martes, 15 de marzo de 2016

Teodoro Petkoff, clase magistral de economías en crisis



Este 12 de marzo se cumplen 20 años del día que el presidente Rafael Caldera designó a Teodoro Petkoff como ministro de la Oficina Central de Coordinación y Planificación, CORDIPLAN.
Rafael Caldera ganó las elecciones presidenciales de 1993. Era la segunda vez que llegaba a la más alta magistratura del país. Repetía, pues, el gesto, pero esta vez con una diferencia radical: lo había logrado sin su partido. A expensas de su partido, podría decirse.
“Caldera gana las elecciones a la cabeza de un bloque, principalmente el MAS y Convergencia, forjado principalmente en la idea de dar marcha atrás a las ‘reformas neoliberales’ del gobierno de Carlos Andrés Pérez (CAP). Por eso se inicia estableciendo de nuevo los controles de la economía que este había desmantelado. Vuelven el control de cambio y el de precios. Los resultados de este regreso se sintieron de inmediato: inflación, decrecimiento económico, desempleo, fuga de divisas y una violenta caída del prestigio del presidente en la opinión pública”, recuerda el analista Carlos Raúl Hernández.
Ese segundo gobierno de Caldera tuvo dos primeros años de ejercicio signados por una conducción económica errática y cuando estaba en la mitad del periodo se decidió a dar un volantazo. “Había que hacer algo”, dice el periodista Pedro García Otero, quien cubría la fuente de Economía para El Universal en esos años. “En 1993 había una crisis financiera que el mismo Caldera agravó, primero por la venganza contra el Banco Latino, que había financiado tanto a Pérez como a su rival en las elecciones del 93, Oswaldo Álvarez Paz; y luego por los auxilios financieros que fueron otorgados de manera poco prudente y que le costaron al país 13 puntos del PIB. Salir del foso de 1994 solo era posible acudiendo al Fondo Monetario Internacional (FMI). Eran años, además, de precios del petróleo en 10 dólares por barril”, repasa el periodista.
“La situación obligaba a una nueva estrategia económica”, agrega el economista Luis Beltrán Petrosini y continúa: “era de absoluta necesidad la asistencia financiera del FMI, pero para obtenerla había que cumplir con ciertos requisitos… Así nació la Agenda Venezuela, cuyos elementos fundamentales no se diferenciaban mucho del programa de CAP. Vino la devaluación del bolívar, que pasó a una paridad de Bs. 470 por dólar. Para 1996, la inflación alcanzó a 103%, para luego comenzar a descender. Pero Caldera necesitaba una personalidad que le diera a esa ‘agenda’ lo que le había faltado a Pérez, viabilidad política. Caldera no tenía un partido político fuerte que lo respaldara, por lo que requería de una persona conocedora de la materia, con peso político propio y fuerte personalidad”.

