jueves, 24 de marzo de 2016

EL MAL EXISTE

Salvador Sostres
SALVADOR SOSTRES


ABC

El buenismo son las plañideras de la tragedia y cuando Occidente no interviene el día acaba con recuento de cadáveres. El mal es inherente al Hombre y es de sociedad inmadura no quererlo asumir. No podemos erradicar la maldad pero podemos intentar que no nos destruya si entendemos lo que protegemos y lo defendemos con fortaleza y responsabilidad.
Todavía hay quien acusa de genocidas a los presidentes George Bush, José María Aznar y Tony Blair por la guerra de Irak. ¿Qué pasa cuando La Civilización no interviene? Trescientos mil muertos en Siria, cien mil refugiados que llaman a la puerta de Europa, y el terror desbocado del Estado Islámico. ¿Quién es el genocida?
En Afganistán sólo los islamistas quieren que las tropas americanas se vayan. Los que han podido empezar a vivir con una cierta normalidad, les ruegan que se queden, porque son su única esperanza.
El mal no viene de Irak. El mal viene de Adán y Eva, y forma parte de la naturaleza humana junto con nuestras maravillosas capacidades.
Aunque no lo parezca, hoy nos matamos mucho menos que el cualquier otro periodo de la Historia, y es porque disponemos de ejércitos más potentes para asustar a los que si no nos temieran, nos fulminarían.
Evidentemente que hubo que intervenir en Irak, en Bosnia o contra Hitler, tal como hay ahora que actuar en Siria, aunque sólo sea porque las bombas que explotan en nuestros aeropurtos se fabrican bajo el patrocinio y la impunidad de las tiranías islámicas.
¿Cuántas manifestaciones vimos en España contra el presidente Aznar y los Estados Unidos? ¿Cuántas hemos visto contra Estado Islámico? El tic del antiamericanismo y la contemporización con el islamismo son el mismo tobogán por el que resbalamos hacia nuestra destrucción. Más que la cíclica amenaza de los que quieren acabar con nuestro modo de vida libre, tendría que asustarnos nuestra incapacidad de reaccionar como una sociedad adulta.
El mal existe. Y aunque luego nos matan con bombas y metralletas, su arma preferida es nuestra inconsistencia.

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