jueves, 24 de abril de 2014

Diálogo: mínimas, medias y máximas

MAXIM ROSS |  EL UNIVERSAL

 

He defendido recientemente dos ideas complementarias entre sí: que el gobierno, aunque no lo reconozca tiene una "crisis de gobernabilidad"  y que llegará un momento en que el liderazgo opositor tendrá que mostrar una cara que va más allá del diálogo que estamos viviendo. Sobretodo si se toma en cuenta que la situación política cambió positivamente y que no es lo mismo el mundo que vivimos hace meses o un año, después de las elecciones de abril y diciembre, cuando la desesperanza, la apatía, el abandono y la casi rendición nos estaban invadiendo.
Por esta razón y porque suena poco probable que el gobierno ceda en cuestiones fundamentales, parece válida la pregunta de que cosas deberían obtenerse con esta oportunidad que se presenta. Pienso que debemos evitar una inversión de las ganancias y los logros, porque tengo la impresión de que podemos empezar por lo segundo, creyendo que es lo primero. En ese sentido y aún a sabiendas de que puedo generar polémica y controversia propondría el siguiente esquema de mínimas, medias y máximas a alcanzar en ese tortuoso terreno del "diálogo"

Las mínimas: equidad representativa en lo político y electoral
Aunque, repito, parezca impropio, inclusive injusto e indelicado me atrevo a proponer que el mínimo no sea la libertad de los presos políticos y de los estudiantes detenidos, porque al gobierno no le costaría mucho ceder y ganaría un efecto político importante. Nosotros quedaríamos como en el comienzo. Al poner estos eventos en primera fila le garantizamos un éxito al gobierno, repito, sin ganancias sustantivas para la oposición.
Por esta razón, me permito sugerir, que esas ganancias mínimas se midan por el logro de un cambio fundamental, de raíz, en la representatividad que debemos tener en los órganos de la función pública, revirtiendo las leyes y reglamentos que le dan poder hegemónico en todos ellos a la revolución bolivariana. Sin ese logro mínimo no habremos avanzado ni un milímetro en poner al día la democracia venezolana.
Las medias: Cumplir la Constitución

Sigue de inmediato, entre las medias, el examen riguroso del cumplimiento de la Constitución de 1999, cuando sabemos que están debidamente documentadas las continuas violaciones de que ha sido objeto. Por ejemplo, el tema de la comuna socialista, el nombre de las Fuerzas Armadas, la creación de las Milicias y de los grupos armados no militares, así como un sinnúmero de decisiones que afectan la vida económica y ciudadana, entre ellas, por ejemplo la derogatoria de la Ley de Costos y Precios Justos.
Aunque de nuevo parezca extraño y diferente a lo que se está discutiendo luego me concentraría en el tema de la Comisión de la Verdad con las representaciones nacionales e internacionales que se han acordado, lo que sería una "prueba de fuego" de la sinceridad del gobierno de llegar a un entendimiento y a una zona de confianza mutua que agregue a los mínimos anteriores.


Las máximas: la convivencia política como regla de oro
Se que esto es mucho pedir, pero la experiencia indica que todas las revoluciones que se dirigen al más estruendoso  fracaso, como ya lo está revelando la revolución bolivariana, terminan concluyendo en que no les queda otro camino que llegar a un cierto grado de convivencia política que le permita sobrevivir en un ambiente democrático. La experiencia española, portuguesa, colombiana, chilena, peruana, etc. etc., así lo confirma y, más tarde o más temprano, sus dirigentes perciben que su vigencia política depende de la claridad que tengan en aceptar este reto. Si no piensen ustedes en el largo y costoso camino recorrido por las FARC.
Es probable que los actuales líderes de la revolución piensen en ello, en  esa zona de tolerancia que permita y garantice la sobrevivencia y el futuro político que nunca tuvieron. Quizás sea mucho pedir, pero también cabe una posibilidad de que, ambas partes, saquen una ventaja significativa de estas negociaciones y le den un respiro a la sociedad venezolana en el tan ansiado regreso a la tradición y conducta democrática. Las Fuerzas Armadas tendrían mucho que ganar y evitarse la cuenta regresiva de un incremento en la represión que, a la larga, como ahora, terminaran pagando, en particular si la protesta se extiende a los barrios, como puede esperarse.
Repito, se que es mucho pedir pero, de ponernos estos objetivos en la mira la protesta estudiantil y civil tomarían su propio cauce y su efecto podría ser el de la libertad de quienes ayer y hoy lucharon por ello y la Comisión de la Verdad logre sus objetivos.

maximross@cantv.net

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