domingo, 8 de enero de 2017

AÑO NUEVO

   Resultado de imagen para EDUARDO Fernandez

              EDUARDO FERNANDEZ

Por encima de todos los datos objetivos que anuncian un año 2017 lleno de dificultades, el inicio de un año nuevo siempre debe ser abordado con optimismo y con ilusión.

Me dirán mis apreciados lectores que había que ser muy optimista para imaginar que el año nuevo nos pudiera traer, por ejemplo, un gobierno nuevo.

Un gobierno que surgiera del acuerdo entre gobierno y oposición. Un gobierno que fuera producto del diálogo y de la apreciación de la crisis que está viviendo Venezuela.

Hay una consigna muy vieja en la historia política venezolana que cobra una enorme vigencia en la actualidad. Me refiero a la que acompañó a la revolución liberal restauradora, encabezada por Cipriano Castro en 1898 “Nuevos hombres, nuevos procedimientos, nuevos ideales”.

El país necesita un cambio de gobierno. Lo ideal sería que ese cambio de gobierno fuera resultado de un gran acuerdo nacional, con una agenda muy clara y muy precisa, y con una composición humana que incluya a la gente más competente del país.

Un nuevo gobierno que cuente con la confianza y el respaldo de la gente que actualmente está en el gobierno y con los partidos que integran la Asamblea Nacional.

Que cuente, por supuesto, con el apoyo de la Fuerza Armada Nacional y también con el respaldo de los factores de la producción: empresarios y trabajadores.

Un gobierno que cuente con el respaldo y la bendición de la Conferencia Episcopal Venezolana y de los otros credos religiosos que actúan en el país y que cuente además con el apoyo de los sectores académicos, universitarios y gremios profesionales. Que tenga también el respaldo de gobernadores y alcaldes para retomar y profundizar el camino de la descentralización, de la regionalización y de la municipalización del poder público.

Un gobierno de esa naturaleza contaría seguramente con un amplio respaldo de la opinión pública nacional y también de la opinión pública internacional.

Un nuevo gobierno de las características que he señalado tendría la fuerza indispensable para gestionar los apoyos financieros internacionales y para tomar las medidas serias y transcendentes que deben tomarse para enderezar el rumbo de la economía venezolana.

Ese gobierno de unidad nacional, resultado de un gran acuerdo entre todos los factores, debe tener un periodo determinado. Ese periodo, en mi opinión, debe extenderse por lo que falta del actual periodo constitucional. De esta manera las elecciones presidenciales previstas para el año 2018, o sea, para el año que viene, permitirían al próximo gobierno iniciarse en un ambiente propicio para desarrollar sus programas de desarrollo nacional.

Ojalá el año nuevo nos traiga una nueva manera de hacer política.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE


Leer más...

sábado, 7 de enero de 2017

¿POR QUÉ NO COLOMBIA?

BEATRIZ DE MAJO

No le faltó nada de razón a Ricardo Hausmann cuando a través de las redes sociales envió un trino esta semana donde se interrogaba sobre las razones que tendrá Colombia para no otorgarles a los venezolanos una facilidad similar a la concedida por el gobierno peruano, que decidió acoger nuestros emigrantes como una forma de colaborar con aquellos que se destierran voluntariamente, lo que es solo la consecuencia de la situación económica, social, de seguridad y de salud venezolana.
La Superintendencia Nacional de Migraciones de Perú informó hace pocos días acerca de la aprobación de los lineamientos para la entrega de un permiso temporal de permanencia por un año que se les otorgará a los venezolanos que estén dentro del país, previamente a la exclusión de Venezuela de Mercosur, o a aquellos que se hallen en situación migratoria irregular.
Es un trato especial que el presidente Pedro Pablo Kuczynski concede a los nacionales de la hermana patria venezolana para que estos regularicen su permanencia en el Perú y estén, en adelante, habilitados para realizar actividades remuneradas.
El comentario de Hausmann a través de Twitter tiene todo el sentido del mundo dadas la interacción histórica, la cercanía cultural, la hermandad existente entre los dos países. Por mi lado, considero que se trataría, en primer lugar, de una concesión humanitaria para un inmenso contingente de venezolanos incapaces de convivir con el grado de deterioro de su calidad de vida en el país, situación que tiende a prolongarse indefinidamente en el tiempo, por la manifiesta incapacidad del gobierno revolucionario de implementar los correctivos necesarios para que la economía recupere una senda de crecimiento y, en el ínterin sean aliviados los problemas humanitarios que registra el país. Pero el asunto va mucho más allá que un gesto de solidaridad bondadosa. Hay países que explotan los talentos ajenos en su propio beneficio. Un gran ejemplo lo constituyen Canadá y Australia.
El académico de la Universidad de Harvard había llamado la atención hace unas semanas acerca de lo refractaria que es la sociedad colombiana frente a la incorporación de talento externo en sus procesos. Pero el catedrático no le atribuye una actitud de rechazo a la población del vecino país. Se trataría, más bien, de una política migratoria excluyente y discrecional, la que penaliza, más que a nadie, a los propios colombianos.
Hausmann ha llamado la atención acerca de la consolidación de una fuerte industria petrolera en Colombia con el talento aportado por centenares de nuestros profesionales emigrantes que conocían los intríngulis del complejo negocio de la producción de crudos pesados.
El experto de la prestigiosa Universidad de Harvard ha dado a conocer detalles poco evidentes de la vecina Colombia. Según datos del Banco Mundial, la proporción de gente nacida en el exterior que hay en Colombia llega a 0,2% del total, uno de los índices más bajos del planeta, cuando ese mismo país ostenta más de 2,5 millones de sus nacionales por fuera de sus fronteras. Venezuela llegó a darles albergue a 4 millones de colombianos, en situación de ilegalidad y de legalidad en los mejores momentos de la integración binacional.
Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard, ha puesto el dedo en la llaga en un tema álgido entre los dos países. Lo que no dijo el destacado personaje es que, más bien, en los tiempos de Juan Manuel Santos ha centrado su gestión en fabricarse una paz sui generis. Una que pasa por sacar del país vecino toda la basura producida por el narconegocio e impulsarlo a ubicarse son su carga de crímenes y de horror del otro lado de la frontera del Arauca, en donde han encontrado asentamiento y colaboración fácil e interesada.
Repito que Hausmann tiene razón en deplorar esta forma de actuar de Colombia.
El problema está en que toda esta tesis de la narcotización de Venezuela para fraguar la paz de Colombia difícilmente cabe en un trino de Twitter.

Leer más...

viernes, 6 de enero de 2017

Julio Borges: Nuestra lucha es imponer la paz con contundencia

Por: LaPatilla.com
julio-borges-tribuna-de-oradores

El nuevo presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Julio Borges, afirmó que “hoy se instala esta AN, en medio de un momento injusto y vergonzoso para Venezuela”, por lo que recalcó que “la lucha es imponer la paz a través de la no violencia pero con contundencia”.


