sábado, 21 de noviembre de 2015

ANGUSTIANTE RECTA FINAL
 
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BEATRIZ DE MAJO
 
El equipo negociador de la paz colombiana en La Habana tiene que aprovechar el viento de cola que ha conseguido armar el gobierno de Juan Manuel Santos a su favor. En efecto, la imagen del presidente está en proceso de recomposición por lo que la coyuntura se torna propicia para iniciar, dentro de las fronteras colombianas, el próximo paso del proceso que consiste en armar un plebiscito para que el pueblo colombiano se exprese en torno a la paz que está siendo negociada. Dos opciones para expresarse, el Sí y el No, estarán en duelo para mediados del año que viene.
El camino está lleno de escollos. Lo primero es conseguir que el Congreso apruebe una ley que sustituya la actual normativa en materia de plebiscitos. El abanderado del proceso en el Congreso es el propio Humberto de la Calle, quien preside la mesa de negociación en la capital cubana. Este tendrá que conseguir que dentro del muy corto plazo se apruebe un nuevo texto para regir el hecho plebiscitario de manera de eliminar los obstáculos del texto vigente hoy.  
El equipo negociador considera que no es realista exigir una mayoría de todo el censo electoral, lo que es la pauta que impone la normativa actual. Si esta norma permaneciera en pie, 17 millones de colombianos deberían votar a favor para aplicar los acuerdos de paz.
Ya esta semana se avanzó notablemente porque hay una propuesta de acuerdo parlamentario que se traduce en que solo con un porcentaje de los habilitados para votar (13%) se le daría luz verde a los acuerdos de La Habana en su conjunto y de manera indivisible. Estamos hablando de que con una cuarta parte del número anterior, es decir, con algo más de 4 millones de votos por el Sí, la paz quedaría sellada y lista para ser aplicada.
De la misma manera, si el número de papeletas por el No supera los 4 millones no habría manera de que los acuerdos de La Habana se instrumenten y la paz habría muerto antes de  nacer.
Así pues, en este momento la tarea que tiene el gobierno por delante es la de apuntalar el voto por el Sí, contra viento y marea, y la de los enemigos de la paz de sello Santos es conseguir movilizar a la población a acudir al acto de votación a expresarse con el No.
Evidentemente que la inclinación a presentarse a la votación de los adeptos a la paz es mayor que la de los detractores de la misma. De allí que la cuesta más empinada sea la de quienes se oponen a la paz de La Habana.
Esa es la batalla que se librará en las próximas semanas por parte de los dos lados de la ecuación: despertar la intención de voto de la población, es decir, desterrar la apatía.
Lo tradicional en caso de este tipo de consultas populares es que quien no comparte la propuesta que es objeto de votación, al no presentarse ante las urnas, considera estar votando por el No, lo que, en este caso, evidentemente no funciona.
La buena imagen de Juan Manuel Santos servirá, entonces, a este fin de atraer al electorado a expresarse positivamente.
El jefe del equipo negociador del lado gubernamental, sin embargo, mantiene sus barbas en remojo y ha asegurado públicamente que “el proceso de paz no se encuentra en una fase irreversible”, queriendo con ello decir que no hay que contar los pollos antes de nacer en este “todo o nada”.
La afirmación genera inquietud, sobre todo después del acuerdo que sellaron el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC, “Timochenko”, el pasado 23 de septiembre. De acuerdo con el mismo tienen hasta marzo, y solo hasta marzo, para parir un acuerdo susceptible de ser abrazado por la población.
Colombia está en su recta final. 

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