lunes, 8 de febrero de 2016

Maduro acaba con el PSUV que dejó Chávez e intenta concentrar poder
 
FRANZ VON BERGEN
 
EL NACIONAL
 
El 10 de octubre de 2012 Hugo Chávez realizó sus últimas designaciones a dedo en el Partido Socialista Unido de Venezuela. Los escogidos fueron los 23 candidatos a gobernadores que presentaría la organización para las elecciones del 16 de diciembre de ese año, realizadas pocos días después de que el entonces presidente se operara nuevamente del cáncer que padecía.
“Entendemos que pudiera esto no satisfacer a algunos sectores; pero bueno, ahí está. Esta es la propuesta, son los nombres que ponemos allí para ser inscritos como candidatos de la revolución”, dijo ese día Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV, cuando leyó la lista.
21 de los 23 dirigentes seleccionados ganaron la gobernación y se convirtieron desde entonces en líderes del partido en cada uno de sus estados. Sin embargo, eso cambió el 29 de enero pasado. Durante el cierre de la Segunda Plenaria Extraordinaria del III Congreso del PSUV, el presidente de la tolda, Nicolás Maduro, anunció la eliminación de las vicepresidencias regionales y el nombramiento de 24 responsables políticos estadales. Con la medida redujo el poder de los gobernadores sobre el partido en sus respectivos estados y asestó un duro golpe a la supremacía de varias figuras cercanas a Chávez en las regiones.
El analista político Nícmer Evans, militante del PSUV marginado de los registros de la organización en 2014, advierte que Maduro busca acrecentar su poder dentro del partido y limitar la influencia de otros grupos rivales, principalmente el de Diosdado Cabello.
“El presidente ha actuado con un abuso excesivo e irrespetuoso. Como quiere tener liderazgo sin contar con legitimidad, opta por ser temido imponiéndose. Al final eso es un error porque termina generando cansancio en las bases”, explica Evans.
En la teoría, el jefe del Estado explicó el 29 de enero que decidió hacer ese movimiento para corregir errores en la estructura del partido evidenciados en las elecciones del 6 de diciembre: “Le pediré a estos cuadros, a estos dirigentes, en cada estado, trabajar en reagrupamiento, reunificación, reactivación, dinamizar la vida estadal, y que en procesos dialogantes, con gran capacidad, visión y acción, elaboremos los planes para las 3R, estado por estado: rectificación, rebeldía y renacimiento”.
Ese no fue el único cambio. Maduro también creó el Comando Nacional Bolivariano, nueva instancia que estará constituida por cinco voceros por estado, más la dirección nacional.
En la práctica, lo que hizo entonces fue crear instancias que se superponen a las que ya existían y no tienen funciones claramente delimitadas, por lo que es previsible un futuro choque entre esos espacios y sus responsables.
No es la primera vez que eso pasa en el partido chavista ni en las organizaciones políticas en general. Realmente es una práctica repetida por líderes en varios países y períodos históricos para concentrar poder limitando a sus adversarios políticos internos.
“Hitler creaba superposiciones de jurisdicción sin ningún tipo de coordinación institucional y al mismo tiempo subrayaba la absoluta autonomía de cada una; el resultado era la confusión y duplicación de los esfuerzos”, escribió en 1967 Joseph Nyomarkay en un estudio sobre el partido Nacional Socialista alemán.
La situación termina generando choques entre instancias internas que solo pueden ser dirimidos por el máximo líder, lo cual aumenta su poder.
Una práctica similar ocurrió en el chavismo en 2001, cuando Chávez creó los círculos bolivarianos como instancia organizativa paralela al MVR, su partido político en ese momento.
Los movimientos. Antes de los cambios del 29 de enero Maduro solo tenía influencia directa sobre los gobernadores de unos pocos estados. La situación cambió con los responsables que nombró ese día.
Quince de los veinticuatro designados tienen con él un nexo directo de lealtad, ya sea porque el presidente les abrió las puertas del poder por primera vez (casos como el del ministro Mervin Maldonado y el diputado Víctor Clark), porque los rescató luego de perder en las elecciones parlamentarias (ejemplos como Miguel Rodríguez, María Cristina Iglesias, Jacqueline Faría y Freddy Bernal), por nexos de amistad (Eduardo Piñate) o porque han trabajado cercanamente desde que llegó a Miraflores (Carmen Meléndez).
Varios de los restantes son gobernadores que tienen ahora a otro dirigentes por encima en sus estados, pero fueron designados como responsables en otras entidades, por lo que su poder no mermó. Entre ellos se encuentran figuras que se han mantenido cerca de Maduro como Tareck el Aissami, mandatario de Aragua, y Érika Farías, de Cojedes.
Para hacer posible la nueva distribución de poder, Maduro debió reducir considerablemente la influencia de 13 gobernadores, los cuales no fueron escogidos como responsables de ningún estado.
Los defenestrados son en su mayoría figuras militares que tenían nexo directo con Chávez. Destacan los casos de Ramón Carrizález, gobernador de Apure; Francisco Rangel Gómez, de Bolívar; Ramón Rodríguez Chacín, de Guárico; Carlos Mata Figueroa, de Nueva Esparta; Henry Rangel Silva, de Trujillo;  Jorge Luis García Carneiro, de Vargas. y Francisco Arias Cárdenas, de Zulia.
Solo 6 de los 24 nombrados parecen responder a grupos distintos al de Maduro. El caso más relevante es el del diputado Diosdado Cabello, que fue designado para Carabobo. “Maduro está aprovechando la derrota del 6 de diciembre para desplazar a Cabello poco a poco. Él fue uno de los más grandes perdedores de ese día porque, como primer vicepresidente del partido, no logró consolidar la maquinaria. Ahora ha perdido posicionamiento en el gobierno y el PSUV”, advierte Evans.
Los otros 5 responsables designados el 29 de enero que parecen mantener peso propio y forman parte de otros grupos son el diputado Elías Jaua, designado en Aragua; los gobernadores Julio León Heredia, en Falcón; Yelitze Santaella, en Sucre, y Adán Chávez, en Barinas, y el ex gobernador de Lara Luis Reyes Reyes.
Los movimientos son aún más relevantes si se considera que al final de este año debería haber elecciones regionales para escoger nuevos gobernadores.
El Dato52% de los gobernadores que tiene el chavismo son militares, mientras que solo 21% de los nuevos responsables del PSUV que designó Maduro para los estados vienen de los cuarteles. El analista Nicmer Evans considera que la reducción no se debe a que el presidente quiera bajar el número de militares. La causa es que su grupo interno tiene menos miembros castrenses, aunque cuenta con algunos destacados como Carmen Meléndez. El experto agrega que las nuevas designaciones podrán hacer poco por mejorar el trabajo de la tolda debido a que muchos no son de los lugares a los que les tocó ir, lo cual les generará problemas

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