miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA EXPERIENCIA UNITARIA

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                RAMON GUILLERMO AVELEDO

Pragmatismo e idealismo son actitudes ante la vida y, por lo tanto, ante la política. La política es acción, no contemplación, pero siempre necesita rumbo. Es con la acción que se transforma la realidad. La acción requiere valores que la guíen, conocimiento y comprensión de la realidad, ideas para cambiarla, inspiradas en aquellos valores y relacionadas con la realidad concreta. Son los valores, el conocimiento y las ideas los que le dan rumbo.
El pragmatismo puro es como caminar en círculos. El idealismo puro es como ver el destino sin transitar el camino hacia él. En el equilibrio entre idealismo, realismo y acción está el secreto. No es fácil hallarlo, pero siempre es útil buscarlo.
La MUD ha sido una valiosa experiencia en la búsqueda de esos equilibrios indispensables en una política exitosa y útil. Y cuando digo exitosa, no digo para el provecho exclusivo de sus dirigentes, sino para beneficio de la sociedad. Una cosa es la teoría, incluso el estudio de transiciones políticas en otros países, y otra el aprendizaje experimental y común de la importancia de tener clara la estrategia. La conciencia de las limitaciones. El poderoso condicionante (y limitante) aportado por la polarización y la crispación. La diversidad y las identidades entre los actores políticos democráticos. Y en el plano internacional: lo difícil que es comprender la realidad local.
La MUD ha superado obstáculos. Los externos, derivados de un poder intrínsecamente tramposo, e incluso los internos que el año pasado no fueron pocos. Diferencias internas, impaciencia, importantes líderes presos o exiliados, acoso y amenaza a todos. Han predicho su muerte desde que era recién nacida, y allí está, a las puertas de la trascendencia.
Al comienzo, su cometido era encontrar zonas de consenso, definir intereses comunes y consensuar definiciones y reglas. Hoy se trata de desarrollarlos en circunstancias cambiantes y de continuar la tendencia que marcan todas las encuestas, administrar con tino la condición mayoritaria y asumir a plenitud la responsabilidad de dirigir uno de los órganos del poder público en medio de una crisis aguda política, económica, social.
Prudencia, que es la virtud por excelencia que ha de ser combinada en proporciones adecuadas con la audacia. Equilibrio entre firmeza en los valores y los propósitos, y flexibilidad táctica para dar respuestas. Si ganamos, como todo indica, grandes dosis de ellas habrá que desplegar por el bien de Venezuela.

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