CANDIDATURA DE CHÁVEZ, OFERTA
ELECTORAL ENGAÑOSA
Emilio Nouel V.
Querer gobernar en cualquier país demanda del aspirante una
salud satisfactoria, unas capacidades físicas y mentales a toda prueba. Porque
no se trata de administrar una pequeña empresa, un negocio familiar poco
exigente.
De allí que no sea este tema un asunto personal que incumba a
un círculo reducido de individuos, sino a una nación entera.
Estamos hablando de llevar las riendas de un país, de
conducir el destino de millones de personas; de dirigir un vasto y variopinto
equipo profesional y gerencial, de diseñar y ejecutar políticas económicas y
sociales, de garantizar la seguridad del colectivo, y de representar con decoro
y tacto al país de cara al mundo exterior.
Una persona -hombre o mujer- enferma, débil, que no se pueda
valer por sí misma, no puede afrontar aquellas agotadoras tareas de gobierno,
sin que su ejecutoria no se vea afectada; esto sin dejar de indicar que puede
ser fácil presa del apetito de poder de allegados inescrupulosos que podrían aprovechar
las debilidades del gobernante apocado, en función de intereses políticos y
crematísticos bastardos.
Es por ello que en los países civilizados, a los candidatos
les exigen un examen médico previo que certifique que son aptos para el cargo de
elección popular que aspiran ejercer.
Los venezolanos estamos presenciando en la actualidad un
espectáculo inusual, más bien insólito. Tenemos un presidente fragilizado en
extremo por una grave enfermedad, cuyos signos de deterioro son evidentes, y que
para colmo está pretendiendo ser reelecto. Si a esto agregamos que se
desconocen los detalles de la dolencia, escondidos a propósito por un poder que
se niega a ser transparente y a conducirse adecuadamente en estas
circunstancias, el cuadro no puede ser más extravagante.
Esto lo están observando propios y extraños con perplejidad,
asombro y confusión. Porque esta situación sólo es concebible bajo las
tiranías, que, como sabemos, se caracterizan por la oscuridad de sus
actuaciones.
Nadie puede comprender cómo sus asesores y familiares no
hayan podido disuadirlo de tal despropósito. Cómo es posible que permitan
correr tal riesgo, que incluso podría agravarle su ya precaria salud. Esta
pregunta se la están haciendo hasta los que aún han pensado en votar por él, y empiezan
a dudar si hacerlo o no.
Si nos atenemos a la información que el propio presidente ha
dado y la que se ha podido conocer a través de los medios sobre el penoso padecimiento, sin duda, los venezolanos, tanto los que lo
apoyan como los que lo rechazamos, estamos siendo colocados frente a un
problema político de no poca monta que puede tener pesadas consecuencias. Sobre todo, cuando vemos que ha sido inscrito
como candidato, mostrando pistas claras de que no está bien en muchos aspectos.
Como seres humanos que somos no podemos dejar de apreciar tal
estado lastimoso y maltrecho de un ser
humano. Pero, de otro lado, estamos
obligados como ciudadanos responsables a señalar la irregularidad, más bien, el
disparate, desde el punto de vista político y humano, de esta pretensión, toda
vez que no se trata de un ciudadano de a pie.
Esta es una oferta electoral, amén de absurda e inconveniente
para la propia salud del presidente, engañosa para aquellos que potencialmente
podrían votar por él. Los que lo rodean han querido presentarlo como si
estuviera curado del cáncer y en perfectas condiciones para la contienda
electoral, y a las claras no es así.
Esto es un burdo fraude para mucha gente sencilla que podría
sucumbir ante una avalancha de propaganda mentirosa y sensiblera. Y este timo
se hace aún más perverso cuando pensamos que detrás de todo podría haber un
cálculo político-electoral que perseguiría usufructuar la popularidad -por
cierto, cada vez más menguante- que ciertamente mantiene el presidente, para
que en caso de que él faltara, se pueda catapultar un sustituto eventual de
última hora.
La gran puesta en escena de la inscripción en el CNE, echando
mano grosera e ilegalmente de los recursos de todos los venezolanos, sólo buscaba esconder la verdad verdadera, no
tenemos la menor duda. Por más que aparezca en montajes televisivos, que cante,
baile, eche cuentos y desvaríe, estimulado por quién sabe qué, no van a
convencer a la mayoría de lo que está a la simple vista de cualquiera. Fracasarán
en el intento, ninguna engañifa podrá enmascarar lo que se muestra en toda su
infortunada realidad.
El presidente está incapacitado irremisiblemente, no gobierna
en la actualidad ni lo hará después en la hipótesis negada y lejana de que
ganara. Es más, si bueno y sano gobernó desastrosamente durante 13 años ¿qué
podría esperarse ahora de un gobernante impedido y a merced de una claque
militar y unos gobernantes extranjeros? ¿Qué se podría esperar de una mafia probadamente
corrupta e incompetente, que sólo busca eternizarse en el poder, aprovechando
la enfermedad de un hombre?
Aunque estamos convencidos de que el 7 de Octubre próximo cambiaremos
de Presidente para enrumbar a Venezuela por una ruta de modernidad,
prosperidad, genuina democracia y concordia, como ciudadanos, no podemos dejar
de denunciar una situación, a todas luces, aberrante, que retrata muy bien la
baja estofa de quienes nos desgobiernan.
EMILIO NOUEL V.
Twitter:
@ENouelV
EMAIL:
emilio.nouel@gmail.com
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