La personalidad que faltaba

Entonces, el 12 de marzo de 1996, Caldera designó a Teodoro Petkoff como ministro de la Oficina Central de Coordinación y Planificación, CORDIPLAN.
“Aparte del presidente Caldera, quien más influyó en el nombramiento de Teodoro Petkoff como ministro de Cordiplan, fue el ministro de Hacienda, Luis Raúl Matos Azocar, quien procuraba la formación de un equipo político-económico para llevar adelante la anunciada Agenda Venezuela. Ese equipo quedó conformado, en lo esencial, por Matos en Hacienda, Petkoff en Cordiplan, Freddy Rojas Parra en Fomento —ex-presidente de Fedecámaras—, y también por Charito Bernardoni de Govea en Trabajo, plataforma para la Comisión Tripartita y el diálogo social”, explica Fernando Egaña, quien fuera ministro de Información de ese gobierno.
“Caldera y Petkoff se habían avenido muy bien en la campaña electoral de 1993, pero Teodoro no pasó a formar parte del nuevo gobierno en 1994, como sí fue el caso de Pompeyo Márquez y otros dirigentes o simpatizantes del MAS. El debut de Teodoro como ministro de Cordiplan fue un verdadero acontecimiento. Su lenguaje franco y directo, y su gran capacidad de trabajo, fueron elementos muy positivos para enfrentar la crisis y abrir oportunidades para la reforma económica y social”, puntualiza Egaña.
“Teodoro estableció una nueva manera de comunicarse con el país de la que aprendería mucho Hugo Chávez. Por primera vez, un ministro hablaba en términos llanos con la población y recorría el país explicando la Agenda Venezuela a los públicos más diversos. Por supuesto, y a diferencia de Chávez, el discurso de Teodoro era completamente responsable”, pondera el periodista Pedro García Otero. “En vender la Agenda Venezuela y la reforma de las prestaciones sociales, Teodoro comprometió su legendaria honestidad personal. A todos lados del país se desplazaba en su carro, una decrépita Caribe que lo dejaba botado en todas partes. Un equipo de El Universal tuvo que rescatarlo una vez que iba a hablar de la Agenda Venezuela en Maracay”, recuerda.
“También encontró, por cierto, una manera diferente de pelearse con algunos, como cuando su honestidad se vio objetada —sin pruebas, porque Teodoro jamás manejó recursos. Por ejemplo, cuando un diario publicó que Teodoro andaba en un BMW que le habían incautado al pelotero Luis Sojo, se puso tan furioso que en lo sucesivo le dio en llamar al propietario ‘el bobolongo’”, sigue el reportero.
Para la experta en finanzas y planificación y eventualmente ministra en estas áreas, Maritza Izaguirre, “la presencia de Teodoro y su visión pragmática dinamizó el Gabinete. Se obtuvo apoyo internacional, y se inició un serio proceso de reajuste interno para equilibrar las cuentas fiscales. En ese proceso, la presencia de Teodoro fue pieza clave en la negociación y posteriormente en su ejecución, que permitió entregar cuentas claras y ordenadas a la administración entrante”.
“Hay que destacar que la personalidad de Teodoro, abierta, gran comunicador, sencilla sin protocolos, impuso un estilo fresco y directo a la siempre tensa relación entre la prensa y la función pública. Además, su agudo olfato político le permitió navegar entre corrientes, ganándose la confianza de sus colegas y, lo más importante, la del presidente Caldera, quien apreció el apoyo a su gestión en los difíciles momentos que nos tocó compartir”, dice Maritza Izaguirre-
Desde la perspectiva de María del Rosario —“Charito”— Bernardoni de Govea, ministra del mismo gabinete, “Caldera fue visionario cuando designó a Teodoro en el cargo de Ministro de Cordiplan y le encomendó la coordinación de la Comisión Tripartita, que facilitó el entendimiento entre los sectores sindical y patronal, enfrascados en una discusión por más de una década”.

Por qué Caldera pensó en Petkoff

“Ese nombramiento fue un reconocimiento implícito de la necesidad de producir un viraje en la política económica que venía aplicando en los primeros años de gobierno”, dice el ex masista Luis Manuel Esculpi. Y Teodoro venía siendo un severo crítico a esa política en su columna semanal de El Universal.
“Caldera nombró a un dirigente político y economista que tenía credibilidad y podía comunicar la necesidad de adelantar las medidas para reordenar la economía. Fue un hecho muy relevante que alguien con la trayectoria de Teodoro asumiera ese rol y con mucha claridad trasmitiera al país las dificultades que atravesaba, así como las posibilidades de salir de la crisis. Aún se recuerda aquella frase: ‘estamos mal, pero vamos bien’, con la que Teodoro resumió el avance de los correctivos”, vuelve Esculpi.
“Me imagino que en el ánimo de Caldera pesó, además, el hecho de que en Brasil gobernaba Fernando Henrique Cardoso, intelectual de izquierda que mantuvo, y matizó, el programa de ajustes del destituido Fernando Color de Melo. Cardoso era muy amigo de Petkoff, quien, además, hacía buena llave con otro hombre de izquierda al frente de la economía: Luis Raúl Matos Azócar, ministro de Hacienda. La movida le salió bien a Caldera: no solo mantuvo el Gobierno durante los tres años que faltaban hasta 1999, sino que además le dio un respiro importante a la economía nacional. En la práctica, Caldera pasó a ser una figura parecida a un padre de familia, mientras el Gobierno recaía en Teodoro y Matos Azócar”, añade Pedro García Otero.

Por qué Petkoff aceptó el reto

“Como muchos políticos y hombres de vocación pública, creo que Teodoro tenía un genuino interés por la acción de gobierno, por ser alguna vez parte del ejecutivo. Posiblemente, pesó en su decisión de participar de aquel gabinete, el hecho de él había seguido con mucha atención y mente abierta las reformas que se hicieron, o intentaron hacerse, durante el gobierno de Pérez. Entendía su necesidad y urgencia. Eso explica que haya apoyado con decisión algunas de las acciones que de otra manera hubieran sido impensables en una administración de Caldera, como por ejemplo, para citar solo un caso, la segunda etapa de la privatización de la CANTV. Creo que en su vida se cruzaron, en ese momento, el viejo deseo de ser gobierno con un sentimiento de necesidad del país y una visión sobre la dirección en la que había que moverse”, estima Gerver Torres
Luis Manuel Esculpi dice que el propio Petkoff había comentado en diversas ocasiones que toda su vida política había transcurrido en la oposición. “Confesó que le gustaría tener la posibilidad, aunque sea, de tapar los huecos de las calles o arreglar alcantarillas. Era la manera de expresar la voluntad de un dirigente de construir, de realizar una labor positiva y no mantenerse solo en el terreno de la negación. Por eso aceptó ser ministro de Cordiplan. Y, claro, porque se consideró capaz de asumir un reto como el que estaba planteado. Lo fue, desde luego. Sobradamente”.
Para Luis Beltrán Petrosini, lo relevante de este episodio consiste en que ambos líderes, de ideologías muy distantes, se despojaron de sus banderas para contribuir con la solución de una crisis de dimensiones colosales. Fue una demostración de una gran estatura política de ambos personajes. Y, de hecho, en este cargo Teodoro se ganó el respeto hasta de los sectores que lo adversaban y se consolidó ante el país como una referencia política fundamental.