Agradeció el servicio y la labor del presidente saliente, Henry Ramos Allup, “quien con respeto y valentía supo llevar está cámara frente a los ataques más feroces de todos los Poderes Públicos”. Así como también declaró el 2017 como el año en el que el pueblo venezolano será el protagonista a través del voto.
El también coordinador nacional de Primero Justicia destacó que “hoy Venezuela es el reino de la miseria, el caos y la corrupción”, por lo que pidió que “esa hipocresía monumental tiene que terminar, Venezuela grita ¡ya basta!”.
Afirmó que este año debe haber elecciones porque el país no aguanta más. La única solución que puede tener Venezuela es protestar en las calles para que haya elecciones este año.
“Aquí no hay Constitución, no hay separación de Poderes, en Venezuela no hay democracia y lo que nos toca es luchar en la calle para imponer que sea el voto y la constitución lo que prevalezca en la crisis del país”.
Del mismo modo, aseguró que “esta fue una de las navidades más tristes, haciendo colas para buscar alimentos o canjeando un billete”.
Durante su primer discurso como presidente de la Asamblea Nacional, Borges envió un contundente mensaje a Nicolás Maduro, en el que pidió que respete la Constitución y al pueblo. “El pueblo venezolano es el dueño de la democracia y tiene derecho a votar y decidir su futuro”.
“Está claro que Nicolás Maduro al abandonar la Constitución abandonó el cargo. Con esta decisión la AN abre las puertas para que haya elecciones a todo nivel: gobernadores, alcaldes, presidente y también del Parlamento Nacional”.
Igualmente, hizo un llamado a la Fuerza Armada Nacional para que sean los garantes del pacto de convivencia que es la Constitución. “Este llamado a las Fanb no es a la sublevación sino que se respete la Carta Magna y que permita que el pueblo vote”.
“Quiero ser muy claro, no vamos a generalizar en un futuro Gobierno. Vamos a revisar caso por caso, pero no vamos a permitir que un minúsculo grupo manche el nombre de la Fanb”, agregó.
Destacó que el país espera mucho de la Fuerza Armada, “nos toca vencer juntos esta dictadura. No hay fórmulas mágicas, la única fórmula es la vía del voto”.
Julio Borges concluyó su primer discurso, como presidente de la Asamblea Nacional, afirmando que “la vida nos pone a todos los venezolanos en una encrucijada y somos nosotros los encargados de que quienes se creen dueños del país bajen la cabeza y escuchen”
“Nuestra lucha continúa hoy, esta claro que en Venezuela no hay democracia ni constitución ni leyes y hay que dar la batalla para rescatar el voto y la dignidad de nuestro pueblo”.
Leer más...

jueves, 5 de enero de 2017

ACTIVAR LA NO VIOLENCIA



        LUIS UGALDE sj

EL NACIONAL

Es claro que este régimen y su gobierno se han apropiado ilegítimamente del Estado y hacen la guerra a la sociedad para perpetuarse en el poder. Aferrados a un modelo de estatismo totalitario están decididos a no corregir lo que produce, de manera creciente, el sufrimiento de millones de venezolanos. Lejos de responder a la crisis alimentaria y de medicamentos y a la parálisis del aparato productivo, las agravó con medidas insensatas como la recogida de los billetes de 100 bolívares. Empezamos el año 2017 sin indicios serios de corrección y de cese de la guerra contra la población por parte del gobierno.
Por su parte, la mayoría de la población siente que la dirigencia política democrática en la MUD no ha estado a la altura de los retos, ni se ha enfrentado a esta guerra con una estrategia unitaria de triunfo para rescatar la democracia, la paz y la convivencia social en seguridad y sin presos políticos ni exiliados.
El cardenal arzobispo de Caracas Jorge Urosa, con sus obispos auxiliares, comienza el año haciendo un llamado a enfrentar esta guerra con una movilización de las conciencias en actitud de “no violencia activa”. Basados en el Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz del 1º de enero, nos llama a asumir nuestra responsabilidad y juntos obligar al cambio de gobierno por las vías señaladas en la Constitución. La no violencia no es pasividad, sino “enfrentamiento del mal, no con otro mal, sino venciéndolo con el bien” (Romanos 12,17-21), “rompiendo de este modo la cadena de la injusticia”. Este es el núcleo de la revolución cristiana que no se limita a amar a los amigos, sino a transformar con amor también a los enemigos. Jesús “nos enseñó que el verdadero campo de batalla en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano”, porque de dentro del corazón del hombre salen los pensamientos perversos (Marcos 7,21). El amor incondicional que afirma a toda persona, la acoge y la transforma hacia el bien es la raíz para enfrentar toda injusticia y cambiar a las personas, estructuras sociales e instituciones. Quien acoge la Buena Noticia de Jesús experimenta que Dios es amor y al acoger la misericordia de Dios reconoce su propia violencia y se convierte en instrumento de reconciliación. “La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes”, como vemos en muchos países con líderes de acción como Mahatma Gandhi, Martin Luther King o monseñor Romero.
El mensaje del Papa tiene aplicaciones a todo nivel desde la violencia familiar hasta el desarme y la prohibición y abolición de las armas nucleares. “La Iglesia católica –dice el santo padre– acompañará toda tentativa de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa”. ¿Qué significa esto para los católicos venezolanos y nuestra sociedad entera en este año que comenzamos?
Enfrentar las políticas que tan gravemente maltratan a millones de venezolanos privándoles de comida, de medicinas, de seguridad y de sus reducidos ingresos. Desbloquear las bases para una economía productiva. Exigir con tenacidad incansable la liberación de los presos por razones políticas, restaurar la Constitución violada y abrir los cauces electorales trampeados el año pasado para que se manifieste la voluntad popular contra esta guerra del régimen.
La política no se desarrolla en línea recta: el año pasado empezamos con esperanza de cambio, luego del rotundo triunfo democrático en las elecciones parlamentarias, pero terminamos en desaliento y desorientación. Con problemas agravados y con un liderazgo democrático que no supo presentarse unido y con un claro mensaje capaz de movilizar a la población hacia el cambio imprescindible, lejos de la pasividad y la desesperanza. Por otro lado, el gobierno puso en evidencia ante todo el país y el mundo la terca decisión dictatorial de anteponer su permanencia en el poder a los derechos de la gente a vivir en paz y libertad con justicia. Cada mes que pasaba se fue aumentando el dolor del pueblo. Las esperanzas que muchos pusieron en el diálogo fueron burladas y a los líderes democráticos les faltó claridad, unidad y estrategia…
Este año será al revés: empieza en oscuridad y desesperanza y terminará abriendo las puertas al cambio de régimen, con esfuerzo unitario y plural para la reconstrucción exigente. Para ello hace falta un amplio, múltiple y coordinado movimiento social y político, que confluya en un único objetivo: salir del régimen que bloquea toda salida y llegar a un gobierno de unidad nacional y de reconstrucción. Los pasos son múltiples y varias las elecciones pendientes que conducen al cambio. Por culpa de este régimen los venezolanos estamos ante una miseria no conocida en los últimos 100 años, pero convencidos de que este año empezará a amanecer en la medida en que todos activemos la no violencia para salir de este gobierno que nos oprime para perpetuarse.

