exhaustiva por técnicos independientes que no escondan las responsabilidades de los que estaban llamados a prevenirlos.
Lo más cierto de todo esto es que el signo del gobierno actual es el de las calamidades. Unas ocasionadas por él y otras por la naturaleza se han incrementado.  Cientos de miles de muertos en manos del hampa en las calles; cientos de muertos en las cárceles; los asesinatos de Puente Llaguno; las muertes del deslave del Litoral; los aguaceros y crecidas de ríos; los derrumbes de cerros; Guarapiche, Yare, El Rodeo y Cúpira, el desastre de las empresas estatales; la destrucción de la capacidad productiva privada y paremos de contar.
A bañarnos con cariaquito morado bien temprano el 7 O, salir a votar y luego a defender los votos. Vade retro, mabita¡ 

EMILIO NOUEL V.
@ENouelV

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EL FACTOR MIEDO


         Américo Martín

En el socialismo la clase obrera es la vanguardia, ejemplo a seguir por el pueblo” 
Hugo Chávez

Me permitirán mis ociosos lectores comentar al presidente Chávez en su triple rol: conductor de ejércitos antimperialistas, líder de la emancipación de la clase obrera, y padre de la política del miedo. No he visto personaje más previsible que el presidente Chávez. A estas alturas ni el chavismo más cándido tomaría en serio su campanuda amenaza contra Inglaterra.
En la agitada sesera del mandatario debe estar flotando de nuevo la soñada guerra antimperialista, que ha de completar la obra inconclusa del Libertador. Por supuesto, con algunas modificaciones. Bolívar siempre conservó admiración por las islas británicas, su sistema y temprana ruptura con el absolutismo.
No fue casual la participación en la batalla de Carabobo del Batallón Británico mandado por el coronel inglés Tomás Farriar, cuyo comportamiento fue admirable y yo diría que decisivo.
Cuando algún iluminado quiere protagonizar una gesta debe contar con un enemigo y si no lo hay, inventarlo. Precisamente el fuerte de Chávez es su imaginación. Es un arte. Zarzuela, atelana, comedia pero arte al fin.
Antes de su invasión de la perversa Albión, había entonado tambores de guerra en respuesta al bombardeo ordenado por Uribe contra el campamento de Reyes. Correa protestó sin acompañar los planes bélicos de su aliado.
¡Qué puede importarle eso a un héroe tras una causa! Chávez se subrogó en la responsabilidad. Sin tener arte ni parte envió blindados a la frontera con el fin de castigar la insolencia de Colombia. El asunto era entre Uribe y Correa, pero Chávez se abrió paso a codazos y se plantó en el medio.
Lo gracioso es que Ecuador y Colombia no movilizaron tropas. Tampoco Uribe despachó un soldado a esperar en la frontera la blitzkrieg ­¿de Patton, Rommel, Montgomery?­ de Chávez. Esta operación militar ha sido borrada de los anales de la revolución. No ocurrió, nadie quiere acordarse de ella.
Desde que se sintió revolucionario el presidente Chávez compró la conexión entre el sistema socialista y la clase obrera. La emancipación del proletariado sería igualmente la de todas las clases oprimidas y a esa vorágine se entregó el decidido barinés.
Pero por ignorar una de las historias de semejante relación, el Presidente se está hundiendo en ella. Desde que los bolcheviques tomaron el poder vivieron una cuadratura del círculo.
Creían que la fuerza obrera no tenía por qué mantener sindicatos. No le veían sentido a que luchara por mejoras económicas contra el Estado obrero. ¡Sería como arrancarse ventajas económicas a sí misma, dado que era el proletariado el que había tomado el poder!, según la ficción en uso durante aquellos albores.
A partir de ese momento las largas luchas en defensa del salario, el empleo, la contratación colectiva y las condiciones de trabajo se desplomaron en los países del socialismo revolucionario, mientras que eran protegidos por la ley en las llamadas democracias burguesas.
¿Era razonable pedirle a los trabajadores que lucharan por un sistema que abolía sus derechos en contra de otro que los reconocía? Para poder sobrevivir a esa incontestable pregunta, terminaron reconociendo los fastidiosos sindicatos. Crearon una teoría de lo más conveniente: los obreros tenían una doble condición.
Eran revolucionarios al frente de una sociedad de trabajadores, y eran reformistas en su lugar de trabajo, lo que les autorizaba a reclamar mejoras gremiales. Claro, fue básicamente “muela”. Los sindicatos quedaron admitidos aunque de hecho perdieran su libertad.
En su descascarado socialismo, el presidente Chávez ha llevado al extremo su hostilidad contra los trabajadores, al tiempo que de palabra dice derretirse por ellos. Lo cierto es que en su régimen no caben la contratación colectiva, los derechos de manifestación y huelga y la libertad sindical, que las Constituciones “burguesas” consagran.
No es cuestión de errores o fallas. La contrahecha estructura de su modelo no le sirve a los venezolanos. Y por eso han estallado contradicciones brutales e inconciliables entre quienes creyeron en él.
A Chávez le metieron en la cabeza que era un orador mágico. Con el poder de su palabra podía encarrilar el creciente malestar de los trabajadores. Lo que pasa es que los de las empresas básicas se han fogueado durante muchos años en defensa de lo que ahora Chávez les arrebata. Creyéndose un Mirabeau, reunió a los sidoristas con una mise en scénefaraónica.
Encadenó los medios y muy sobrancero le habló a los presentes. La airada respuesta lo clavó en su silla, desencajado, pálido. Mirando a un lado y al otro ordenó que se iniciaran las negociaciones colectivas en las empresas básicas. Pero el mecanismo se disparó en todo el país.
Los empleados públicos, que están hasta la coronilla, siguen el ejemplo guayanés. El conflicto puede ser demoledor. Los militantes, formados en el papel profético de la clase obrera, se han descompuesto. El dinosaurio está herido. Cansado, pero con reflejos de viejo boxeador, el presidente convoca actos sin concierto. Mientras tanto Capriles y la alternativa democrática han hecho suyas, en la forma más natural, las demandas sociales.
Lo que queda en el arsenal del gobierno es el arma del miedo. Corren otra vez rumores sobre desestabilización y las cismáticas consecuencias que acarrearía la victoria de Capriles. Se habla sotto voce de milicias territoriales y grupos paramilitares. Las cifras hacen reír. El gobierno, que no puede con el puente de Cúpira, anuncia que en 2013 contará con un millón de milicianos.
Pura bravuconada. Pura frase hueca. El miedo como política ya es irrisorio. Lo dijo Chaplin: “La vida es maravillosa si se la disfruta sin miedo”. Share on twitter


