domingo, 6 de noviembre de 2016

SOBRE RAMOS Y BORGES

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ELIAS PINO ITURRIETA

EL NACIONAL

Dos líderes de importancia, como Henry Ramos Allup y Julio Borges, se juegan la vida en estos días marcados por la desconfianza y por la multiplicación de las críticas relacionadas con los asuntos políticos. Si no la vida, el prestigio que han ganado como guías de dos partidos influyentes que han tenido participación estelar en las victorias de la oposición y en el fomento de las esperanzas en torno a la terminación del régimen. Han bajado varios escaños en la pirámide escalada con lucidez, debido a su decisión de sentarse a dialogar con un adversario cuyas fuerzas parecen menguadas y sobre cuya permanencia pocos quieren apostar. ¿Se volvieron locos, y con ellos las organizaciones que representan?
Sugerir que la despedida de Maduro es cuestión de un semestre para ponerse después a darle demasiadas vueltas al asunto no deja de generar sospechas, especialmente cuando el candidato al adiós no se da por aludido y anuncia la continuidad de su mandato porque no tiene toro que le embista. Asegurar que iremos raudos a Miraflores para después dar largas a la madre de todas las marchas hasta convertirla en amago, siembra desesperanzas en lugar de levantar los ánimos. Aferrarse a la solución del revocatorio para sentir que se escurre de las manos sin saber a ciencia cierta cómo evitar el percance no es alentador. En suma, asegurar hoy una cosa y mañana otra no parece lo más aconsejable para mantener la fidelidad de una clientela que, de tanto crecer y de ver un poco de todo, se está cansando de ser espectadora de lo que parece una película de las de antes sin sorpresas ni final feliz.
La situación se les pone más chiquita, como el espacio que le ofrecen las agujas al hilo, si echamos un vistazo a las acciones del régimen en relación con la posibilidad de llegar a acuerdos consensuados. Un régimen que siente la necesidad de dialogar no saca a unos jueces penales del subterráneo para que impidan a la sociedad el derecho de mirar por su destino, ni mantiene a toda costa una oficina electoral manejada por sus mucamas. Una administración que ve al patrón en la orilla de un precipicio por las acuciantes preguntas sobre el lugar de su nacimiento, trata de buscar explicaciones convincentes en lugar de ordenar a sus magistrados que clausuren el problema mediante una decisión terminante que no es una conclusión, sino todo lo contrario. No miran con buenos ojos la alternativa de una cohabitación civilizada los mandones que lanzan populachos contra la sede de la representación popular. Ni los miembros del Alto Mando Militar que terminan una arenga contra la AN con el grito de ¡Chávez vive! Y así sucesivamente.
Sin embargo, tras el cambio de conducta de Ramos y de Borges, que traduce una modificación de las decisiones tomadas por la MUD para el retorno a la democracia, ahora hablamos de elecciones generales y de la proximidad del paraíso republicano. No parece posible una meta tan laudable, si consideramos cómo responde el régimen cada vez que se le solicitan testimonios concretos de rectificación. Después de hacer lo que hacen, ¿Maduro y sus seguidores aceptarán con proverbial mansedumbre unos desenlaces que pueden significar su desaparición? ¿Se quedarán sentados, en pose de contertulios ejemplares, como si estuvieran dispuestos a unas concesiones de las cuales depende su supervivencia? No viene en el guion de la película, pero algo tendrá de sustento el asunto como para que dos figuras estelares de la oposición se embarquen en el inhóspito navío. Estamos ante dos animales políticos que, así como muchos dirigentes de sus banderías, han demostrado sus virtudes ante numerosos desafíos. Nos han llevado hasta donde hemos llegado entre trancas y barrancas, pienso yo. Es bien probable que sepan más de lo que pueden comunicar, y unos enigmas de tal tipo no dejan de ser esperanzadores.
Quizá estemos ante una garantía digna de atención a la cual podamos aferrarnos en unas horas tan complicadas, y de allí el tono personal que ha predominado en este artículo. Como parece que la situación no depende del Papa ni del Departamento de Estado, prefiero mantener la esperanza en bueyes criollos y experimentados. No les vendría mal la ayuda del Espíritu Santo, desde luego

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