martes, 19 de febrero de 2019

ESCENARIOS DEL 23F


CARLOS CANACHE MATA


   Todo el mundo está pendiente de lo que pasará el próximo sábado 23 de  febrero en los puntos de acceso fronterizo, especialmente en Cúcuta, de la ayuda humanitaria proveniente del exterior. La dictadura de Maduro, de tambaleante sobrevivencia, estará sometida a una difícil y riesgosa prueba. Se han dibujado, ante la prohibición gubernamental del ingreso de la ayuda, varios escenarios y conjeturas.

   Si se mantiene la prohibición y se ejecuta, el repudio y la reacción nacional e internacional  aumentarán exponencialmente ante la derivación de consecuencias letales en las áreas alimentaria y de asistencia médica. No mermará, por desgaste y cansancio, el rechazo interno, y  nuevas sanciones aparecerían en el horizonte.

 Si a última hora se autorizara el ingreso, después de ser obstinadamente negado, habría que concluir que la dictadura queda debilitada al revertir una decisión que se consideraba inamovible, dada la posiición oficial de no admitir que hay una emergencia humanitaria. Y lo que es peor, pudiera ocurrir que se deje pasar la ayuda, no por un arrepentimiento tardío en lo alto del poder, sino porque los militares desplazados  a los puntos fronterizos no acataron las órdenes recibidas. Esto evidenciaría que no se especula cuando se comenta que hay descontento en los mandos medios y la tropa de la Fuerza Armada Nacional en relación con la posición adoptada por la cúpula militar que se arrodilla ante el usurpador de Miraflores, en ostensible incumplimiento del rol que le asigna la Constitución al estamento militar. El presidente (e) Juan Guaidó se ha referido insistentemente a este aspecto, con el convencimiento de que la dictadura de Nicolás Maduro ha encontrado en el sector militar su  único y último  sostén. En días pasados, el  legítimo presidente de Venezuela le declaró al periódico El Tiempo, de Colombia, lo siguiente: “”Les hemos expresado a los militares que no queremos que apoyen a un partido o bando político. Tampoco que se dividan y enfrenten. Queremos que acaten y hagan acatar la Constitución y la voluntad de los ciudadanos. Es inútil que los altos mandos se aferren a defender un modelo que ha fracasado y un régimen sin futuro”. Clarísimo.

   El cambio en la conducción del país, más que un asunto político, es una necesidad y una exigencia existencial. Una nación petrolera, como lo es Venezuela, no puede seguir con un régimen  en el que PDVSA  tiene sus cuentas  y activos bloqueados en el mercado de nuestro principal socio comercial; un régimen, como se recordó recientemente, que en los últimos cinco años registra la triste hazaña de una caída de más del 50% del PIB, “esto es un descenso que supera al de Estados Unidos durante la  Gran Depresión y al de España durante la Guerra Civil”; un régimen que, a causa de su gestión, según el último reporte de Encovi (Encuesta Nacional de Condiiciones de Vida), ha hecho el milagro al revés de llevar al 86% de la población a niveles de pobreza, y que, si llegare a encontrar un salvavidas, nos depararía, al cierre de este año 2019, una hiperinflación de 10.000.000% (diez millones por ciento), según el FMI; un régimen que ha hecho posible la diáspora de más de 4 millones de venezolanos y que asola a los que aquí nos hemos quedado con una crisis inmedible de los servicios públicos.

    Hay que cambiar de camino. El 23 de febrero podremos mostrar que estamos prestos para la nueva andadura.







  

  

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