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domingo, 26 de agosto de 2012


JULIAN ASSANGE EN EL BALCÓN

Mario Vargas Llosa
En el cubículo de la embajada del Ecuador en Londres, donde está refugiado, Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, tendrá ahora tiempo de sobra para reflexionar sobre la extraordinaria historia de su vida, que comenzó como oscuro ladronzuelo de la intimidad ajena (es lo que hace unhackerinformático, aunque el anglicismo trate de inocular dignidad a ese innoble oficio) en el país de los canguros y ha terminado convirtiéndolo en un icono contemporáneo, tan famoso como los futbolistas o roqueros más de moda, para muchos en un héroe de la libertad de expresión y en el centro de un conflicto diplomático internacional.
Existe tal maraña de confusiones y mentiras respecto al personaje, creada por él mismo y por sus partidarios, y propulsada por el periodismo ávido de escándalo, que hay millones de personas en el mundo convencidas de que el desgarbado australiano de pelos blanco amarillos que compareció hace unos días en el balcón de la embajada ecuatoriana del barrio preferido por los jeques árabes en Londres —Knightsbridge— para dar lecciones sobre la libertad de expresión al presidente Obama, es un perseguido político de los Estados Unidos al que ha salvado in extremis nada menos que el presidente Rafael Correa del Ecuador, es decir, el gobierno que, después de los de Cuba y Venezuela, ha perpetrado los peores atropellos contra la prensa en América Latina, cerrando emisoras, periódicos, arrastrando a tribunales serviles a periodistas y diarios que se atrevieron a denunciar los tráficos y la corrupción de su régimen, y presentando una ley mordaza que prácticamente sellaría la desaparición del periodismo independiente en el país. En este caso sí que vale el viejo refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Porque el presidente Correa y Julian Assange son tal para cual.
En realidad, el fundador de WikiLeaks no es objeto en estos momentos siquiera de una investigación judicial en los Estados Unidos ni este país ha hecho pedido alguno reclamándolo a nadie para enfrentarlo a un tribunal. El supuesto riesgo de que, si es entregado a la justicia sueca, el gobierno de Suecia pueda enviarlo a Estados Unidos es, por ahora, una presunción desprovista de todo fundamento y no tiene otro objeto que rodear al personaje de un aura de mártir de la libertad que ciertamente no se merece. La justicia sueca no lo reclama por sus hazañas —mejor dicho, infidencias— informáticas, sino por las acusaciones de violación y acoso sexual formuladas contra él por dos ciudadanas de ese país. Así lo ha entendido la Corte Suprema de Gran Bretaña y por eso decidió transferirlo a Suecia, cuyo sistema judicial, por lo demás, es, al igual que el británico, uno de los más independientes y confiables del mundo. De manera que el señor Assange no es en la actualidad una víctima de la libertad de expresión, sino un prófugo que utiliza ese pretexto para no tener que responder a las acusaciones que pesan sobre él como presunto delincuente sexual.
Nosotros nunca sabremos la manera cómo las revelaciones de WikiLeaks sirvieron para que se deshicieran las redes de información laboriosa y peligrosamente montadas por los países democráticos en las satrapías que amparan el terrorismo internacional de Al Queda y congéneres, ni cuántos agentes e informantes de los servicios de inteligencia del Occidente fueron detectados y posiblemente eliminados por efecto de esas publicaciones, pero no hay duda de que esa fue una de las siniestras consecuencias de aquella celebrada operación de desembalse informativo. ¿No es curioso que WikiLeaks privilegiara de tal modo revelar los documentos confidenciales de los países libres, donde existe, además de la libertad de prensa, una legalidad digna de ese nombre, en vez de hacerlo con las dictaduras y gobiernos despóticos que proliferan todavía por el mundo? Es más fácil ganar credenciales de luchador por la libertad ejercitando la infidencia, el contrabando y la piratería informática en sociedades abiertas, al amparo de una legalidad siempre reticente a sancionar los delitos de prensa para no dar la sensación de restringir o poner obstáculo a esa libertad