Leer más...
EL AÑO EN TRES ACTOS

LUIS PEDRO ESPAÑA

EL NACIONAL

Primer acto: el gobierno. De todas las políticas desarrolladas a lo largo del año por el Ejecutivo, del rosario de desaciertos, idas y venidas, anuncios o amenazas de medidas que nunca llegaron, una sola de ellas nos servirá para describir lo que se ha convertido en el portaestandarte de la performance del gobierno. La incomprensible, compulsiva y casi suicida decisión de sacar de circulación en 72 horas el billete de 100 bolívares, cuando al momento del anuncio no había arribado al país el primer billetico el nuevo cono y, además, en el mes del año en que, incluso en esta economía menguada, resulta ser el mejor momento para el comercio.
Las explicaciones que nos dieron, si no fueron falsas, al menos califican como falaces. Las interpretaciones dadas por economistas y demás analistas del país fueron, en el mejor de los casos, insuficientes. Demasiadas incongruencias, falta de información o datos y confesados faltan para armar el rompecabezas de este disparate. A la fecha nadie se explica el porqué de semejante medida. Tuvimos que vivir el umbral de un estallido social para que la decisión se revocara, se restituyera la circulación del billete de 100 y todo volviera a la misma anormalidad de pago en efectivo que tenemos al presente.
Del hecho, lo que desde nuestro punto de vista resalta, pone en evidencia y sirve para explicar al menos parte de las políticas públicas en este país, es la absoluta desconexión de los decisores públicos con la cotidianidad, con el día a día de la población.
Si algo había caracterizado al gobierno en su pasado era su correspondencia con la cultura popular. Claro que cuando la brújula fallaba, pues, había muchos recursos petroleros con los cuales paliar los errores sin necesariamente enmendarlos. Pero lo vivido con esta medida, ignorar que una parte importante y vulnerable del país se movía (y mueve) en efectivo, aunque para ello los hayan condenado a cargar en bolsas y mochilas las pacas de dinero, es el mayor acto de desapego con el país y su pobre realidad que hayamos visto de gobierno alguno.
Solo la violencia y los disturbios los hizo entrar en razón. Recibieron una explosión de realidad que increíblemente no se esperaban. Si así ocurre con lo más fácil de anticipar, qué cabe esperar para el resto de medidas no tan simples y menos cotidianas.
Si el gobierno se mantiene en la prisión de sus ideas y continúa a espaldas de la población, es de esperar que el cúmulo de desaciertos haga la crisis más ingobernable de lo que ya es. Que se repitan tan descabelladas medidas y que sus consecuencias sean realmente impredecibles. Este es el signo que aporta el gobierno para 2017: la incertidumbre.
Segundo acto: el pueblo. Nunca la población venezolana había padecido una crisis socioeconómica como la presente. Inflación y desabastecimiento se han llevado por delante cualquier indicio de calidad de vida que se haya podido tener en el pasado.
Esta gigantesca crisis se ha vivido, más que con resignación, con rabia y rechazo. No es cierto que el pueblo esté inerte frente a dificultades que inexplicablemente padece. Simplemente carece de opciones, vías de expresión o canales de resolución. El gobierno ha cerrado las vías institucionales de solución de los problemas. Depende solo de la fuerza para hacer valer su posición (cualquiera que ella sea). La población solo tiene el pecho desnudo frente a la posible represión gubernamental; por lo tanto, es irresponsable pedirle que haga algo distinto a participar legalmente en el marco de las restricciones que tenemos.
Hasta ahora la población ha sido la víctima de la política, porque la crisis económica y social es política, es de gestión pública, en primer lugar, y de imposibilidad de cambiarlas, en segundo término. Las revueltas que han ocurrido, más que un ejemplo “del despertar” que algunos profesan, son la simple llegada a situaciones límites. Se trata de la reacción espontánea de poblaciones en lugares específicos del país donde la insensatez del gestor público agrede la cotidianidad de la gente. Apostar por estas manifestaciones como opción de cambio es confiar en el triunfo de la anarquía y suponer erróneamente que del caos emergerá algo mejor
La población esta allí, consciente de lo que padece y de la necesidad de cambio. Solo espera por conducción, por la guía de quienes están llamados a generar nuevos proyectos y vías para alcanzarlos. El pueblo espera por la oposición venezolana.
Tercer acto: la Unidad. Es probable que la prueba más tangible de que la unidad de la oposición se va a mantener en el futuro fue el conjunto de desaciertos y desavenencias del pasado. A pesar de todo lo vivido, sigue unida. Maltrecha, pero unida.
Con una mayoría en la Asamblea bloqueada por un gobierno que juega peligrosamente a su propia ingobernabilidad y con una oposición regida por una meta sin estrategia, por un deseo manifiesto, más que por una realidad plausible, se llegó al final del año sin el camino y con pocos logros que mostrar. La oposición, luego del gigantesco triunfo de 2015, puede que engolosinada, anunció y prometió lo que todos los venezolanos deseaban, el final del gobierno. En seis meses, se llegó a decir, estaríamos en presencia de un nuevo gobierno. Pasó un año, no se logró, y con este desastre a cuestas el juego de la desesperanza comenzó.
El año termina en lo que ha sido un juego perder-perder, oposición y gobierno se enfrentan a 2017 con la necesidad de replantearse. Para los primeros no hay otra opción sino reinventarse; para los segundos la agenda es la misma: aferrarse al poder, por el poder en sí mismo, y seguir deseando que el país pierda los sueños y se acostumbre a la pesadilla que ellos representan.
Para este 2017 la Unidad tiene dos tareas. Primero, darle un sentido a la Asamblea Nacional. Ese poder del Estado, aunque bloqueado, tiene que servir para hacer política, para poner en evidencia la incompetencia y corruptelas, para labrar propuestas sensatas (no populistas) que seguramente se ejecutarán más tarde, pero que indicarán el nuevo camino y, por sobre todas las cosas, la Asamblea debe ser el espacio para bregar el restablecimiento de la democracia y las condiciones para ejercerla.
El segundo papel será la confrontación electoral regional. Luce casi imposible que el gobierno se libre de esta elección. La alianza opositora debe llevar sus mejores candidatos, lo más legitimados posible (primarias en casi todos lados) y especialmente blindados contra las trampas y triquiñuelas que de seguro vendrán ahora que carecen de toda popularidad, y que con ella han perdido la vergüenza democrática.
Es posible que, aunque cueste asumirlo, ha llegado el momento de dejar de pensar en el final del gobierno, para comenzar a pensar en la construcción de uno nuevo. Si 2017 es el fin adelantado de la actual administración, es casi seguro que no será producto de la acción de la oposición, sino por el desencadenamiento de hechos y situaciones que solo conocen los secretos que se esconden en los pasillos de palacio.
Alejados de las lides conspirativas, a sabiendas de que todas ellas son perjudiciales para el país, la agenda sigue siendo electoral y constitucional. No solo porque los civiles no sabemos de otras vías, sino porque, además, sigue siendo la estrategia más adecuada en razón de la tarea de reconstrucción nacional que, más temprano que tarde, deberá ser el gran objetivo de la Unidad.

Leer más...
TEMER AL MIEDO

FERNANDO SAVATER

El filósofo Ortega y Gasset dijo en una ocasión, comentando la situación intelectual y espiritual de sus contemporáneos en el primer tercio del siglo pasado: “No sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa”. Ortega solía decir frases ingeniosas y sonoras como esa, pero que frecuentemente no eran simples frivolidades sino que tenían la virtud de expresar concisa y memorablemente una intuición adecuada sobre el perfil del presente. No sólo de su época, sino de otras en que los colectivos humanos tratan de ajustar su paso mental, por decirlo así, a la marcha de su tiempo.
Creo que hoy estamos en una de esas circunstancias de desconcierto y urgencia. Tenemos claro que casi todo lo que creíamos claro ha dejado de estarlo. La próspera y envidiada Unión Europea ha padecido la alarmante humillación del Brexit, y ve bullir en sus entrañas movimientos populistas que amenazan directamente sus fundamentos políticos mismos desde la derecha o la izquierda (recordemos que la UE nació principalmente para evitar el regreso del nazifascismo y la extensión del comunismo, las dos tentaciones totalitarias).

