miércoles, 4 de agosto de 2021

 RECUPERAR EL RUMBO

        MARTA DE LA VEGA


TALCUAL


Es muy lamentable conocer la muerte del rector de la Universidad Simón Bolívar, Dr. Enrique Planchart. Fue un pionero en la enseñanza de las matemáticas y en la promoción de su estudio y desarrollo entre los niños y jóvenes venezolanos, mediante los concursos impulsados desde el Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (Cenamec), que dirigió por diez años entre 1989 y 1999. También propuso junto con otros colegas y dirigió en la universidad en 2000, el Programa PIO, Programa de Igualdad de Oportunidades, para favorecer entre los estudiantes socioeconómicamente menos aventajados de último año de bachillerato de liceos públicos, la oportunidad de fortalecer su formación académica para acceder en mejores condiciones a la educación superior.

Fue un recio luchador por la excelencia académica, por el respeto al espíritu crítico y libertario, por la integridad intelectual y moral de los integrantes de la comunidad universitaria y un defensor de los mejores valores democráticos y la autonomía de la Universidad Simón Bolívar, de la cual me honro en ser parte, al igual que su viuda, Isbelia Martín, física teórica y luchadora por el rescate de los principios fundadores de nuestra universidad.

Aunque el profesor Planchart tenía quebrantos de salud y había superado una grave lesión a costa de la sonoridad completa de su voz, nunca dejó de ejercer plenamente sus funciones como profesor titular, miembro de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, hasta que el desgaste que sin duda produjeron los forzados años de rectorado más allá del tiempo legal de su mandato, de cuatro años, lo obligaron a ausentarse desde fines de 2019. Sucumbió, no por la edad, sino por la manipulada intromisión del régimen inicuo, que impidió realizar elecciones para renovar autoridades por una sentencia emitida en 2013 por la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, como consecuencia del recurso contencioso electoral interpuesto ante dicha sala por una representación del personal administrativo, obrero y estudiantil de la USB.

También nuestras universidades necesitan recuperar el rumbo. Esta institución ha sufrido del deterioro y de la mayor crisis de la historia del país. La reconstrucción implica que quienes la integramos, alumnos, egresados, profesores, personal administrativo, técnico y obreros, aportemos desde ya nuestros esfuerzos para no dejarlo para el día después, como destacaba el rector Planchart en una de sus intervenciones de 2019. Tenemos claro que es imperativo no solo para el país cambiar la ruta, que va hacia un callejón sin salida, sino para todas las instituciones que sustentan el tejido social, hoy tan desgarrado.

Nuestra bitácora: recuperar el espíritu de cuerpo y de pertenencia; los valores de sentido del logro, superación, aspiración a la excelencia, honestidad intelectual, probidad en nuestras acciones y autoexigencia, en lugar de complacencia con el facilismo, el pragmatismo vacío de valores, el oportunismo, la corrupción y el fraude, que conducen a la anomia moral, al «todo vale» y el «sálvese quien pueda». Esta no es una arandela de buenos deseos sino una brújula.

Estas metas valen igualmente para el país y sus ciudadanos. La unidad, tan evocada y estratégicamente ignorada, es la primera condición. Unidad de objetivos y de propósitos, más allá de las intenciones particulares. La segunda, la negociación, no como medio para ganar tiempo el grupo dominante sino para establecer las condiciones irreductibles, con amenazas creíbles para presionar la salida de Maduro y su séquito, ya que sabemos que la camarilla dominante de las instituciones nacionales del poder público no va a abandonar voluntariamente sus privilegios ni el control social destructor y excluyente, pese a las promesas y retórica de inclusión.

Solo en este contexto, la exigencia de elecciones, no solo regionales y locales sino presidenciales, con cumplimiento riguroso de los parámetros internacionales de transparencia y universalidad, así como respeto, sin excepciones, a los derechos humanos, puede asegurar que nuestro voto elija. Mientras tanto, no hay condiciones que rompan el círculo vicioso de esta voluntad perversa de dominación, con migajas de poder para que nada cambie sino para ahondar el malestar cotidiano, cada vez más resignado y sin esperanza.

Marta De La Vega es Investigadora en las áreas de filosofía política, estética, historia. Profesora en UCAB y USB.

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