¿Tuvo éxito Petkoff en Cordiplan?

La economista Tamara Herrera se refiere a “la proeza que cumplió Teodoro al rescatar el gobierno de Caldera, que estaba al borde de un golpe de Estado. Solo el empuje de Teodoro podía convencer a Caldera de hacer lo que, como él mismo dijo ‘lo que solo Dios sabe cuánto duele’”.  Teodoro se remangó para darle un frenazo a nuestro eterno populismo rentista. Dialogó, no necesitó tutela militar, razonó sin atavismo, como es propio de él. Y salvó al país de un descalabro en aquel momento. De eso no hay ninguna duda. No pudo salvarlo del siguiente descalabro, que fue la llegada de Hugo Chávez al poder.
“En el área social se llevó adelante la experiencia de diálogo y concertación social más importante acaecida en Venezuela e, incluso, referencia en el continente americano como modelo de concertación social: la Comisión Tripartita, coordinada por Teodoro Petkoff como Ministro de Cordiplan. Allí estaban los ministros de Hacienda, Trabajo e Industria y Comercio, representantes de las confederaciones sindicales y de las cámaras de patronos. Y se logró la suscripción del importante Acuerdo Tripartito sobre Seguridad Social Integral y Política Salarial (ATSSI), el 17 de marzo de 1997, que abordó el asuntos de las prestaciones sociales, salarios y seguridad social; y del cual derivaron, entre otras leyes, la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo y el dictado de la primera Ley de Seguridad Social Integral”, precisa María del Rosario Bernardoni de Govea.
“El gran logro de Teodoro al frente de Cordiplan fue la reforma del régimen de prestaciones sociales. Fue un acuerdo de tal importancia que rompió un paradigma tan acendrado durante décadas como el de la retroactividad —sustituyéndolo por un sistema que producía beneficios tanto a empleadores como a empleados— Y era tan sólido que no pudo romperlo ni Hugo Chávez, quien en 2013, moribundo, mantuvo el sistema, con un arreglo cosmético de retroactividad que solo favorece a quienes tienen muchos años en sus puestos”, afirma Pedro García Otero.
“Creo”, asoma el periodista, “que lo único que hubiera querido hacer y no pudo fue reconocer la deuda del Estado con sus trabajadores. El cálculo comenzó a hacerse, pero lo agarró el cambio de gobierno. Por cierto, desoyó los cantos de sirena que le pedían ser el candidato del gobierno de Caldera. Esto también le allanó el camino a Hugo Chávez. Yo llegué a conocer bien a Teodoro Petkoff, uno de los pocos funcionarios a los que llegué a admirar. Por su llaneza, sus conocimientos, su entrega a la causa de la reestructuración económica del país, incluso por su lealtad a Caldera, de quien siempre estuvo agradecido y lo llamaba ‘ese anciano caballero’”.
Entrevistado en febrero de 1997, Teodoro Petkoff dijo que cuando conversaba con algunos sectores, “empresariales y sindicales, por ejemplo”, no resistía la tentación de advertirles que en sus discursos percibía “un tufo a años 60, a exigir del Estado protección, aranceles, es decir, vivir en un ambiente artificial”.
“Que eso cambie tomará tiempo pero es obvio que un modelo económico caracterizado por la economía de mercado hará nacer una nueva cultura empresarial donde el riesgo, la competencia son componentes esenciales, así como la productividad y la competitividad. Para salir a luchar y no sentarse a esperar por el paraguas del Estado. Sin duda, nacerá una nueva cultura de consumidor y del trabajador. En fin, una nueva cultura política y nacional”, reflexionó Petkoff en aquella entrevista del 97.
Dos años después, al decir de Luis Beltrán Petrosini, “el nuevo caudillo barrería con todo, a pesar de las promesas electorales, todas incumplidas”.

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