La avalancha migratoria compromete nuestra a veces demasiado excluyente forma de vida pero, paradójicamente, apela como un recordatorio vivo a los mejores compromisos del humanismo por el que queremos definirnos. Las decisiones populares, de las que se enorgullecía nuestro ADN democrático, se revelan desconcertantes y peligrosas en la opción por figuras políticas tan escasamente tranquilizadoras como Donald Trump nada menos que en la Presidencia de Estados Unidos.

Desde luego que Trump no corre el riesgo de que se le conceda el Premio Nobel de la Paz a fondo perdido como ocurrió en la ola optimista con que se acogió a Barack Obama...

¿Sabíamos antes mejor que ahora lo que pasaba en el mundo?

Al menos creíamos saberlo porque contábamos con las referencias sólidas de los grandes periódicos internacionales y otras fuentes de información respetadas no sólo por quienes presumían de ilustrados, sino también por la mayor parte de una ciudadanía que de mejor o peor grado aceptaba la existencia de cierta jerarquía intelectual. Pero hoy esa confianza ha desaparecido, es más: ha cambiado de signo.

Las opiniones y consejos de los expertos a través de los medios de comunicación más reputados, sobre todo los impresos, no sólo han dejado de influir en los votantes y en los ciudadanos públicamente más participativos, sino que se han convertido en contraproducentes. Precisamente las figuras políticas más desafiantes contra ellos y más denostadas por los hasta ayer tenidos por sensatos, son las mejor valoradas por las grandes masas.

El extremismo y la incorrección ideológica no condenan a nadie a la marginalidad sino que sirven de recomendación para alzarse contra lo establecido. Y frente a todo ello, las democracias viven amenazadas por la extensión del terrorismo yihadista, que golpea de manera suicida pero terroríficamente eficaz en el corazón mismo de nuestras convenciones sociales, festejos, conmemoraciones simbólicas... Desde luego, se cumple en nuestros días la vieja maldición china: “¡Ojalá tengas que vivir tiempos interesantes!”.

Y ya que estamos con viejos lemas que parecen actualizarse, recordemos aún otro como antídoto a los venenos de la época: a nada hay que temer tanto como al miedo mismo.

Leer más...

miércoles, 4 de enero de 2017

2017: La deriva militarista y cuartelaria

Trino Márquez


El discurso de Nicolás Maduro el 28 de diciembre -con motivo de la salutación de fin de año y la inauguración del “Batallón de Honor 24”- transmitido en cadena nacional desde el Campo de Carabobo, pasó desapercibido. El hombre habla tanto gamelote, es tan fastidioso y desangelado, que resultaba un acto de masoquismo inaudito escucharlo en medio de las fiestas navideñas, opacadas por la inflación y la escases, pero fiestas al fin y al cabo.

En su alocución quedaron trazados los lineamientos de política interior para el inmediato futuro. Pocas veces se había visto de forma tan clara la presencia del G2 cubano en la vida venezolana y del modelo de dominación fidelista, impuesto en Cuba durante sesenta años. El objetivo puede resumirse en pocas palabras: se persigue convertir el país en una sociedad militarizada y cuartelaria, integrada por gente que se espía y delata mutuamente. Diosdado Cabello, con el cinismo que lo caracteriza, diría de “patriotas cooperantes”. En esta sociedad orweliana cada hombre, o mujer, es una pieza al servicio de la preservación de la dictadura.

Maduro habló de  crear un “mecanismo de inteligencia estratégica popular”, que evite la reproducción de eventos como los ocurridos en Ciudad Bolívar, La Fría y Guadualito en diciembre pasado. De ese “mecanismo” deben formar parte todas las organizaciones populares creadas por el régimen: las UBCh, los Consejos Comunales, los Consejos de la Patria y las milicias. Se trata de la “guerra de todo el pueblo” -es decir, de las organizaciones muy gubernamentales patrocinadas por el chavismo- en contra de los paramilitares financiados supuestamente por la oposición y la ultraderecha. De acuerdo con el obtuso criterio de Maduro, los disturbios que se desataron fueron auspiciados por la derecha opositora, por los narcotraficantes y por las mafias interesadas en capitalizar el gran negocio con los billetes de cien bolívares. Por supuesto que la ira popular nada tuvo que ver con el desabastecimiento, la inflación y la escasez provocadas por su desastrosa política económica. En la mente del mandatario no cabe la posibilidad de que él sea el responsable del caos económico, a pesar de tener 18 años gobernando. Siempre son otros, especialmente los opositores, quienes desde hace dos décadas no gobiernan, los causantes del descalabro.

El mecanismo de inteligencia estratégica popular propuesto por Maduro constituye un eslabón de las Regiones de Defensa Integral (REDI), de las Zonas Operativas de Defensa Integral ((ZODI), de las Áreas de Defensa Integral (ADI) y, finalmente, del Sistema Popular de Protección para la Paz (SP3).  Todo este complejo mecanismo de espionaje y control de la vida ciudadana, materializa la alianza militar-cívico, eje del modelo. Militares y civiles, en ese orden, se unen con el fin de lograr la permanencia sin sobresaltos de la autocracia montada por el chavismo-madurismo.

Maduro le dijo adiós a la democracia, incluso a las instituciones creadas por su padre putativo. Del Estado central, en el Campo de Carabobo solo se encontraban, por el sector civil, el vicepresidente Aristóbulo Istúriz y el contralor general, Manuel Galindo B., presidente del Consejo Moral Republicano. Los demás eran oficiales de diversos grados. El encuentro no sirvió para reafirmar la autoridad del poder civil ante la institución castrense, sino para evidenciar cómo el gobierno, en especial el jefe del Estado, se ha postrado ante la bota castrense. Representó una muestra adicional del desprecio a la cultura republicana y del nivel de claudicación  ante los uniformados.

2017 será un año difícil. La deriva militarista y cuartelaría del régimen quedaron claramente esbozadas en el Campo de Carabobo. La oposición no debe forjarse ilusiones. Maduro optó por crear un modelo militar-cívico donde las elecciones, la vigencia de la democracia y la República, no están contemplados. Me gustaría pensar, siguiendo al padre Luis Ugalde, en la existencia de un Wolfgang Larrazábal que despierte del marasmo y asuma, junto a los civiles, la reconquista de la democracia desde la institución castrense. Sin embargo, semejante posibilidad luce demasiado remota.

Prefiero pensar en construir un movimiento social y electoral que incluya a todos los sectores democráticos del país, cuyo despliegue y fuerza obligue a los militares a optar entre respaldar un régimen que empobrece y reprime las libertades, o apoyar una iniciativa que reconstruya a la nación en todos los órdenes. Colocados ante esta disyuntiva, podrían sumarse muchos oficiales y soldados a la causa democrática.

