martes, 29 de noviembre de 2016

CASTRO FUE TODO MENOS UN VALIENTE

ANDRES OPPENHEIMER

MIAMI.- No es elegante criticar a alguien que acaba de morir, pero viendo los mensajes de jefes de Estado de todo el mundo que exaltan la supuesta valentía del fallecido líder cubano Fidel Castro, hay que decir la verdad: Castro fue todo menos un valiente. Por el contrario, fue un cobarde.
En primer lugar, fue un cobarde porque no permitió elecciones libres en 57 años, desde que asumió el poder, en 1959. Sólo alguien que tiene miedo de perder no se anima a medirse en elecciones libres.
En segundo lugar, Castro fue un cobarde porque nunca permitió un solo diario independiente o estación de radio o TV no gubernamentales. Sus críticos ni siquiera tenían acceso a los canales oficiales. Era como si no existieran.
Castro daba la enorme mayoría de sus entrevistas a periodistas, modelos o figuras deportivas que le rendían pleitesía. Y las pocas entrevistas que dio a los periodistas serios fueron monólogos, en los que él habló todo el tiempo.
El temor de Castro de perder su imagen omnipresente de máximo líder era tal que había prohibido a los medios hablar sobre su vida privada. Tenía que ser retratado como un semidiós que había sacrificado su vida para el bien público. Durante décadas, el nombre de su esposa y sus hijos fueron un secreto de Estado.
En un viaje a Cuba a principios de los años 90, un periodista del diario Juventud Rebelde me dijo que había sido reprendido por su jefe por tratar de publicar una foto de Castro cenando. El comandante nunca podría ser mostrado comiendo, me dijo el periodista.
Incluso las circunstancias de la muerte de Castro pueden haber sido un montaje gubernamental: los medios oficiales cubanos dicen que murió el 25 de noviembre, que es el mismo día en que Castro y sus guerrilleros salieron del puerto mexicano de Veracruz en el yate Granma, en 1955, para iniciar su insurrección armada en Cuba. ¿Habrán trucado la fecha de su muerte para mostrarla como un viaje heroico hacia el más allá?
Tercero, Castro fue un cobarde porque no permitió ningún partido político independiente. Según la Constitución cubana redactada por Castro, sólo el Partido Comunista -que él presidió durante décadas- está permitido en la isla.
Castro usó el embargo comercial estadounidense como una excusa para prohibir partidos políticos independientes o la libertad de reunión. Incluso después de que entregó la presidencia a su hermano Raúl, aunque siguió siendo una poderosa figura detrás de bambalinas, el régimen cubano intensificó la represión a la oposición pacífica, a pesar de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba que inició el presidente Obama en 2014.
Según la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional de Cuba, un grupo no oficial, los arrestos políticos documentados se han disparado de 6424 en 2013 a 9125 en este año.
En cuarto lugar, Castro fue un cobarde porque nunca permitió a las instituciones financieras internacionales monitorear o verificar las alegres estadísticas económicas de su gobierno. Castro se jactaba de que Cuba redujo la pobreza y mejoró la salud y la educación, y gran parte de la prensa internacional se lo creyó sin cuestionamientos. Pero, a diferencia de la mayoría de los países, Castro nunca permitió que el Banco Mundial u otras instituciones internacionales creíbles realizaran estudios independientes en la isla.
En quinto lugar, Castro nunca permitió a organizaciones internacionales de derechos humanos llevar a cabo investigaciones in situ sobre los abusos contra los derechos humanos. Según el grupo de investigación Cuba Archive (cubaarchive.org), Castro fue responsable de 3117 casos documentados de ejecuciones y 1162 casos de ejecuciones extrajudiciales. En cualquier otro país, habría sido declarado un criminal de guerra.
Lo siento, pero no me impresiona para nada la narrativa convencional de que Castro fue un valiente revolucionario que desafió a 10 presidentes de Estados Unidos y sobrevivió a innumerables intentos de asesinato.
Los líderes valientes son aquellos que tienen el valor de competir con otros en elecciones libres. Castro era un cobarde que nunca se atrevió a permitir que su gente ejerciera sus derechos básicos y que condenó su isla a la miseria.
Su muerte tendría que ser un recordatorio de que no hay tal cosa como un dictador bueno. Ya se trate de un autócrata derechista como Augusto Pinochet o de un izquierdista como Castro, todos los dictadores son malos y, en el fondo, cobardes.

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