domingo, 10 de febrero de 2019

ESPAÑA: EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA
ABC EDITORIAL
En defensa de la Constitución y las libertades que de ella emanan, de la unidad de España y de la soberanía nacional, los españoles están convocados hoy en la plaza de Colón para decirle a Pedro Sánchez que hasta aquí hemos llegado, que no están dispuestos a aguantar más humillaciones, que con España no se juega y que quien lo intente les tendrá siempre en frente. Sánchez se ha revelado como un fingidor compulsivo capaz de actuar solo por su interés. La gran paradoja es que, habiendo empezado la semana presentándose como un «resistente», pretenda dar ahora la falsa imagen de que no ha resistido la presión de la opinión pública y la indignación de su partido por el miedo a una debacle electoral. Sánchez no es creíble, se maneja al albur de las críticas o los elogios que recibe y no tiene el más mínimo sentido de Estado, ni institucional ni moral.
Por eso la concentración de hoy en Madrid, en defensa de la unidad de España y para exigirle elecciones, es un ejemplo de decencia democrática. Si Sánchez simula haber rectificado, es solo por miedo a perder La Moncloa y a una nueva rebelión en un PSOE harto de él, de su clara egolatría y de su insolvencia como gobernante. La concentración alentada por PP, Cs y Vox, entre otros partidos y organizaciones cívicas, no es una expresión delirante de un neofascismo instalado en España. Que la izquierda repita mil veces tal sandez no implica que se convierta en verdad. Cuando la izquierda se manifiesta siempre es en defensa de principios y valores democráticos limpios y justos. En cambio, cuando lo hace la derecha es con nostalgia represora para regresar a una caverna ideológica con el ánimo de crispar. Esa es la gran mentira de nuestra democracia, basada en el falso concepto de una superioridad moral que ha llevado a políticos como Sánchez a tal grado de relativismo que se hace imprescindible condenar en la calle su falta de patriotismo y su humillación ante la Generalitat.
Para preservar la higiene política y emocional de España, es una necesidad perentoria que Sánchez abandone el poder y convoque elecciones ya, primera promesa incumplida de un lustroso muestrario de embustes a los españoles. No solo ha convertido a esos españoles en rehenes de sus cesiones a un chantaje escandaloso, sino también a su propio partido. El PP, Cs y Vox solo cumplen con una obligación ética, exactamente igual que todos los ciudadanos que hoy se den cita en Madrid para reivindicar su españolidad con orgullo frente a quienes quieren arrancársela de cuajo fracturando la nación. Sánchez no ha sido valiente para plantar cara al independentismo, y ha creído que lo podía saciar y domar, como si en España la ciudadanía lo aceptara todo. Su burda estrategia de rectificación carece de crédito y si a su Gobierno le quedara un mínimo de dignidad después de ocho meses de cesiones vergonzantes tendría que renunciar en pleno y forzar a Sánchez a convocar elecciones. Sigue siendo, como sostuvo hace unos días ABC, una emergencia nacional.

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