de crítica que es, efectivamente, sustento esencial de la democracia, que infiltrándose en los secretos de los gobiernos totalitarios.La popularidad de que goza se debe a los cientos de miles de documentos privados y confidenciales de distintas reparticiones del gobierno de los Estados Unidos —empezando por la diplomacia y terminando por las Fuerzas Armadas—, obtenidos mediante el robo y la piratería, que WikiLeaks difundió, presentándolos como una proeza de la libertad de expresión que sacaba a la luz intrigas, conspiraciones y conductas reñidas con la legalidad. ¿Fue realmente así? ¿Contribuyeron las delaciones de WikiLeaks a airear unos fondos delictivos y criminales de la vida política estadounidense? Así lo afirman quienes odian a Estados Unidos, “el enemigo de la humanidad”, y no se consuelan todavía de que la democracia liberal, del que ese país es el principal valedor, ganara la Guerra Fría y no fueran más bien el comunismo soviético o el maoísta los triunfadores. Pero, creo que cualquier evaluación serena y objetiva de la oceánica información que WikiLeaks difundió, mostró, aparte de una chismografía menuda, burocrática e insustancial, abundante material que justificadamente debe mantenerse dentro de una reserva confidencial, como el que afecta a la vida diplomática y a la defensa, para que un Estado pueda funcionar y mantener las relaciones debidas con sus aliados, con los países neutros, y sobre todo con sus manifiestos o potenciales adversarios.
El señor Julian Assange no ha practicado en la institución que fundó la transparencia y la limpieza totales que exige de las sociedades abiertas contra las que se ha encarnizado. Las defecciones que ha experimentado WikiLeaks se deben, fundamentalmente, a su resistencia a dar cuenta a sus colaboradores de los varios millones de dólares que ha recibido como donaciones, según leo en un artículo firmado por John F. Burns, en el Internacional Herald Tribune del 18/19 de agosto. Es un buen indicio de lo complicadas y sutiles que pueden ser las cosas cuando se observan de cerca y no a partir de lugares comunes, estereotipos y clisés.Los partidarios de WikiLeaks deberían recordar que la otra cara de la libertad es la legalidad y que, sin ésta, aquella desaparece a la corta o a la larga. La libertad no es ni puede ser la anarquía y el derecho a la información no puede significar que en un país desaparezcan lo privado y la confidencialidad y todas las actividades de una administración deban ser inmediatamente públicas y transparentes. Eso significaría pura y simplemente la parálisis o la anarquía y ningún gobierno podría, en semejante contexto, cumplir con sus deberes ni sobrevivir. La libertad de expresión se complementa, en una sociedad libre, con los tribunales de justicia, los parlamentos, los partidos políticos de oposición y esos son los canales adecuados a los que se puede y debe recurrir si hay indicios de que un gobierno oculta o disimula delictuosamente sus iniciativas y quehaceres. Pero atribuirse ese derecho y proceder manu militari a dinamitar la legalidad en nombre de la libertad es desnaturalizar este concepto y degradarlo de manera irresponsable, convirtiéndolo en libertinaje. Eso es lo que ha hecho WikiLeaks y, lo peor, creo, no en razón de ciertos principios o convicciones ideológicas, sino empujado por la frivolidad y el esnobismo, vectores dominantes de la civilización del espectáculo en que vivimos.
En las actuales circunstancias no hay razón alguna para considerar a Julian Assange un cruzado de la libertad de expresión, sino más bien un vivillo oportunista que, gracias a su buen olfato, sentido de la oportunidad y habilidades informáticas, montó una operación escandalosa que le dio fama internacional y la falsa sensación de que era todopoderoso, invulnerable y podía permitirse todos los excesos. Se equivocó y ahora es víctima de estos últimos. En verdad, su peripecia parece haber entrado en un callejón sin salida, y no es imposible que, una vez que pase la ventolera que hizo de él una persona famosa, se le recuerde sobre todo por la involuntaria ayuda que ha prestado, creyendo actuar a favor de la libertad, a sus enemigos más acérrimos.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2012.
© Mario Vargas Llosa, 2012.

