jueves, 25 de enero de 2018


EL TIEMPO 25 de enero 2018 
 
El asesinato de Óscar Pérez y sus acompañantes, sin fórmula de juicio, con violación flagrante de los derechos humanos y, como siempre, mintiendo, ocultando los cuerpos y las pruebas. Igual a la suerte de muchos otros opositores, encarcelados, silenciados, desprestigiados por sus opiniones en contra de este régimen de violencia y tiranía. Me da mucho temor una Asamblea Constituyente, también de mentiras, de bolsillo, presta a atender cualquier solicitud del régimen desde una reforma de la Constitución hasta una medida policiva. Y me dan desconfianza unos diálogos faltos de sinceridad, engañosos, calculados.
Me preocupa y me entristece ver personas y familias sacrificando ganado en los potreros, asaltando las tiendas de barrio, acudiendo a todo para conseguir alimentos y artículos de primera necesidad. La gente en Venezuela se está físicamente muriendo de hambre. Y para recibir mendrugos tiene que jurar lealtad a ese régimen responsable del desabastecimiento y la hambruna. Un país en donde se ha instalado una corrupción desbordada que, a su turno, alimenta y sostiene el régimen de Maduro.

Cómo olvidar que este régimen llegó al poder argumentando una crisis ética y de corrupción en la sociedad venezolana, en sus partidos políticos y en sus instituciones. Enarbolando la bandera del cambio, del progreso y de la honestidad, se apropiaron del sentimiento de los descontentos para legitimar un movimiento populista con discurso, pero sin propuestas, con promesas incumplibles y liderado por personas codiciosas e incompetentes, responsables de la crisis actual.
La gente en Venezuela se está físicamente muriendo de hambre. Y para recibir mendrugos tiene que jurar lealtad a ese régimen responsable del desabastecimiento y la hambruna.
Y pensar que en Colombia todavía amplios sectores de la sociedad no han comprendido o no quieren comprender que ese cáncer del populismo que agobia a Venezuela puede hacer metástasis en nuestro país. La receta está escrita: deslegitimarlo todo, criticar sin medida lo que se hace y lo que no se hace, desprestigiar a una clase dirigente que en mucho, es cierto, se ha equivocado; sembrar el odio y la desesperanza para luego surgir como mesías salvadores con promesas populistas quizás atractivas, pero irrealizables.

Le he propuesto al país cambios profundos que nos permitan mejorar la calidad de nuestras instituciones, comenzando por la justicia, cuyo documento programático presenté recientemente. Una completa y robusta propuesta para luchar contra la corrupción, quizás el peor de los males que atacan a nuestro país y sus instituciones. Una propuesta que fortalece nuestro Estado de derecho, afianza la seguridad jurídica, apunta a que solo los mejores puedan administrar justicia y a que se sancione el delito con oportunidad y contundencia.

Nuestras instituciones están lejos de ser perfectas, pero no podemos acudir al expediente de destruirlas con la promesa de mejorarlas. Eso es lo que ha hecho Venezuela. Sepultar su democracia, su pluralismo, las libertades individuales de sus ciudadanos y sus esperanzas, todo para luchar contra una dirigencia política y económica que en su momento fue incapaz de preservar todo lo bueno, toda la riqueza, todo el capital humano de esa gran nación que es Venezuela.

Yo tengo claro que ese no es el camino, pero albergo el temor de que muchos colombianos puedan caer seducidos por esos cantos de sirena. El antídoto lo tenemos a la mano, basta con echar un vistazo a esta tragedia de nuestros hermanos venezolanos a la cual tenemos que responder con solidaridad, con espíritu fraterno y en la medida de todas nuestras posibilidades, para entender lo que puede llegar a ocurrirnos si no actuamos con decisión para derrotar en democracia a quienes pretenden imponernos un modelo fracasado y que nos condenaría a un régimen de represión y pobreza por años.

Me preocupa todo de la Venezuela de Maduro. Me preocupa Colombia.

GERMÁN VARGAS LLERAS
* Candidato presidencial

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