@trinomarquezc

Leer más...
RÉGIMEN TIRÁNICO

MARTA DE LA VEGA

Distinguir el significado político y no el semántico de tiranía, casi sinónimo de dictadura, y actuar en consecuencia, es uno de los factores claves para tener éxito contra el régimen venezolano que preside formalmente Maduro, aunque en realidad la que domina el poder sea una camarilla militar civil heteróclita y corrompida hasta los tuétanos. ¿Qué estrategia ética y política desplegarán los líderes opositores contra un Estado forajido y tiránico? La tiranía implica un régimen abusivo, excluyente, con la militarización de la administración pública y de los centros de decisión del poder ejecutivo, incluso si es un gobierno elegido mediante procedimientos democráticos y hace concesiones como el ejercicio del voto popular, cuando conviene. La tiranía rige hoy el destino del país. Al perder toda legitimidad, aplica medidas demagógicas propias del populismo (Juan Carlos Rey, Politeia, 1976) y pretende eternizarse en el poder mediante la subordinación de los otros poderes públicos a una parcialidad política y la sumisión de la población por coacción y miedo. Usa un lenguaje ofensivo, cargado de desprecio por quien adversa el proyecto o no se pliega a sus designios, mentiroso y plagado de resentimiento, odio, tergiversaciones, cinismo, victimización de unos y satanización de otros. Las rencillas internas entre facciones del consorcio militar civil que se reparte Venezuela como botín de saqueadores, impiden una dirección clara y unitaria del rumbo de la república. Sus forcejeos y enfrentamientos grupales han impuesto anomia y anarquía, que parecen calculadas para producir una conmoción nacional al caotizar y pervertir la economía, al desalentar y desesperar a la población de todos los sectores sociales que sufre los embates de una política errática y al imponer virajes de manera espasmódica. Las medidas crueles, con cinismo e irresponsabilidad demenciales del presidente Maduro tuvieron que ser postergadas en vista de que la súbita suspensión de la circulación monetaria del billete de 100 bolívares en un plazo irrealizable y en plena Navidad, provocó graves disturbios y saqueos en varias regiones del país, en especial en Ciudad Bolívar.
El robo descarado de los productos de la empresa Kreisel, fabricante e importadora de juguetes, para después repartirlos en las humillantes bolsas de CLAP, la forzada reducción en 70% de los precios de mercancías como ropa infantil de lujo de EPK o de comerciantes de Caracas, hacen aflorar la bajeza e inconciencia inmediatistas de gente que se deshumaniza y masivamente, sin que por eso resuelva sus necesidades básicas, pretende lucrarse con las “gangas” de las empresas víctimas. Gobierno delincuente, que a diario violenta impúdicamente la Constitución y salta por encima de las leyes, camuflado tras una supuesta justicia social que no es más que farsa siniestra denominada poder popular, pretende ejercer un modelo de dominación total y sometimiento forzoso no importa a qué precio, para no perder la impunidad y para perpetuarse en sus privilegios so pretexto de imponer el socialismo del siglo XXI. Con pasmosa frialdad y despiadadamente, viola derechos humanos de opositores, los persigue y encarcela arbitrariamente y fuerza a la gente a comportamientos de sobrevivencia incluso primitivos. La vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos es martirizada cada día peor. Condiciones infrahumanas, coacción por hambre y carencias esenciales, la gente renuncia a luchar, se acostumbra resignadamente a su suerte fatal. ¿Hasta cuándo?

Leer más...

LAS RELACIONES DEL CHAVISMO CON TRUMP Y PUTIN: UNA INCÓGNITA


 
    Emilio Nouel V


“El futuro inmediato responde a carambolas, a estímulos convulsivos, sin

patrones ni pautas.(…)  Los análisis convencionales no sirven y los

vaticinios deductivos se han vuelto pensamiento ilusorio, wishful thinking:

bagatelas”


Ignacio Camacho


No poca tinta se ha vertido acerca de las ínfulas de Vladimir Putin de colocar a su país en el sitial que tuvo la Unión Soviética en otros tiempos. Es harto conocida su lamentación acerca de la caída de la URSS: “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.
La política de Putin está orientada a recuperar la presencia e influencia internacional de su pais. La restauración del orgullo imperial de la ‘Gran madre Rusia’ ha sido el objetivo.

Aunque Rusia no conserva el ímpetu y la fuerza decisiva de que dispuso su antecesora y las circunstancias no son las mismas, ese país, por su tamaño, significación geopolítica, recursos y relativo poder militar, es un actor a considerar en el mundo de las relaciones internacionales presentes, aunque tampoco habría que exagerarlo.

El que fue su contendor después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU, a pesar de que mantiene un poder económico, tecnológico y militar casi indiscutible, hoy no goza del mismo poder omnímodo que tuvo. 
La potencia más grande de nuestro hemisferio y del mundo, “la sociedad punta de nuestro tiempo” (Vargas Llosa dixit), a ratos se repliega sobre sí misma, o bien por causa de sus problemas particulares, para atender otras prioridades (Irán, Siria, Israel, Ucrania), por pérdida de poder global o porque que se siente impugnada por algunos actores. El “hiperpoder” de otros tiempos ya no existe, ha mermado, es discutido y hasta ignorado, incluso por micropoderes que derivan su influencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, como lo ha bien subrayado Moisés Naim.
Estamos ante una redistribución mayor del poder mundial en la que otros actores cobran mayor incidencia y peso, los que no disponiendo de capacidad para imponer su perspectiva, sin embargo, pueden obstaculizar las iniciativas de otros, incluso de los más grandes.
La disminución del poder internacional de EEUU, se ha atribuido a que no existe la misma confianza de sus aliados tradicionales en su liderazgo, y a que sectores importantes de su población desea un rol global menos activo.

En la actualidad, mucho se debate sobre un “mundo sin orden”, “un mundo salido de eje” o de la “era del desorden”, en el que grandes potencias hegemónicas, han perdido poder o no desean asumir el papel de garantizar la gobernanza global.

Richard N. Haass ha señalado que estamos ante la desintegración del orden de la posguerra fría y un mundo menos pacífico, menos próspero y menos capaz de resolver los desafíos de la guerra.
Kissinger, en su último libro, World Order, llama la atención sobre la idea de que han surgido concepciones opuestas a un orden basado en reglas establecidas en los tratados internacionales, siendo el caos una amenaza en todos partes, en un entorno de interdependencia nunca antes visto.

Estas nuevas e inquietantes realidades mundiales en las que el poder está más repartido entre un mayor número de actores, nos indican que quizás estemos viviendo un cambio de época, que trae consigo desafíos desconocidos.

Es bajo esta nueva situación mundial en que Rusia se hace muy activa en Latinoamérica, que el gobierno chavista, desde sus primeros años, inició un cambio estratégico en las prioridades internacionales de nuestro país. 

Así, los tradicionales y principales socios son puestos de lado y/o colocados al mismo nivel que los nuevos, y entre éstos, está la Rusia de Putin.
Los acontecimientos políticos de los años 2001 y siguientes en Venezuela profundizarán esa nueva relación preferencial, que se convertirá en una “asociación estratégica”. Alrededor de más de 50 acuerdos y contratos se han suscrito entre ambos países. Chávez visitó Rusia 9 veces, y Maduro algunas. Han sido muy intensas las reuniones y visitas mutuas entre los dos gobiernos. Resaltan los contratos y créditos sobre armamentos (12 mil millones de dólares). Las empresas del sector energético: Rosneft, Gazprom, TNK-BP, Surgutneftegaz, y la privada Lukoil, están presentes en desarrollos en la Faja Petrolífera del Orinoco y otros sitios. Venezuela es el segundo socio comercial de Rusia en la región.
El embajador ruso, V. Zaemsky, en 2015 declaró: “tenemos unas excelentes relaciones políticas, una coincidencia en las posiciones internacionales (…) hemos tenido una base muy sólida en las relaciones económicas”.
Y en efecto, hoy existen importantes afinidades en políticas entre los dos países. Tienen visiones coincidentes, sobre todo, de cara a poderes como EEUU o la Unión Europea.

