domingo, 20 de marzo de 2016

LOS MITOS DEL TERRORISMO YIHADISTA

 
          MOISES NAIM

Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, los terroristas han asesinado a 93 personas en Estados Unidos.  De estos, 45 fueron muertos por yihadistas.  Los restantes 48 fueron víctimas de terroristas que nada tenían que ver con el Islam—fueron asesinatos motivados por el odio contra médicos y enfermeras que practican abortos, por el fanatismo paranoide en contra del gobierno o por la ideología neonazi.  Un examen de más de 330 personas sentenciadas por tribunales de Estados Unidos desde el 11-S por crímenes relacionados con el terrorismo yihadista, revela un perfil que contrasta con las  creencias mas comunes acerca de quiénes son estos terroristas.  Cuando cometieron los crímenes por los cuales ahora están encarcelados tenían, en promedio, 29 años. Un tercio de ellos estaba casado y otro tercio tenía hijos. Habían alcanzado el mismo nivel educativo que el promedio de la población de Estados Unidos y la incidencia de problemas mentales en este grupo era menor que la del promedio del país.  Otro dato importante es que, después del 11-S todos los ataques letales motivados por el terrorismo islamista perpetrados en Estados Unidos fueron llevados a cabo por ciudadanos o por residentes legales en ese país.
En resumen: los terroristas islamistas que han operado en Estados Unidos después del 11-S  son personas sorprendentemente ordinarias. Y no vinieron de afuera. Son estadounidenses que han vivido siempre, o la mayor parte de su vida, en ese país.  Además vale la pena señalar que, en Estados Unidos, es 3.000 veces más probable que una persona muera asesinada de un balazo disparado por uno de sus compatriotas sin motivaciones ideológicas, que por un terrorista islamista.
Estos datos provienen de Estados Unidos de Yihad un reciente libro de Peter Bergen, experto en terrorismo islamista que saltó a la fama  en 1997 gracias a su rol como productor de la primera entrevista televisada a Osama Bin Laden. El libro ofrece una detallada disección de lo que Bergen llama “terroristas cosechados en casa”.  Estos son los estadounidenses que se radicalizan, convirtiéndose en soldados de una guerra santa contra los no-creyentes, particularmente contra el occidente, y que se inspira en una extrema y distorsionada interpretación del Islam.
La gran pregunta es ¿por qué?  ¿Que hace que personas que, a primera vista, no muestran mayores diferencias con el resto de la población decidan convertirse en yihadis?   No se sabe. Entre los expertos no hay consenso sobre cuál es la respuesta. 
Algunas cosas, sin embargo, están claras.  La radicalización hacia la violencia yihadista tiene determinantes y contextos diferentes en cada país. El joven francés que asesina inocentes y luego se suicida gritado Allah akbar ha tenido una experiencia vital diferente a su equivalente que ha hecho lo mismo en Estados Unidos. En Francia por ejemplo, menos de 10% de la población es musulmana pero 70% de su población penitenciaria lo es. Este no es el caso en Estados Unidos, aunque es el país con el mayor porcentaje de su población encarcelada. La integración de los musulmanes a la vida económica y social  en Estados Unidos es más armónica y depara más oportunidades para un futuro mejor que en otras partes.
Otra característica frecuente –mas no universal– entre los yihadistas, es la existencia de un evento disparador: alguna tragedia personal, graves dificultades económicas, el desconsuelo por alguna perdida de un ser querido o un fracaso amoroso. 
Pero al yihadismo también se llega a través de procesos psicológicos más complejos y menos evidentes. La Asociación Americana de Psiquiatría ha publicado en su boletín mensual un interesante artículo que recapitula los resultados de las investigaciones más recientes sobre el tema. Los psiquiatras centran su explicación en la necesidad que tienen todos los adultos jóvenes de lograr un cierto “alivio existencial”.  Y añaden: “Esto implica descubrir quien es uno, adonde pertenece, que valora, que le da sentido a la vida, que puede aspirar a ser y como puede demostrarle al mundo su valía…Para los jóvenes marginalizados y que a veces están en transición entre una sociedad y otra el proceso de formación de su identidad puede ser una tarea desesperanzadora” . Concluyen los psiquiatras: “La razones por las cuales los jóvenes se unen a organizaciones terroristas tienen poco que ver con ser pobre, musulmán o psicópata y más con la vulnerabilidades de la naturaleza humana que son exacerbadas por ciertos aspectos de las sociedades occidentales… Para los jóvenes occidentales que están en transición y se sienten marginalizados, solitarios perdidos, aburridos, espiritual y existencialmente desposeídos y  abrumados por demasiada libertad,  ISIS y otras ideologías superficiales pero contagiosas, seguirán siendo muy tentadoras como soluciones instantáneas a las profundas dificultades  inherentes a la condición humana”.
Esta visión psicológica no aporta muchas ideas prácticas de cómo prevenir el terrorismo yihadista. Pero al menos desenmascara los prejuicios que pasan por hechos incuestionables y nos hace ver lo peligroso que es adoptar políticas basadas en presunciones falsas.
Twitter @moisesnaim ​

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