viernes, 29 de enero de 2016

CONTRASTE: MÉXICO PROMISORIO, BRASIL EN DECLIVE
 
 
         Emilio Nouel V.
 
Años atrás aludía en un artículo al rol ascendente que dos países latinoamericanos venían experimentando en el concierto de la política y la economía mundiales.
Brasil y México -decía- estaban ya jugando en las “grandes ligas” y pisando fuerte. Se estaban convirtiendo en interlocutores y competidores planetarios, y uno de ellos, el primero, aspirando, en lo político, a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de las NNUU.
No pocos analistas recogían esta realidad y asomaban posibles desarrollos futuros en los que no sería posible excluirlos de las decisiones de gran trascendencia regional y mundial.
Los logros económicos alcanzados por ellos los convertían en modelos de actuación para el resto de los latinoamericanos.
Ambos países son miembros permanentes del G-20 y las opiniones de sus representantes son oídas en este espacio de coordinación mundial.
En el caso particular de Brasil, es de subrayar también su pertenencia a un grupo de nuevas potencias emergentes, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con una relativa influencia global, pero, a la fecha, en su mayoría con serios problemas.
Por su parte, México forma parte del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en el que le ha ido muy bien, y otros regímenes de integración comercial abiertos al mundo.
Desde entonces el panorama ha cambiado, sobre todo, para Brasil.
Hoy leemos en prensa: “Brasil en liquidación”, “Brasil ha perdido el favor de Davos”. Éstas son expresiones que denotan circunstancias distintas, en las que había un optimismo marcado respecto del futuro de ese país.
Independientemente de la opinión que se tenga sobre el Foro Económico de Davos, lo que allí se ventile y diga tiene repercusiones en las percepciones de los diversos actores que en los espacios económicos y financieros se mueven. Y en esta oportunidad, algunas voces han presentado pronósticos no muy halagueños acerca de la economía mundial. Recesión y debilidad han sido palabras muy utilizadas en los discursos.
No es casualidad, por ejemplo, que un presidente como el argentino Mauricio Macri, haya puesto allí empeño particular en transmitir una imagen diferente de su país, con vistas a atraer potenciales inversionistas, que tanto necesita, después de años de políticas populistas equivocadas. “Queremos convocar al mundo a una nueva relación con nuestro país, que ofrece oportunidades gigantescas”, dijo.
Brasil está siendo muy afectado por los últimos desarrollos de la interdependencia global, así como de su propio desempeño doméstico. Culminó un ciclo de las materias primas en alza, por la caída de la demanda, principalmente, la china, a lo que se suma la caída del PIB en casi 4% en 2015, una inflación de 11%, alta deuda en dólares de las empresas y una perspectiva negativa para el año que comienza (PIB -3,5 %). La peor crisis de Brasil en 70 años, se dice.
No obstante, pese a la grave crisis, también política, empresas brasileñas importantes han sido adquiridas en el último año por inversionistas extranjeros, aprovechando los valores bajos y pensando sobre todo en el futuro, no en la coyuntura actual.
En el marco de la integración económica, Brasil se mantiene en un bloque comercial, Mercosur, empantanado, que ha reducido su comercio interno y no se abre a otras opciones, lo que le hace perder oportunidades que otros sí están usufructuando, como es el caso del Acuerdo del Pacífico, esquema más flexible y dinámico, que le hace sombra.
Por su parte, México muestra índices mejores. Lo ha beneficiado ser socio de EEUU, país que se ha ido recuperando de la crisis del 2008. En 2015, el PIB estuvo alrededor de 3% y se mantendría, según le FMI, en esa misma cifra para el 2016. Exportó el último año 382.000 millones de dólares y representa el 41% de las exportaciones totales latinoamericanas.
Este país participa del Tratado de Asociación Transpacífico recientemente suscrito por 11 países (EEUU, Australia, Japón, Canadá, Chile, Perú, Singapur, Vietnam y otros), cuyo gran peso económico es indiscutible, así como su significación geopolítica. El presidente Peña Nieto ha dicho que los bajos precios petroleros no retrasarían ni frenarían la reformas económicas adelantadas.
Brasil y México: dos modelos, dos visiones, dos perspectivas, que obligan a los restantes países del continente a afinar la mirada y apuntar a lo que más conviene, en una economía mundial que en el corto y mediano plazo se muestra harto complicada e incierta.
@ENouelV

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