Para Rusia, las orientaciones en política internacional del gobierno venezolano convergen con el deseo de su dirigencia de erigirse en una superpotencia global que desafíe la influencia a los demás poderes mundiales. De este modo, Venezuela se convierte en una ‘cabeza de playa’ en América Latina y el hemisferio.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, cabe preguntarse la relación que tendrán EEUU y Rusia. Las carantoñas entre Putin y Trump han dado mucho de qué hablar. Los poderes institucionales y fácticos de EEUU ¿qué posición asumirán frente a este “coqueteo”?  ¿Cómo queda Venezuela en esta eventual entente? ¿Y Cuba, tan cercana al despotismo venezolano?
El supuesto aislacionismo de Trump ¿permitirá que Rusia se instale cómodamente en América Latina?
Y la China, ya entronizada con armas y bagajes en nuestra región hace varios años ¿Qué pito tocará en todo este desconcierto?
Para pitonisos quedan los pronósticos. Teorías y paradigmas de pensamiento se están mostrando incapaces para avizorar hacia dónde va el mundo, y con mayor razón, si quienes tienen la sartén por el mango, son tan impredecibles como el señor Trump y otros.
¿Qué pasará en una Venezuela metida en entorno tan enmarañado?   ¿Importa Venezuela a Trump y Putin? ¿se pondrán de acuerdo sobre el destino de nuestro país? ¿Podremos sustraernos de esa "lógica" de las potencias y resolver nuestros problemas internamente? 


Leer más...

Sobrevivir a los malos gobernantes

DANIEL INNERARITY

La democracia está para que cualquiera pueda gobernarnos. Lo que importa son los procedimientos y las reglas: lo que impidió a Obama aplicar su ambicioso programa de salud puede ahora dificultar a Trump el cumplimiento de sus promesas (o amenazas)


Dos investigadores británicos, Robert Geyer y Samir Rihani, propusieron un experimento mental para que cayéramos en la cuenta de que los sistemas inteligentes son más importantes que las personas inteligentes: ¿qué pasaría si los gobernadores del Banco de Inglaterra fueran sustituidos por una habitación llena de monos? Si uno tuviera que responder rápidamente a esta pregunta, la intuición inmediata le llevaría a asegurar que la economía británica colapsaría. Ahora bien, a nada que hayamos podido reflexionar un poco y superar el automatismo de la reacción, la respuesta sería muy diferente: el gobierno de los monos pondría de manifiesto hasta qué punto estamos gobernados más por sistemas que por personas, con equilibrios, contrapesos y correcciones automáticas, por lo que los monos no harían tanto daño como podría suponerse.
La pregunta que en estos momentos todo el mundo se hace acerca de lo que puede suponer un gobierno de Trump para los Estados Unidos y el mundo en su conjunto es si el sistema político americano es capaz de resistir a un presidente así o se plegará finalmente a los dictados de quien temporalmente lo dirige (y la referencia a los monos es pura casualidad sin malicia alguna, pues también podía haber puesto como ejemplo a Rajoy, May, Le Pen, Grillo, Orban o Erdogan). Las respuestas a esta pregunta son muy variadas, pero se agrupan en dos tipos. Quienes tienen una visión más bien individualista de la política son en este caso pesimistas; quienes la conciben sistémicamente tienden a ser optimistas. Es curioso que los límites del poder sean ahora un motivo de esperanza, cuando en otros momentos habían simbolizado más bien nuestra desesperación. No deja de ser una paradoja el hecho de que estemos depositando todas nuestras esperanzas en que eso que hemos llamado últimamente y con gesto despectivo “la casta” (los altos funcionarios, los expertos, militares, empresarios o el propio Partido Republicano) sean un poder que limite efectivamente el de su presidente.
El experimento mental propuesto por los profesores británicos es interesante porque en el automatismo de nuestras respuestas iniciales se pone de manifiesto hasta qué punto somos deudores de un modo de pensar centrado en los individuos y los líderes, en el corto plazo y en la falta de atención a las condiciones sistémicas en las que tienen lugar nuestras acciones. Seguimos pensando que el gobierno es una acción heroica de las personas en vez de entender que se trata de configurar sistemas inteligentes. Es una prueba de eso que Luhmann llamaba “la huida hacia el sujeto”, cuando la acción política se degrada a una competición entre personas, sus programas, sus buenas (o malas) intenciones o su ejemplaridad moral; por eso hablamos de liderazgo con unas connotaciones tan personalizadas, la atención pública se interesa principalmente de las cualidades personales de quienes nos gobiernan, nos preocupa más descubrir a los culpables que reparar los malos diseños estructurales…
La renovación de nuestros sistemas políticos debe ser abordada de otra manera. Nos jugamos demasiado como para confiarlo todo a que nuestros gobernantes sean competentes y buenas personas; no podemos jugar a la ruleta rusa de que estos sean ejemplares y tengan propiedades extraordinarias. La democracia está para que cualquiera pueda gobernarnos, lo que implica que nuestro esfuerzo se dirija hacia los procedimientos y reglas a los que nuestros dirigentes tienen que atenerse, y no tanto al casting político.
No diseñemos nuestras instituciones y sus eventuales reformas pensando en seleccionar a los mejores y facilitar su acción de gobierno, sino en impedir que los malos hagan demasiado daño, aunque ocasionalmente esas mismas instituciones dificulten a los buenos sacar adelante todos sus proyectos. La democracia es un sistema diseñado más para impedir que para facilitar, un sistema que prohíbe, equilibra, limita y protege. Esta circunstancia que impidió a Obama llevar a cabo un ambicioso programa de salud, podría ser lo que dificulte a Trump el cumplimiento de sus promesas (o amenazas).
Todo lo que sea poner el foco en los individuos para designar los problemas que tenemos —la teoría de que lo importante es el ser humano, sea desde la perspectiva de las características personales del líder o de las motivaciones del votante individual en clave de rational choice— lleva consigo una infravaloración de las propiedades sistémicas de la sociedad. Los principales problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad tienen el carácter de problemas planteados por un sistema interdependiente y concatenado ante los cuales son ciegos sus componentes individuales: insostenibilidad, riesgos financieros y, en general, aquellos que están provocados por una larga cadena de comportamientos individuales que pueden no ser en sí mismos malos, pero sí lo es su desordenada agregación. De ahí que no se trate tanto de modificar los comportamientos individuales como de configurar adecuadamente su interacción y esa es precisamente la tarea que podemos designar como inteligencia colectiva. Se gana mucho más mejorando los procedimientos que mejorando a las personas que los dirigen. No deberíamos esperar tanto de las virtudes de quienes componen un sistema ni temer mucho de sus vicios; lo que realmente deberían inquietarnos es si su interconexión está bien organizada, cómo son las reglas, los procesos y las estructuras que configuran esa interdependencia.
Las sociedades están bien gobernadas cuando lo están por sistemas en los que se sintetiza una inteligencia colectiva (reglas, normas y procedimientos) y no cuando tienen a la cabeza personas especialmente dotadas o ejemplares. Podríamos prescindir de las personas inteligentes pero no de los sistemas inteligentes; es lo que se suele decir de otra manera: una sociedad está bien gobernada cuando resiste el paso de malos gobernantes.
Estos doscientos años de democracia han configurado precisamente una constelación institucional en la que un conjunto de experiencias han cristalizado en estructuras, procesos y reglas (especialmente las constituciones) que proporcionan a la democracia un alto grado de inteligencia sistémica, una inteligencia que no está en las personas sino en los componentes constitutivos del sistema. De alguna manera esto hace al sistema democrático independiente de las personas concretas que actúan e incluso de quienes lo dirigen, resistente frente a los fallos y debilidades de los actores individuales. Por eso la democracia tiene que ser pensada como algo que funciona con el votante y el político medio; únicamente sobrevive si la propia inteligencia del sistema compensa la mediocridad de los actores, incluido el eventual paso de unos monos por el gobierno.