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Campaña presidencial en Venezuela

Ganando terreno

THE ECONOMIST

Ago 24 2012, 18:27 by P.G. | CARACAS


Fallas técnicas, los acosos de sus propios partidarios, multitudes cada vez más reducidas   y malas noticias en los sondeos. Con poco más de seis semanas para las elecciones presidenciales de Venezuela, Hugo Chávez puja por otros seis años en el cargo, y ya no luce con  el gran empuje de otrora.

Un autoproclamado socialista radical,  que lideró un fallido golpe de Estado en 1992, Chávez ha sido casi imbatible en las urnas desde que optó al poder por la vía electoral  a finales de la década de 1990. La gran duda sobre su reelección, al principio, era su salud: después de someterse a tres operaciones en menos de un año por un cáncer abdominal no especificado, el presidente parecía estar en necesidad urgente de un sucesor.

Pero el Presidente, ya con  58 años de edad, se ha vuelto cada vez más móvil -incluso cantando y bailando en algunos eventos- su supervivencia física se desvaneció como tema de campaña. La pregunta hoy es si su carisma, su billetera llena de petrodólares y su férreo control sobre las instituciones del Estado le alcanzarán para superar el descontento general con su gobierno y una campaña enérgica de Henrique Capriles de la coalición de oposición Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Gran parte de la campaña de Chávez se ha desarrollado en la televisión y la radio. Frecuentemente ha violado la ley electoral al hacer comentarios político-partidistas durante los discursos presidenciales que todos los medios de comunicación están obligados a difundir. En los pocos eventos presenciales, ha lucido fuera de contacto con sus propios partidarios. En el estado Carabobo, a principios de agosto, fue abucheado por la imposición de un impopular candidato a gobernador impopular en su Partido Socialista Unido  de Venezuela.

