miércoles, 29 de septiembre de 2010

Candidato único y gran derrotado

Iñaki Anasagasti / La Patilla

Acabo de llegar de Caracas. La compañía aérea Santa Bárbara nos tuvo cinco horas en el aeropuerto sin dar explicaciones. Está como el país. Un país al que no volvía desde las últimas elecciones legislativas. Una Caracas destrozada e irreconocible en suciedad e inseguridad. Pero dos cosas buenas en comparación a lo que vi hace cinco años.

La oposición se presentó unida, aunque Chávez jugará con la desigualdad de resultados. AD, 22 parlamentarios, Copei, seis, Primero Justicia, quince y hasta partidos que solo sacaron uno pero que hacían una suma de 62, algo impensable hace quince días, ya que se enfrentaban a un candidato único, Chávez, que no se presentaba, sino que como gallina clueca, protegía a sus pollitos. Y, la segunda, un sistema electrónico de votación cuestionado hace cinco años y hoy bastante garantista, incluso complicado en su manejo. Me asombró.

Y una preocupación. Los parlamentarios toman posesión el cinco de enero y Chávez ha anunciado va a legislar con esta Asamblea hasta el último día. Veremos que estropicio hace.

Y, como estoy cansado tras el viaje, reproduzco a continuación este comentario aparecido ayer, que es un buen resumen:

Derrotado Chávez

Cambiaron la ley electoral para ponerla a su servicio apelando al criterio menos representativo de la equidad de la voluntad popular; reinventaron nuevos circuitos a la medida de sus cálculos; usaron todo el poder del Estado para presionar a los electores; llegaron al desenfreno populista más siniestro desde cédulas para la subsistencia de hoy y hambre para mañana, hasta intentar transar neveras por conciencias; convirtieron una elección regional en un referendo presidencial; abusaron de los medios radioeléctricos de todos para sus mezquinos fines; pusieron de rodillas al CNE que violó flagrantemente sus propios reglamentos y hasta la Constitución para permitir el circo presidencial; sacaron sus matones para aterrar a los pacíficos ciudadanos… todo, lo hicieron todo para prostituir el acto fundamental de la democracia. Se jugaron los últimos residuos de dignidad cívica que les quedaba. Y perdieron. Perdieron más que una elección, perdieron la mayoría de los venezolanos y se frustraron sus grotescas apetencias sobre la composición de la Asamblea. Sobre todo quedó derrotado Chávez, candidato único y gran perdedor. Una Venezuela distinta, mayoritaria, una Asamblea plural, anuncia una irrefrenable caída de un largo decenio de autoritarismo, humillaciones y demolición de todos los ámbitos de su vida material y, sobre todo, moral y espiritual.

Este país que al fin se puso de pie y dijo basta, que acabó con oscuros fantasmas y espejismos crueles, que puso contra la pared un caudillo más de su dilemática historia, no debe caer en un triunfalismo ingenuo. Hay una lucha que no ha cesado, la bestia herida es en extremo peligrosa. Ya conocemos de su falta de escrúpulos y su vocación por el zarpazo y la trampa. Sin duda la primera tarea de ese país emergente es romper la polarización absurda de los ciudadanos, el imperio del odio, el discurso delirante, falaz y propiciador de la violencia, la corrupción sin límite y la segregación. Eso significa tenderle la mano a tantos venezolanos estafados, una vez más, por promesas demagógicas y hacer nuestras sus seculares esperanzas legítimas y sus derechos a la igualdad y el destino compartido. La unidad triunfante no puede sino extenderse a todos, abrir las puertas de los campos, trastocar la rapacidad por la fraternidad. Si algo podemos celebrar de esta jornada histórica es que hemos recuperado el sentido de nación, que no significa una ciudadanía etérea y falaz, sino una manera de tramitar sus contradicciones reales en paz, en el ágora dialogante, en el respeto al individuo, su libertad y pluralidad.

Hoy es veintisiete, ya no veintiséis, unas horas decisivas han pasado. La mañana de este lunes es más clara y luminosa, no permitamos que vuelvan las sombras. El Ávila, el Orinoco, los llanos, las playas de Oriente, las montañas andinas son ahora más nuestras.

Hagamos lo que debemos hacer.

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Iñaki Anasagasti nació en Cumaná (Estado Sucre, Venezuela). Es presidente de la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado español. Pertenece al Partido Nacionalista Vasco.

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