Leer más...
DUDAMEL

IBSEN MARTINEZ

Por largo tiempo sesionó en Caracas, en los años setenta del siglo pasado, una peña de melómanos a quienes unía un sectario fervor por el ya para entonces desaparecido director de orquesta alemán Wilhelm Furtwängler. Se reunían regularmente en casa de alguno de los frates y sorores de la secta a escuchar raras selecciones de la vastísima discografía del gran maestro beethoveniano. Las más celebradas eran aquellas grabadas antes o durante la Segunda Guerra Mundial en la Alemania nazi.
No se crea, sin embargo, que los miembros de aquel club eran criptonazis latinoamericanos. En absoluto: eran todos gente de ideas en extremo liberales a quienes el presunto (y todavía bastante debatible) pasado nazista de Furtwängler tenía por completo sin cuidado. Les interesaba mucho más dar con una copia de, pongamos, el concierto en Re menor, op. 61 de Beethoven, grabado por la Filarmónica de Berlín con Eric Rohm como solista y dirigida por el egregio, insuperable Furtwängler, en enero de 1944.
Fui invitado unas cuantas veces a esas veladas a las que dejé de ir porque el ritual y la unción con que escuchaban aquellas crepitantes grabaciones de preguerra me resultaban ridículos.
Uno de los fundadores de la secta, hombre acaudalado de quien se decía que no podría reconocer el la en un pentagrama, se las apañó en más de una ocasión para patrocinar presentaciones privadas de alguna agrupación sinfónica local a cambio de subir al podio, batuta en mano, transfigurarse en una mímesis caribeña de Furtwängler y dirigir la obertura de Fidelio. Aún hoy me pregunto qué pensarían de aquel enajenado los músicos de la orquesta.
En cuanto a Herbert von Karajan, de quien sí consta su nazismo (llegó a prologar muchos de sus conciertos con el Horst Wessel Lied, himno del partido nazi, en versión orquestal), aquellos adeptos de Furtwängler se referían a él como si de un mediocre intérprete de perico ripiao dominicano se tratase. Les importaba un bledo si Von Karajan había sido o no miembro de las SS. Al lado de su admirado Furtwängler, Von Karajan se les antojaba un musicastro de aldea, y sanseacabó. En ese juicio, desde luego, ningún melómano que se precie de serlo podría acompañarlos.
He recordado a la peña de los furtwänglerianos caraqueños escuchando el concierto de Año Nuevo que en Viena condujo, días atrás, el controvertido director venezolano Gustavo Dudamel.
Estoy seguro de que, de haber escuchado la versión de la Sinfonía Fantástica de Berlioz que, en 2008 (acaso uno de sus mejores años, hasta ahora), grabó Dudamel para Deutsche Grammophon con la Filarmónica de Los Ángeles, de la que es director titular, también les habría importado un bledo que el joven poster boy del llamado Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela fuese o no chavista en lo profundo de su ser. Me apresuro a decir que a mí tampoco, y que suscribo todos los elogios que, por citar solo una opinión autorizada, Kurt Masur (uno de mis favoritos desde mucho antes de dejar Masur la Gewandhaus de Leipzig) derramó cuando escuchó por vez primera dirigir a Dudamel.
Sin embargo, como tantos demócratas compatriotas suyos, melómanos o no, su figura suscita en mí una abominación que no emana de su persona, ni de su desempeño en el podio, sino de esa estafa continuada, esa colosal superchería populista, emanación del corrupto petroestado venezolano que desde largo tiempo antes de Chávez se conoce como El Sistema.
Confío en poder ventilarla en el curso de este 2017 que a todos deseo trate mejor que el año pasado.
¿Qué tal la semana que viene?


Leer más...

lunes, 2 de enero de 2017

KRAUZE: "EL HORROR CHAVISTA QUE DESCUBRIREMOS NO TENDRÁ PRECEDENTES"


Entrevista al escritor mexicano Enrique Krauze: «Haber ungido a Nicolás Maduro, que es de unas limitaciones abismales, fue uno de los mayores errores cometidos por Hugo Chávez»