El punto más bajo llegó el 20 de agosto, cuando el presidente se vio obligado a interrumpir una transmisión a nivel nacional de la hidroeléctrica Caruachi planta en Bolívar, al sur del territorio, un estado  que ha sido un bastión del sentimiento chavista. En primer lugar, su audiencia, cuidadosamente seleccionada de los trabajadores de las industrias estatales pesadas, exigió el restablecimiento de sus derechos de negociación colectiva. Chávez se vio obligado a ceder y a atender la demanda fuera del aire. De repente, el micrófono de Chávez falló y el seguridad del sistema interno de sonido dejó escuchar los gritos  de  "justicia"-posiblemente de trabajadores disidentes que lograron romper el cordón de seguridad.

Aunque oficialmente no se trataba de un acto de campaña, la reunión abortada dio un indicio de la ira sentida por muchos sindicalistas por el colapso de las industrias de hierro y acero, carbón, aluminio y electricidad bajo control gubernamental. La explicación oficial de la suspensión de la transmisión se ha basado en un corte de energía, lo que genera dudas considerando que en el lugar  funciona una planta hidroeléctrica.

Mientras Chávez promete "construir el socialismo", "preservar la vida en el planeta" y "salvar a la raza humana", el señor Capriles, ex-gobernador del centrista estado Miranda, se ha enfocado en temas básicos como el crimen, el desempleo, los apagones y la inflación; promete crear 3 millones de empleos, construir  mil nuevas escuelas y duplicar la producción de crudo. Estos mensajes de Capriles se dirigen a  la base de poder del presidente: empleados públicos y ciudadanos pobres, en particular de pequeñas, a menudo remotas, ciudades en las que la oposición ha sido tradicionalmente débil.

Incluso las encuestas realizadas por empresas pro-gubernamentales muestran el avance del apoyo del retador, mientras que el de Chávez se ha mantenido estable. Aunque la mayoría de las encuestas siguen dando al presidente una ventaja de dos dígitos, dos estudios recientes han puesto la contienda cabeza a cabeza. Un sondeo de Varianzas, llevada a cabo durante la primera quincena de agosto, encontró que el 49,3% de los encuestados planeaba votar por el presidente y el 47,2% por el retador. Otra encuestadora, Consultores 21, pone a  Capriles adelante, con el 47,7%, por 45,9% de Chávez.

Sea cual sea la cifra real, parece indiscutible que Chávez está estancado, mientras que la oposición se va abriendo camino. El resultado del 7 de octubre es probable que sea mucho más cerrado de lo que se esperaba.


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sábado, 25 de agosto de 2012

COMUNICADO DE HENRIQUE CAPRILES RADONSKY FRENTE A TRAGEDIA DE AMUAY




Ante los hechos que ocurrieron en la madrugada de este sábado en laRefinería Amuay, ubicada en Punto Fijo, estado Falcón, en el que perdieron la vida 24 personas y otras 86 resultaron heridas, en el Comando Venezuela queremos expresar nuestra profunda tristeza, dolor, solidaridad y apoyo con las víctimas,sus familias, así como la familia de nuestra Fuerza Armada Nacional y denuestra Industria Petrolera.
Rogamos a Dios Todopoderoso por la recuperación de los heridos que arrojó la explosión y fortaleza para todas las víctimas, sus familias y a todo el pueblo de Paraguaná. Hoy Falcón nos necesita más que nunca a todos losvenezolanos, quienes nos engrandecemos y nos unimos ante situaciones duras quenos ha tocado enfrentar como la tragedia de Vargas en 1999, la emergencia de 2010 en Barlovento y la contingencia generada en las últimas horas endiferentes estados del país producto de la lluvia.
Los venezolanos somos uno solo y nos crecemos ante este tipo desituaciones. Hemos demostrado que juntos, siempre salimos adelante y que somosun pueblo solidario y grande.
Desde el Comando Venezuela queremos solidarizamos también con los vecinosde las comunidades cercanas a Amuay, quienes también se vieron afectados por laexplosión.
Hacemos un llamado a la calma de nuestro pueblo, para facilitar el traslado de los lesionados y el trabajo de los organismos encargados de hacerlas respectivas averiguaciones, a fin de determinar qué ocasionó la explosiónen el Complejo de Refinación de Paraguaná.
Henrique Capriles Radonski

