lunes, 21 de marzo de 2016

CONFLICTO POLÍTICO Y REALISMO

BENIGNO ALARCÓN

POLITIKA - UCAB

Mientras la situación de crisis económica y social del país se complica y escala día a día, la crisis política pareciera entrar en un momento de estancamiento en el cual, a pesar de la fragilidad propia de la situación, el cambio político prometido pareciera no encontrar consenso sobre una ruta creíble que sea capaz de alinear las voluntades políticas y, como consecuencia, las ciudadanas.
El consenso político sobre la ruta hacia el cambio prometido se dificulta en torno a dos debates, uno sobre la ruta que tendría mayores posibilidades de éxito, entendiéndose que tal éxito dependerá de su blindaje institucional y jurídico. Una primera consideración obligatoria, para cumplir con el realismo al que nos comprometimos en el título de esta carta, es que ninguna alternativa (enmienda, referéndum revocatorio o Asamblea Constituyente) está blindada jurídica o institucionalmente, porque al no existir separación e independencia de poderes en Venezuela, y ante los altísimos costos que un cambio político puede tener para todos los actores del aparato institucional, ninguna institución del Estado cooperará para la activación de mecanismo alguno que pueda dar como resultado un cambio en el poder.
El segundo debate tiene que ver con las implicaciones políticas de la posición que cada líder ha asumido en relación a las alternativas en discusión. Es así que mientras Henrique Capriles aboga por el referéndum revocatorio, y Henry Ramos lo hace por una enmienda constitucional que recorte el periodo presidencial a cuatro años y nos permita una nueva elección este mismo año, Voluntad Popular espera su turno para una Asamblea Constituyente que permita la refundación de la República. Esta situación, difícil de comprender para la mayoría de nosotros resulta, desde un punto de vista políticamente realista, difícil de evitar si consideramos que el posicionamiento de un liderazgo opositor dependerá del éxito o fracaso de su propia propuesta.
Es así como ambos debates se combinan para hacer que la toma de decisiones se complique a un punto tal que a falta de consenso, se presenta el desacuerdo como el acuerdo, lo cual, como hemos dicho en la anterior entrega, constituye su mayor debilidad porque la simultaneidad de estrategias solo sirve para neutralizar las posibilidades de éxito de todas y cada una de ellas.
Ante la precaria situación del país y la amenaza opositora de activar una salida que permita un cambio político este mismo año, el gobierno hace lo que le toca hacer, sobrevivir un día a la vez en la lucha por retener el poder a cualquier costo, incluido el de sacrificar las condiciones de vida de sus propios ciudadanos, como hasta ahora va siendo el caso. Esta situación nos llevará progresivamente a una escalada de conflicto en la cual en la medida que las condiciones económicas y sociales continúen deteriorándose aumentará la confrontación política y social, para lo cual el gobierno se hará más dependiente de su capacidad de represión, lo cual implica, como ya estamos viendo, más poder y recursos para quienes tienen la capacidad de mantener el orden y retener el poder por la fuerza.
La situación descrita implica un conflicto asimétrico entre gobierno y oposición en el cual la oposición no tiene cómo imponer al gobierno una salida institucional sin la cooperación de las instituciones que se encuentran bajo el control del mismo gobierno, mientras que ni las instituciones ni el gobierno tienen ninguna razón o incentivo para negociar y cooperar en la implementación de un mecanismo institucional que acarrearía su propia salida.
Cuando logremos entender que la gente solo negocia cuando necesita de la cooperación porque no puede obtener lo que quiere o necesita por otros medios, entonces comprenderemos que la clave de cualquier salida institucional está en la viabilidad o no de esos otros medios con los que cuenta el gobierno.
En otras palabras, mientras el gobierno pueda retener el poder por otros medios como el control institucional o el uso de la represión no habrá posibilidad alguna de activar un mecanismo institucional para lograr el cambio político al que la gente apostó el 6 de diciembre. Toca entonces centrar los esfuerzos en esos otros medios que permiten al gobierno mantener el control de la situación sin necesidad de negociar una solución institucional que implicaría su propia salida.
En este sentido, toca a la oposición dos tareas fundamentales de las cuales depende el éxito de cualquier salida institucional, la primera es reducir las posibilidades de que el gobierno pueda retener el poder por otros medios aumentando los costos potenciales para quienes reprimen u obstaculizan las salidas institucionales. De ello dependerá que existan las condiciones necesarias para que más que diálogo exista una negociación conducente a los acuerdos necesarios para lograr una solución institucional.
La segunda tarea está relacionada con la negociación en sí misma, y en este sentido también es importante comprender que, desde un punto de vista realista, la alternativa a la cooperación es la confrontación. No es posible una transición pacífica sin que medie un proceso de negociación, pero esta negociación es posible si, y solo si, el gobierno tiene la necesidad de negociar, lo cual implica que la relación costo/beneficio de un acuerdo supere lo que las partes pueden conseguir por otros medios.
Benigno Alarcón Deza
Director
Centro de Estudios Políticos
Universidad Católica Andrés Bello

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