EMILI J.  BLASCO

ABC

                                         Resultado de imagen para enrique krauze

El escritor mexicano Enrique Krauze ha reeditado en España su libro «El poder y el delirio» (Tusquets), que en su día ya fue una alerta sobre la entraña autoritaria del chavismo. Muchas de las cosas que anticipaba las estamos viendo ahora. Con todo, Krauze avisa que aún no se ha revelado por completo el verdadero rostro del régimen creado por Hugo Chávez. Asegura que el «horror» que descubriremos con el tiempo «no tendrá precedentes». Krauze se felicita de que España esté saliendo de la amenaza populista que significaba un Podemos fuerte.
Usted anunciaba en 2008, cuando publicó la primera edición de su libro, que cada vez se vería más el verdadero rostro del chavismo. Y hoy estamos viendo narcotráfico, corrupción, denuncias de vulneración de derechos…
Como mexicano fui a ver el fenómeno de Venezuela, no por una curiosidad de científico, sino por una preocupación profunda. Allí vi el germen de un tipo de dominación política que podía extenderse y hacer un inmenso daño. Pero yo diría que el verdadero rostro aún no lo conocemos y va a tardar en revelarse. El horror que iremos descubriendo no tendrá precedentes, por el grado de corrupción, de descomposición, de destrucción de fuentes económicas, como PDVSA, y sobre todo de destrucción del tejido social y moral del pueblo venezolano. Aún así pienso que se podrá reconstruir, con mucho dolor.
¿Habría colapsado Venezuela igualmente con Hugo Chávez en el poder?
Habría sido igual, desde luego. Chávez se creía prácticamente un dios, pero no habría podido impedir el derrumbe de los precios del petróleo. De todos modos, dentro de su delirio, Chávez tenía elementos de racionalidad y cierto sentido de los límites. Pueden decirse muchas cosas de él, pero no que le faltara inteligencia política. A Maduro, en cambio, le falta inteligencia política, moral y emocional. Maduro es de unas limitaciones abismales. Haberle ungido como sucesor es uno de los mayores errores de Chávez.
¿Cabe un chavismo sin Chávez?
El chavismo se está disolviendo ya, aunque no lo está haciendo de forma súbita, sino paulatina. Yo espero que más temprano que tarde Leopoldo López salga de la cárcel y que él aglutine a la oposición de una manera inteligente. Si ya perdieron los venezolanos tantos años, sería bueno que en un periodo razonable, a través de pasos legales, puedan ir acortando el Gobierno de Maduro.
Bajan los precios del petróleo y de las materias primas, con lo que muchos gobiernos de la región no tendrán los ingresos que antes utilizaban para hacer de «repartidores».
Evidentemente el ascenso de la demagogia en el poder que hemos visto en América Latina en los primeros quince años del siglo XXI tiene que ver con ese hecho de que el precio del petróleo y de las materias primas estaban en un altísimo nivel. El pueblo argentino parece haberse dado cuenta de que tiene que cambiar de rumbo y abrir los ojos a la realidad. Solo espero que también entienda que eso requerirá ajustes, en ocasiones dolorosos, porque la realidad duele.
¿Ha sido una década perdida para muchos países de Latinoamérica?
No solo eso; ha sido una década de retroceso, porque muchas mentes y muchos corazones han sido conquistados por esa idea de que se puede vivir sin trabajar y por las otras muchas promesas del populismo y la demagogia. Es difícil convencer al votante que tiene esas convicciones. La única forma es el tremendo golpe de la realidad. En Argentina ha ocurrido y ya está ocurriendo también en Venezuela.
Su libro reaparece en España con una introducción especial en la que se alerta del riesgo del populismo, probablemente pensando en Podemos.
Cuando escribí ese prólogo tenía en mente la presencia muy potente de Podemos. Recordemos que hace un año e incluso menos las encuestas colocaban a Podemos y a su líder en una posición de mayor penetración que la que tiene ahora. Creo que de cualquier manera ese prólogo puede servir como advertencia. Porque después de todo, Podemos estaba ligado al chavismo y no ha dado una explicación convincente de por qué estaba estaba ligado como estuvo orgánicamente al chavismo y cuáles son abiertamente sus críticas al gobierno de Maduro. Yo creo que es una advertencia de que España no debe contraer en ningún caso lo que yo llamo un virus político latinoamericano, un virus que es letal y destructivo.
¿Hay espacio en España para lo que usted llama el «virus de la antipolítica»?
La antipolítica es dejar de creer en el voto, en las instituciones, en los debates, en lo que dicen los periódicos… Y eso en España no sucede. Yo visito España con frecuencia y creo que su vida política está activa. En ocasiones es crispada, pero eso forma parte de la democracia. Los españoles siguen construyendo un orden democrático. La forma de combatir la corrupción vergonzosa en la que incurrieron muchos políticos es a través de las instituciones judiciales, que por fortuna en España vemos que están funcionando. Ya quisiéramos en América Latina tener el régimen jurídico que tiene España.

Leer más...

domingo, 1 de enero de 2017

En 2017, por más democracia y más derechos

                                LUIS ALMAGRO

La defensa de principios y valores fundamentales hace que la incertidumbre nunca puede ser un signo de los tiempos para la OEA, debemos saber en toda coyuntura política, económica y social lo que debemos hacer.
Nuestras declaraciones, Convenciones, la Carta Democrática, están construidas para generar sociedades más justas, y sistemas políticos más funcionales, con una lógica que se apoya en los derechos de la gente.
No podemos dudar respecto a qué debemos hacer porque de nuestra acción depende: elegir a quienes nos gobiernan, hacerlos responsables por sus inconductas y dar marco a un gobierno del pueblo para el pueblo. Y la sola racionalidad de los Gobiernos es asegurar la felicidad y libertad del pueblo.
Estos principios que son el fundamento mismo de la obra "Derechos del Hombre" de 1791, aún hoy, no son conquistas definitivas, aún hoy debemos luchar contra la incertidumbre, esa sensación de que es poco lo que se puede controlar y que las circunstancias mandan, y lamentablemente es así como comienzan todos los presagios de cómo será el 2017.
Y si bien es cierto que estamos viviendo tiempos de incertidumbres económicas, tecnológicas, sociales y políticas, no es menos cierto que el futuro se construye con nuestra acción.
Por eso, para mí, 2017 será un año clave en la vigencia de los principios democráticos que hacen de las Américas un continente de paz, donde la democracia es nuestro estilo de vida, donde los derechos de la gente deben estar siempre primero. No podemos permitir que la discriminación prevalezca, en ningún sentido. No podemos permitir que ningún discurso de odio se instale en nuestras sociedades como patrón de conducta. Ningún derecho puede quedar por el camino a la hora de construir el bienestar del pueblo.
Eso vale para cada mujer en nuestro continente, que puede confiar en que tiene en la OEA la herramienta esencial para asegurar sus derechos y conquistar nuevos, los fundamentales, los que las rescaten de los patrones de pobreza estructural y violencia, de la muerte por no acceder a derechos de salud, de su marginalización de los sistemas educativos.
Y ello vale para los pobres cuyos derechos son conculcados cuando luchan contra las causas de su pobreza. Vale para la comunidad LGTBIQ, víctima de violencia y estigmatización. Para cada indígena, cada afrodescendiente, cada mestizo y mulato empujado hacia la periferia de los derechos cuando deben ser el centro mismo de cualquier política de soluciones sociales.
Vale para cada migrante que tenga sus derechos cuestionados, como si pudiera haber un sistema de castas ciudadanas a la hora del ejercicio de los derechos. Todos deben ser el centro de nuestra atención y nuestro trabajo. Los principales antídotos contra estos venenos son democracia, democratización y estado de derecho.
Cuando las sociedades sienten que se encuentran en un punto de inflexión, en parte producto de los cambios políticos que se han venido operando, donde las tendencias anti-globalización han ganado espacio y se plantean reacomodar la ecuación internacional a nuevas visiones de interés nacional y general, la OEA deberá ser un eje de afirmación de los principios y valores democráticos esenciales, que todos los países han acordado y que deben estar vigentes día a día.
Tolerancia Cero a la corrupción y castigo a los culpables, defensa y promoción de los derechos humanos, defensa y fiscalización de que la democracia realmente funcione y no sea una fachada para un ejercicio infame del poder. Por ello, bregamos por elecciones libres y con derechos para todos, la independencia de los poderes del Estado, la más irrestricta libertad de expresión y prensa.
El pluralismo de ideas y el respeto a la disidencia son valores a los que no podemos renunciar, por el contrario son los valores que nos hacen diferentes frente al mundo, son los valores que nos caracterizan como americanos, seamos del Sur, del Norte, del Centro o del Caribe. Cualquiera que los corrompa es enemigo de la democracia y no podemos permitir que el silencio se transforme en cómplice de malas prácticas.
La democracia es el instrumento esencial para el desarrollo de nuestros países, ejemplos recientes nos muestran cómo el debilitamiento de las instituciones, la falta de sujeción al estado de derecho, el desconocimiento de poderes del Estado, la cooptación de la justicia, el deterioro de los derechos civiles y políticos tienen una incidencia absoluta en el bienestar y la seguridad de los pueblos.
Los remedios están todos en nuestra Carta Democrática Interamericana, aquello que debemos cumplir y respetar para que 2017 sea un año de reafirmación de derechos y principios en las Américas. Un camino que debemos recorrer todos juntos, un futuro que debemos construir entre todos.
Todos pueden estar seguros que, si algunos se cansan, la OEA continuara sin tregua; si algunos abandonan esta lucha, la OEA la seguirá; y si algunos callan, la OEA alzará aún más su voz.
Luis Almagro es el Secretario General de la Organizacion de Estados Americanos (OEA). Twitter: @Almagro_OEA2015

Leer más...