lunes, 15 de mayo de 2017

RESISTENCIA CONTRA BARBARIE

MARTA DE LA VEGA

El artículo 350 de la Constitución vigente dice: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Ambos supuestos están dados en la actual Venezuela.
El 30 de marzo las decisiones 155 y 156 del tsj hicieron evidente la ruptura del orden constitucional y una explícita dictadura, que ha violado reiteradamente los derechos humanos y la Constitución. Hasta entonces las elecciones parecían ser el último recurso para lograr un cambio en democracia que permitiera superar sistema político y modelo económico, es decir, régimen y gobierno, así como la reconstrucción de la economía, destruida por las políticas públicas que desde Chávez hasta Maduro han arruinado el país, con la complicidad de la camarilla militar civil que ostenta el poder.
Con la suspensión de toda elección y la anulación de la AN, el meollo de la lucha ciudadana, irreversible, es la restauración del hilo constitucional y la democracia plural, con la conducción política de los líderes de la Unidad. Estamos en resistencia, con multitudinarias movilizaciones de calle contra un régimen dictatorial que hace de la barbarie su divisa.
Resistencia también contra la tentativa de derogar la Constitución de 1999 con una falsa constituyente convocada por Maduro y sus secuaces para perpetuarse en el poder e imponer un proyecto totalitario de dominación.
Así no podemos aceptar más elecciones. Habrá negociaciones inevitables para la transición y elecciones para un gobierno de unidad nacional que combata la obscena corrupción, consolide valores éticos pisoteados por este régimen, desarrolle un plan de reconstrucción de las instituciones, justicia, sistema de salud, sistema educativo; fortalezca propiedad privada, aparato productivo, empleo digno e incluya a quienes de esta administración no hayan sido ladrones ni cometido delitos de lesa humanidad.
Incluso habrá apoyo de chavistas que, aún candorosos pues creen en el socialismo como legado de Chávez, sin darse cuenta de que se trató de puro fascismo militarista, populista y antidemocrático, rechazan tajantemente el desastre económico y la destrucción humana propiciados por el gobierno de Maduro.
Hemos visto cada día peor la agresión criminal de las fuerzas del orden y colectivos paramilitares que roban y asesinan impunemente con licencia para matar bajo el mandato del general Reverol, gravemente cuestionado junto a otros militares de alto rango por sus vínculos con el narcotráfico.  En la escalada brutal y cada vez más atroz de la represión, la barbarie se convirtió en política. Caen a diario jóvenes que protestan. La policía nacional bolivariana, guardia nacional y militares, junto con colectivos criminales armados, muchos en motos o en grupo, agreden y disparan a manifestantes indefensos. Policías atacan en grupo, tumban y hieren a golpes y patadas a un ciudadano inerme, mientras otros lanzan bombas lacrimógenas cual proyectiles, a las piernas y al tórax de varias de las personas en las marchas o roban sus pertenencias a gente que simplemente va caminando.
El 10 de mayo murió en Mérida el joven Dugarte, herido días antes en manifestación. En Caracas hubo la más salvaje represión y el asesinato vil de Miguel Castillo, quien con angustia, como oyeron dos jóvenes al lado de él, alcanzó a decir: “me voy a morir” por el impacto brutal de una metra en el pecho disparada por un Guardia Nacional, antes de que pudieran llevarlo en moto para auxiliarlo, sin éxito. “Hay que seguir”, como escribió Miguel en su último mensaje, este joven héroe de una nueva gesta por la libertad y la decencia, “luchando contra un gobierno asesino y corrupto”, síntesis de la barbarie.

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