viernes, 15 de marzo de 2013


Los herederos

   Miguel Ángel Santos

Los herederos políticos del presidente Chávez forman parte integral de su legado. Son una especie diversa, resultado de un proceso de selección adversa. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que han sido seleccionados con base en unos criterios que les dan muy pocas posibilidades de sacar el país adelante, cualquier cosa que se entienda por eso. Son catorce años purgando disidencias, extirpando a todo aquel que tuviese el temple de dudar, de cuestionar; catorce años saliendo de las piezas que expresaron algún criterio diferente, depurando a la revolución de todo aquel que tuviese la suficiente presencia como para hacerle frente a él. Son catorce años en los que Hugo Chávez se las arregló para convencer al país de que lo aquí no funcionaba ya no era cosa de él, sino consecuencia de esta selecta cohorte de colaboradores. Son esos, los sobrevivientes de ese vejamen consistente, esos mismos a los que él fustigó de forma inclemente durante años en sus copiosas alocuciones, quienes ahora se presentan como los redentores. 

Es así como llegamos a este suerte de antinomia: vienen ahora a resolver nuestros problemas concretos (delincuencia, deterioro de la red de salud pública, deserción escolar, inflación, escasez) un conjunto de políticos que han sobrevivido a fuerza de reconocer su propia incompetencia. Son, por naturaleza, débiles. Siempre propensos a caer presa de las tentaciones del miedo, lo que hace estos primeros meses particularmente peligrosos. Por esa razón es que necesitan hacer despliegues cada vez mayores "de fuerza", poner a declarar militares, amenazar a líderes políticos de oposición con persecuciones legales contra sus familiares, o elevar el tono de voz de forma patética, signos todos de una voluntad de querer ser que va mucho más allá de su verdadera fuerza. La fortaleza política de Chávez le alcanzaba para gobernar con Globovisión, un rector de oposición en el CNE, alguna presunción de imparcialidad y alguno que otro medio impreso de oposición. Éstos no pueden. 

Esa falta de fortaleza se extiende de una forma curiosa al terreno económico. La primera consecuencia ha sido la manipulación grotesca de las cifras de inflación. La variación mensual de precios venía subiendo a ritmos de 3,5% en diciembre y 3,3% enero, que equivalen a tasas superiores a 45% anual. De acuerdo con el Banco Central en febrero la inflación se desaceleró a 1,6%, y la escasez ha disminuido. Sin embargo, según el Billion Price Project de MIT (www.bpp.mit.edu), que monitorea la evolución diaria de precios en cientos de vendedores al detal a nivel mundial, la inflación de febrero sería de 2,5% y en marzo la proyección indica que superará el 3%. 

Esta avenida, la de la manipulación de cifras a-la Argentina, parece indicar que los herederos han equivocado ruta. No tienen cómo lidiar con el descontento sin el gigante político. La percepción de la propia debilidad ha debido causar más bien que se inclinaran más hacia el lado práctico, dándole aire al mercado cambiario (quizás algo de eso viene), resolviendo algunas trabas para el funcionamiento de lo que queda de aparato productivo privado, y aceptando una mayor inflación a cambio de mayor abastecimiento. Hasta ahora no han optado por aquí. 

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