viernes, 8 de febrero de 2013


DISPARATES
      Laureano Márquez
La cara de Carreño es un poema. Uno siente que está a punto de que le dé un ataque de risa del que no pueda reponerse durante toda la sesión. Su expresión corporal es la de quien está echando vaina y finge seriedad y se concentra para contener la carcajada que la absurda situación le produce. No es para menos, la Venezuela de este momento, por lo insólita se parece a aquella hilarante décima del disparate, tan popular en Cuba:
“Yo he visto un cangrejo arando,
un chivo tocando un pito,
de risa muerto un mosquito
en ver a un burro estudiando.
Yo vi correr un caballo
por el filo de un cuchillo;
cien puercos en calzoncillo
bailaban en un ensayo.
Vi la cabeza de un gallo
cantando sobre un tejao.
La cabeza de un guareao
cantar entre la manigua,
y vi comerse una nigua
un plato de bacalao.”

Si alguien dice en la Venezuela de hoy que vio todo eso, uno le cree y es que aquí uno puede morir de cualquier cosa menos de aburrimiento.
En el 2010, cuando quien suscribe creía, ingenuamente, que estábamos tocando fondo, inocente uno de que siempre se puede seguir cayendo y de que Venezuela es el país de los fondos múltiples, comparaba nuestra patria con aquel famoso país de Jauja que pintó Pieter Brueghel el Viejo donde todo el mundo vive entre la embriaguez y la fantasía.
Estoy a punto de creer que es verdad una teoría, ­ya nada me luce descabellado­ de que nos están poniendo algo en el agua, porque las cosas que aquí se ven resultan alucinantes y aturden a la mente más racional. La sesión de la Asamblea de esta semana quedará para esta historia de la locura nacional que algún día alguien escribirá. Uslar (bueno recordar que alguna vez fue diputado y senador del Congreso, para que nuestro ego nacional no olvide que tuvimos alguna vez parlamentarios de su talla) escribió una vez una obra de teatro en la cual los actores, al margen del director, se dieron a la tarea de improvisar la obra. Es la sensación que invade a la colectividad en este momento: los actores están perdidos, no saben qué hacer, no tienen libreto ni director y están actuando “ad libitum”, sin orden ni concierto, parecen un elenco, pero cada uno está representando la obra que lleva en la cabeza, interpretando al director a su manera.
Esta interpretación libre es la que nos ha permitido, por ejemplo, esta semana ver, además del espectáculo de la Asamblea oficialista denunciando corrupción, una fotografía de Cilia y Jaua junto a Maduro portando sendas Vírgenes de Betania y del Valle para el comandante en Cuba. Y uno se queda como esperando un desmentido, una acusación de fotomontaje en contra de Capriles, porque esa foto resulta, a simple vista, mucho menos creíble que la que lanza como candidato a la presidencia al vice.
Y resulta que la foto es auténtica y que de repente, la teología oficial nos revela que este es un gobierno mariano. Y uno se pregunta si también cada sector en pugna debe tener devociones diferentes. Si hay Vírgenes fascistas y golpistas y otras que son patriotas y revolucionarias, ¿será que la Virgen que aboga por la salud de nuestro Presidente es la misma a la que le rezan los hijos de Simonovis pidiendo un acto de humanidad para su padre, también enfermo?

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