sábado, 28 de abril de 2018

¿Y si toda América Latina fuera como Cuba?


FRANCISCO MARTIN MORENO

EL PAIS

"Los que nos han acusado de comunistas no han hecho más que inventar el pretexto, inventar la mentira con que tratan de combatir todo movimiento que lucha por la verdadera democracia".
Fidel Castro, en Sierra Maestra 
¿Qué hubiera sido de América Latina si un par de tiranos como los hermanos Castro se hubieran apoderado por la vía de las armas, a lo largo de 60 años, de la dirección de todos y cada uno de los países latinoamericanos? La dictadura cubana centraliza la inmensa mayoría de las actividades económicas. Emplea al 75% de la fuerza de trabajo en el Gobierno, en el entendido de que los salarios burocráticos equivalen a 25 dólares mensuales (el salario mínimo en Venezuela solo alcanza para comprar un cartón de huevos al mes, si es que lo encuentran en los mercados). Muchas familias subsisten penosamente con las remesas enviadas por los exiliados desde Estados Unidos o Europa. ¿Cómo deshacer el complejo sistema de dos monedas que circulan en Cuba, ya que las mayorías pagan sus escasos bienes con pesos convertibles y reciben sus salarios con pesos cubanos?
¿Quién se atreve a desobedecer a Raúl Castro o a Miguel Díaz-Canel, su sucesor, el nuevo dictador llamado a continuar los horrores del castrismo? Miles de profesionales calificados abandonan anualmente la isla. Va quedando, con el paso del tiempo, una población de ancianos que implica nuevos desafíos sociales y más cargas financieras para una economía paupérrima. Cuba continúa padeciendo la rigidez involucionista de un partido único con un fuerte control sobre las organizaciones populares. Los grupos disidentes son calificados como “mercenarios” al servicio de Estados Unidos o de Europa para destruir la revolución. ¿La revolución…? (En la URSS recluían a los opositores en manicomios.) ¿Quién desea una revolución como la cubana cuando los precios no corresponden a los salarios? Con 500 pesos, aproximadamente unos 20 dólares, resulta imposible comer, vestirse y vivir con la mínima dignidad. Imposible olvidar los patéticos episodios de los balseros de los años noventa, cuando los cubanos se lanzaban al mar en busca de la península de Florida con el peligro de perecer devorados por los tiburones caribeños, antes de seguir padeciendo los horrores del “paraíso” castrista. Sin embargo, inexplicablemente Raúl permitió la salida de cubanos sin permiso y les autorizó permanecer dos años fuera de la isla sin perder su seguridad social ni sus “derechos civiles” (¿cuáles?), con tal, claro está, de evitar la exposición de la dictadura a los ojos del mundo libre y, eso sí, de recibir millones de dólares de los exiliados para mantenerse en el poder.
La economía planificada se derrumbó junto con la Cortina de Hierro a finales del siglo XX. Resulta imperativo cancelar el dirigismo y liberar a las fuerzas productivas. El Gobierno cubano decide qué se debe producir y a qué precio debe venderse. Impone los tipos de oficio a los que debe someterse la población por cuenta propia, sobre la base de que no pueden acumular riqueza ni invertir ni prosperar porque competirían con los servicios prestados solo por el Estado. Alegan que se crearía desigualdad económica y esta desigualdad los convertiría en sujetos peligros, de modo que sería imposible evolucionar.
¿Cómo imaginar a una América Latina sepultada en el atraso, sin libertad de expresión ni de pensamiento ni de cátedra ni de libre tránsito ni de empleo, una región sin libertad de asociación ni garantías individuales —sin las cuales cualquiera puede ser privado de la libertad y de sus bienes sin mediar un mandamiento escrito de la autoridad—? Castro mandó a asesinar, perseguir, desaparecer, mutilar y torturar; mandó a espiar y fusilar tras juicios sumarios sin posibilidades de defensa a quien se negara a aceptar la adopción de una nueva dictadura, esta vez de izquierda, igual de aborrecible que las de derecha.
Hoy en día el comunismo que siempre se impuso con las armas, ha dejado de ser una amenaza política que ha sido sustituida por el populismo. Los populistas son los nuevos enemigos a vencer sin perder de vista que, como bien decía Mencken, son personas que predican ideas que saben falsas entre personas que saben idiotas…

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