miércoles, 1 de febrero de 2017

NUESTRO DERECHO CONSTITUCIONAL

RAMON PEÑA

Estoicamente la sociedad venezolana sufre el rigor impuesto por una pandilla cuya fuerza descansa en la punta de las bayonetas. Pasan los días y crece el hambre ante la indiferencia, la muerte ante la impunidad. 

Hasta el presente, el aguante ha predominado frente al abuso, frente a la brutalidad que asalta academias y universidades, frente al garrote que se agita sobre la disidencia. Carujo redivivo embiste impunemente contra el espíritu de Vargas.

La barbarie gobernante ya ni siquiera apela a la ideología que le sirvió de bandera. El espacio de las ideas ha sido asaltado por el oportunismo y la rapacidad. Sería interesante saber cuánto saben de Marx o Gramsci los jefes militares que se declaran revolucionarios socialistas. Si les preguntan, seguramente reirán y confesarán que son más aventajados en materia pecuniaria que en política o historia. Eso se lo dejan a los pocos pendejos que todavía abrevan en la teoría de la justicia social revolucionaria.

Pero los abusadores son cobardes por antonomasia. Solo se enfrentan cuando tienen todas las ventajas. Como los matones de barrio que cayapean en pandilla. De igual a igual rehúyen la contienda. Por eso sueltan las plumas eludiendo como patarucos la obligación de medirse en elecciones. No les basta la prerrogativa de contar con las comisarias oficialistas en el órgano electoral. Ahora pretenderán burlar la obligación de realizar los comicios para gobernadores de los estados, cuyo plazo venció el pasado diciembre.


Es una oportunidad para una reacción concreta y obligada de los ciudadanos: cortarles la huida y, por todos los medios a nuestro alcance y con creatividad, no descansar hasta llevar hasta su fin la batalla por este derecho constitucional, haciendo respetar, además, todos los atributos para la representación electoral de la oposición democrática.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela

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