domingo, 24 de enero de 2016

DECRETO DE EMERGENCIA


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                 LEONARDO PADRÓN

Basado en el artículo comestible al que más sucumbo
harina de maíz blanco refinada precocida enriquecida
70 gramos de sodio y 79 gramos de carbohidratos totales
excelente fuente de hierro, vitamina A y complejo B
comido con esmero y pechuga de pavo frente a las noticias del día
basado en el artículo más preciado por las reinas de belleza de mi país
atún en aceite vegetal, fuente enfática de proteínas y omega 3
orden irreductible del zar de la vanidad
basado en ese otro artículo de sesgo filosófico y uso desmesurado
(¿fue primero el huevo? ¿cacareó antes la gallina?)
que hoy se estrella contra los cielos del costo por docena
basado, en fin, en  los 52 productos de la cesta básica alimentaria
y su carácter esquivo
y su precio gaseoso hasta el escándalo
y su talante clandestino y perecedero
basado en que tenemos las mayores reservas de petróleo del mundo
y de nada nos sirve, de nada nos alivia
basado en el saldo de sangre que acumula el asfalto
90,2  asesinatos por cada 100.000 habitantes
Jorge Carlos Gladys Carmen Marcos Marlene Martínez González
Cualquiera
basado en la prima, el mecánico, el vecino secuestrado
en esa pistola invisible que apunta a todos los ciudadanos
basado en cada frase de alambre de los exiliados
en cada marzo sin hijo de los presos de conciencia
en cada hombre pateado en el hígado de sus convicciones
basado en la melancolía de los años perdidos
en las generaciones arrasadas
en la utopía como farsa y emboscada
yo, que no ostento poder ni curul ni ejército,
decreto mi emergencia cotidiana
mi insurgencia contra lo perdido
mi pliego de apetencias
donde apunto, escribo y subrayo
que seguiré agitando papeles rabiosos en los ojos
de los que ya no tienen  ojos
y pronunciaré la hora que viene, el puntapié, la resurrección
y recorreré el idioma hasta encontrar una playa íntima
donde el país no sea este cansancio monumental
donde mi parecer y tu decir puedan buscarse
donde haya aire y fulgores y babel
donde la cáscara del hambriento y los pies del que espera
desaparezcan en la fatiga de los recuerdos vencidos.
 
Yo que no poseo ni mando ni asamblea
y ni siquiera seré obedecido
decreto abolir el espanto de los espantapájaros
suspender las esdrújulas mal habidas
recuperar las linternas, el sosiego
y tanto insomnio dilapidado
allí donde ocurren la vida y sus despedidas,
su bote de agua permanente,
su cable roído y vertical.
 
Hoy en este frágil enero de los comienzos
declaro pertenecer a un país de hombres menesterosos
corrompidos hasta el hueso por el hollín del petróleo.
Un país de balas coléricas
un país que es también un agujero, un pulmón averiado
una constitución en caída libre
un país de prosa dura
construida en los suburbios de la violencia
como una canción inútil desde la primera vez.
 
(Pobre de espíritu el espíritu
Pobre de solemnidad lo solemne)
 
Hoy es el litigio entre el caudal y la miseria
entre las categorías sociales y la sociología
entre los pasillos de la universidad y los de la morgue
allí donde pastan
los suicidas, los mendrugos y los secretos.
 
Basado en las estadísticas de la derrota
en el misterio del viceministerio de la felicidad
en los veinte planes de seguridad que navegan por el Guaire
en las pastillas que se pelean los hipertensos
en la consternación de los diabéticos
y en los 80 bolívares que cuesta recargar un desodorante
en la fila de hombres que sudan el sol de Cojedes,
decreto mi emergencia cotidiana
que se parece a la tuya o a la de cualquiera
una emergencia que es más bien el asma de pertenecer
a un país donde crecen lo confuso y lo inadmisible.
 
(Yo disiento, tú discrepas, él amenaza,
nosotros votamos, nosotros ganamos, ellos arrebatan,
¿ustedes dónde están?)
 
Declaro pertenecer a un país donde conviven asesinos y poetas
maestros y pranes
militares y legumbres
y donde cada kilómetro de corrupción
cada zona de ciudad enajenada
de prójimo absoluto
es un párrafo urgente que nos necesita.
Eso pide cada pecho que sale a vivir
cada policía asesinado, cada farmacia aglomerada.
Un decreto de emergencia cotidiana
contra el poder que miente a pleno sol
y lubrica con dólares su ideología
y celebra a Fidel en las playas tristes de Ho Chi Minh.
 
(Sobrinos todos, camaradas de fe y alcaloide,
hospedados sean
allí donde la divisa es el botín.
Señor dinero, bienvenido a la revolución,
haga usted lo que sabe hacer,
envilezca allí, corrompa allá, descorche champaña,
estrene yates y avionetas, 
sea pródigo, sea expansivo,
sea socialista, señor dinero).
 
País de fronteras cerradas
de gente presa en su casa, en su trabajo, en su miedo
país dolido de tanta noche
oscuro de tanto golpearse
todo es misericordia sin hora de consulta
cicatriz de la historia
cántaro roto
andrajo, jungla y anarquía.
 
Aquí la muerte es un collar en la garganta
excesiva y fanfarrona
levanta la mano a cada rato
dice aquí estoy
este es mi reino, mi imperio.
Su contraseña es un ojo impalpable.
 
No me hablen de paz, no me jodan
el hartazgo ya aprendió
de la hipnosis queda poco
crujen los vientres, señor presidente,
gabinete entero
ministros todos  
cansan los pies hinchados
el tráfago
los cuerpos desollados
las ojeras de ese amasijo que llaman pueblo.
 
Yo me levanto sobre este enero del siglo 21
con los dedos buscando otro destino en la prosa
evitando versiones de la misma quejumbre
allí donde hay gente clausurando sus ganas de volver
llorando por una montaña
por las diez esquinas de su infancia
por esos amigos que ya no son
y que habitan una casa más grande que sus verdades.
 
Hecho el primer gesto colectivo de redención
lograda la multiplicación del pan en las urnas
los bárbaros replican
dinamitan, implosionan, escupen
pero cada vez son menos
se apagan
son un paisaje de guerra que se va. 
 
Quedan decretados el énfasis y la ruta
la ceremonia de los tenaces
el grano de luz en la sonrisa
la emergencia cotidiana
ese asunto que se expande como aceite y victoria 
en el evento de ser un país real
verosímil
casi normal  
y vencer a los falsos santos de la felicidad.

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