viernes, 13 de noviembre de 2015

ALMAGRO Y LA RESPONSABILIDAD DE LA OEA
 
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
CARLOS RAUL HERNANDEZ
 
La Carta del S.G de la OEA, Luís Almagro es un acontecimiento de consecuencias impredecibles en el actual proceso de elecciones parlamentarias. Indica que la estrategia y el lenguaje democrático que la Unidad se ha impuesto, en contraste con la jerga brutal de Maduro, Cabello y la cúpula del PSUV, dan frutos y despertaron grave preocupación en el más importante de los organismos multilaterales de la región. La estrategia pacífica, democrática, electoral y constitucional hace mella hacia afuera y hacia dentro del país y ha provocado una estremecedora crisis política en el gobierno. Deja ver en todas partes que en Venezuela existe una alternativa confiable al caos y no un nuevo rostro de ese caos. Deja marcada a Tibisay Lucena como una sospechosa habitual de falta de transparencia.
Los estertores maduristas revelan que en cualquier circunstancia su derrota está en marcha. Hagan lo que hagan, el fin de la revolución comenzó. Una derrota masiva y contundente del gobierno generará un cambio pacífico y democrático, sin traumas exagerados como es deseable. Pero el presidente anunció varias veces que no reconocería los resultados electorales y también la conformación de una junta cívico militar, un mondo y lirondo golpe de Estado, y eso no es usual ni aceptable pasivamente por la comunidad internacional, como Almagro lo hizo saber. Se equivocan quienes piensan que un autogolpe, que de ocurrir habrá que enfrentarlo, impediría  cambio.
El estallido hace que, más que nunca debemos  votar en las elecciones por la Unidad, decisión que ha desencadenado esta crisis política del gobierno.  Antes, la coartada oficial era que se trataba de un gobierno popular electo, contra unas élites que conspiraban para derrocarlo por la fuerza. Hoy muchos actores internacionales observan en la cúpula madurista- cabellista un propósito de desconocer la voluntad mayoritaria en medio de una situación desastrosa y descompuesta. El caso venezolano hace temer a la comunidad internacional  que Latinoamérica entre otra vez en la etapa de las acciones de fuerza para mantener grupos en el poder.
Los factores que le permitían a régimen manejar la OEA se alteraron. El gobierno brasilero pende de un hilo, en Argentina pareciera que ganará la oposición democrática  y Almagro es un líder uruguayo estrechamente vinculado al expresidente de Uruguay y de Unasur, José Mujica. La OEA estaba reunida el 11 de abril de 2002 y todos los presidentes se turnaron para apoyar a Chávez en aquella coyuntura. Hoy la misma OEA  denuncia las irregularidades del proceso electoral y que Tibisay Lucena “falta a sus responsabilidades”. Un eventual desconocimiento exasperaría la situación de ingobernabilidad severa.
Además de que no hay alimentos ni medicinas, pretenden cerrar porque si la posibilidad de una solución pacífica. Las mayorías se sentirían burladas por el madurismo, si las llaman a votar para no reconocer su voluntad. En lenguaje directo la Carta le dice a Lucena en términos duros que “…no es que esta sea una pretensión destemplada (la observación internacional)… es una obligación suya legal y moral. Es una obligación del CNE pero también de la OEA…Velar por la justicia y transparencia de las elecciones es nuestra obligación también. Y no es injerencia”…La propuesta  constructiva de que podemos cambiar en paz, explica el progresivo giro de actitud  fuera y dentro del país.
La oposición gana en zonas antes hostiles  como  23 de Enero y la Vega  por 20 puntos de ventaja y puede hacer campaña sin problemas en esas comunidades. Eso era impensable hace un año. El jefe de los círculos bolivarianos declaró a la prensa que la guerra económica era un invento de Maduro, pues nunca han visto a un gringo en ningún mercado. Los venezolanos están hartos de tanto discurso  disparatado. La Carta de la OEA analiza el ventajismo, la parcialidad del CNE, las inhabilitanciones y encarcelamientos de líderes opositores, la manipulación de los circuitos electorales y muchas otras. Con un triunfo de la oposición y en medio de dolores de parto Maduro debería sentarse a negociar su gobernabilidad. Así como 25 diputados abandonaron el naufragio el 11 de abril de 2002, lo mismo ocurrirá si ganamos masivamente el 6D. Hay que hacer el esfuerzo para convencerlos de que no deben aferrarse al error.
 

Carlos Raúl Hernández  –  @CarlosRaulHer

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