jueves, 5 de octubre de 2017

PARTO HUMANIZADO SOCIALISTA DEL SIGLO XXI


ENRIQUE VILORIA V. 

Con el dolor la persona pierde la dignidad.

Salman Rushdie

 

Las políticas públicas del depredador y hablachento socialismo del siglo XXI se traducen en que a mayor sufrimiento y dolor mayor es la dignidad del súbdito bolivariano, sojuzgado y sometido al miedo y las carencias de todo tipo.

Con bombas y platillos rojo – rojitos, El Robusto Guasón bolivariano lanzó a los cuatro vientos la Misión Parto Humanizado que, en vista de la dramática realidad que se vive en nuestras clínicas, hospitales, ambulatorios y CDI’s es todo lo contrario.

Nuestro socialismo del siglo XXI que todo lo que toca lo convierte en ñoña, en caca bolivariana, en pupú colectivo, en esta ocasión ha enmarañado la definición de parto, es decir, el proceso por el que la mujer o la hembra de una especie vivípara expulsa el feto y la placenta al final de la gestación; consta de tres fases: la fase de dilatación, la de expulsión y la placentaria o de alumbramiento … y la de frustración y dolor  En efecto, en Venezuela, el parto humanizado socialista acoge a cabalidad  la sentencia bíblica, según la cual un dios castigador le dijo a la mujer: “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos”. Especialista como es en propiciar y repartir penurias, carencias, miserias y dolor-  regaíto pa´todos ., nuestras parturientas sufren en dignidad propia la máxima gubernamental de que a mayor dolor más dignidad, al decir de la camarilla socialista, cubano - chavista, humana y antiimperialista.

Afortunadamente, la Biblia también sostiene que “cuando la mujer está para dar a luz, tiene aflicción, porque ha llegado su hora; pero cuando da a luz al niño, ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que un niño haya nacido en el mundo”. Y así es, ya lo recogía en versos que están en boca de todos los venezolanos, el poeta del pueblo: Andrés Eloy Blanco:

Cuando se tiene un hijo, 
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, 
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga 
y al del coche que empuja la institutriz inglesa 
y al niño gringo que carga la criolla 
y al niño blanco que carga la negra 
y al niño indio que carga la india 
y al niño negro que carga la tierra.

Y esos hijos paridos sin dignidad en los hospitales de la revolución, también son nuestros, y a nuestros indolentes gobernantes, con Eduardo Chillida, les recordamos que:

Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo.

 

        

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