miércoles, 16 de noviembre de 2011


LOS CINCO DE LA FAMA
Antonio Sánchez García

                                                                                   A Antonio Ledezma, el gran ausente

“La era está pariendo un corazón”                                                                                            Silvio Rodríguez

            Ricardo Lagos se transforma en el líder indiscutido de los opositores al régimen de Pinochet, cuando participa el 25 de abril de 1988 en el programa televisivo De cara al país y en una actitud valiente para esos tiempos señala que el triunfo del «No» será "el inicio del fin del gobierno de Pinochet" e "impedirá que el general esté 25 años en el poder". Lagos mira a la cámara y ante el asombro de un Chile estupefacto levanta su índice para decirle directamente a todos los televidentes: "Usted, general Pinochet no ha sido claro con el país [...] Le voy a recordar, que el día del plebiscito de 1980 dijo que usted no sería candidato para 1989[...] Y ahora, le promete al país ocho años más de tortura, con asesinato, con violación de los derechos humanos. Me parece inadmisible que un chileno tenga tanta ambición de poder, de pretender estar 25 años en el poder".
Ni una palabra de más ni una palabra de menos: ese simple gesto de un académico desconocido, el dedo apuntando al rostro de su mortal enemigo que imaginaba observándolo desde La Moneda, cambió el curso de la historia de Chile. Si bien la historia suele ser injusta. Un nieto de Ricardo Lagos le preguntó recientemente qué historia era esa del famoso dedo suyo de la que tanto se hablaba.  Con palabras sencillas para hacerle comprender lo acontecido se vio atribulado por la ingenua y espontánea respuesta de su nieto: “Abuelo, ¿y eso fue todo?”.
Eso fue todo. En esos y en muchísimos otros actos aparentemente intrascendentes que cambiaron el curso de los acontecimientos he pensado desde este lunes 14 de noviembre, cuando cinco ilustres venezolanos se dirigieron a la audiencia que llenaba el Aula Magna de la UCAB y a través de las pantallas, al país y al mundo entero.
            Perdida la capacidad de comprender la fractura histórica que estamos viviendo, Hugo Chávez encadenó momentos antes al país para demostrar su omnipotencia, imponiéndonos la asistencia teledirigida a un acto propagandístico intrascendente y banal. Para someterse, finalmente, a las expectativas despertadas por el debate de los precandidatos a las elecciones presidenciales y permitir la transmisión del evento.
            Logró así lo que ni el más avezado experto en manipulación mediática se hubiera imaginado: contrastar la imagen de un hombre enfermo, desfigurado, abatido y consumido por el rencor y el odio con la de cinco figuras en la plenitud de sus facultades. Frente a un auditórium de estudiantes universitarios anhelantes de un cambio profundo e irreversible en la conducción de nuestro país. Una confrontación dialéctica  entre un pasado que agoniza y un futuro que puja por enseñorearse.
            No se extinguían ni las imágenes ni las palabras llenas de soberbia, de inquina, de brutalidad cuartelera, y ya se asomaban los rostros de cinco venezolanos dispuestos a enseñarle al país sus proyectos, su decisión de asumir la conducción del gobierno para rescatarlo del naufragio y llegar al puerto seguro de la reconciliación nacional, la paz, la seguridad, la prosperidad y la justicia.
            Ciertamente: no fue un debate. Pero de las breves y concisas exposiciones se derivan diferencias sustantivas. María Corina Machado, deslumbrante en su elocuencia y convicción, tuvo el coraje de señalar la causa principal de nuestros graves problemas: el anti capitalismo subyacente no sólo al régimen, sino a la cultura dominante y a su clase política en particular. Su defensa del derecho a la propiedad privada tiene un valor que trasciende los límites del encuentro: junto al diagnóstico de Diego Arria, el acento en la necesidad de emprendimiento nacional, de abrir el país al impulso de la empresa privada y el libre mercado, las inversiones nacionales y extranjeras, públicas y privadas sostenido por María Corina constituyó la médula de propuestas por un cambio radical, profundo, verdaderamente revolucionario de nuestro país.
            En esa misma tesitura se expresaron los otros candidatos: Leopoldo López poniendo el énfasis en la naturaleza social del cambio, Capriles en la educación, Pablo Pérez en la reconciliación nacional. Unos mejores que otros, pero todos mostrando sin complejos lo que son, lo que piensan y en lo que creen. De haberse planteado un auténtico debate, esos hubieran sido los temas sustantivos: el rol del Estado en la transformación democrática de la sociedad venezolana, el papel de sus Fuerzas Armadas en la preservación de una nueva y poderosa institucionalidad, la importancia de la empresa privada y el emprendimiento en el desarrollo económico del país, la necesidad de una Constituyente – como lo planteara Diego Arria -, para abrir paso a un proceso de reinstitucionalización del país, la política a seguir frente a PDVSA y su reconversión en una empresa altamente productiva, palanca del desarrollo de un capitalismo venezolano, en manos de sus auténticos propietarios, el montaje de un poderoso sistema de seguridad social siguiendo notables ejemplos, como el chileno, los énfasis en la creación de un sistema educativo moderno, la inserción de nuestra economía en la globalización, etc., etc.
             De allí nuestra propuesta a un segundo debate en el que se confronten las diferencias estratégicas entre los programas de gobierno de los precandidatos. ¿Son reconciliables las propuestas de un capitalismo popular de María Corina Machado con las que pueda plantear un socialdemócrata como Pablo Pérez? ¿Comparte Henrique Capriles la radicalidad de Diego Arria en el tratamiento de las fuerzas armadas y la realización de una constituyente? ¿Estaría Leopoldo López de acuerdo con una estatización del sistema de salud?
            La democracia no es una película de estreno. Es una realidad que se construye minuto a minuto, que busca el curso por donde expandirse y desarrollarse y que debe ser nutrida diariamente con nuevas ideas con imaginación y tenacidad, sin descanso, ininterrumpidamente. Ya está naciendo la democracia del siglo XXI. Es la que verá la luz con todo su esplendor el 7 de octubre de 2012.

@sangarccs  

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