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DOS BALAZOS EN LA CABEZA


              Fausto Masó


Algo peor que la mism a e n f e r m e d a d le está pasando a Chávez. Le indigna que en Puerto Cabello sus seguidores quieran que el alcalde Lacava sea el candidato a gobernador en Carabobo, que los trabajadores de la CVG rechacen sus planes, una simple pregunta de un periodista le saca la piedra, porque ¡cómo los obreros piensan que para ellos cualquier tiempo pasado fue mejor! La clase obrera no cree que vaya camino al paraíso. Chávez supuso que convencería a los sindicatos de la CVG de que vivir peor es vivir mejor; no renovar el contrato colectivo, lo ideal; perder sus conquistas, una maravilla. Esa actitud esquizofrénica recuerda la de los dirigentes del socialismo real, la que provocó el alzamiento de la clase obrera en Polonia. El 14 de agosto de 1980, el electricista Lech Walesa se tornó una figura mundial al encaramarse en una cerca de los astilleros Lenin (Gdansk) y convertirse en el líder de un movimiento que desmoronaría el comunismo. Walesa cargó una cruz de madera hasta el lugar escogido para homenajear a los mártires de otra revuelta obrera ocurrida veinte años atrás, contra el alza de precios, que causó 45 muertos y la renuncia del jefe del Partido Obrero Unificado de Polonia (POUP), Wladyslaw Gomulka, el representante de “la vía polaca al socialismo”.
Walesa fundaría el sindicato independiente Solidaridad con una consigna: “La historia nos ha enseñado que no hay pan sin libertad”. Es decir, lo mismo que están comprobando los sindicatos venezolanos.
El comunismo polaco que decía representarlos no soportó la rebelión abierta de los trabajadores. Algo similar amenaza con suceder en Venezuela, guardando las distancias. Como el Presidente vive aislado, Miraflores se ha convertido en su cárcel, rodeado de seguidores complacientes que le ocultan el hastío de los venezolanos por tantas promesas vacías. ¿Qué le queda al Presidente? Hablar y hablar, prometer y prometer.
El discurso socialista autoritario sirve de pretexto para que una nueva clase se apodere de un país. El único sorprendido con lo que ocurrió en el estado Bolívar es Chávez, que ahora le queda una salida, acabar de una vez con la libertad de prensa, impedir que se transmitan noticias molestas, perfeccionar su autoritarismo y aliarse con un sector del capital internacional. Eso es lo que está en juego el 7 de octubre.
Al comprobar que el cuento de hadas del socialismo ya no basta para legitimar su gobierno, frente al hecho de que perdería cualquier debate sobre la realidad venezolana, preferirá implantar el monólogo, acallar voces molestas, quedarse solo en el escenario, impedir que le digan que con este socialismo se vive peor, porque resulta insoportable para quien nos promete que Venezuela sea una tacita de plata reconocer que algunos secuestradores, después de cobrar el rescate por el plagiado, lo devuelvan con dos balazos en la cabeza, como últimamente está repitiéndose con una horrible frecuencia.
Llegamos a la barbarie: el asesinato abierto y la justicia militar para los que protesten.
Por una parte anda un discurso convertido en un cuento de hadas, y por otra, una realidad cada vez más terrible. Exprópiese y exprópiese proclama el Presidente, olvidando que le tocará discutir los contratos.
¿Hacia dónde vamos si ganara Chávez el 7 de octubre? ¿Quién ignora la respuesta a esta pregunta?
Fausto.maso@gmail.com

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