lunes, 13 de marzo de 2017

CARTA DES-MARCADA

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      AMERICO MARTIN

El gobierno del señor Maduro parece condenado al abismo si no revierte su pavoroso aislamiento interno e internacional mediante el sencillo recurso de respetar las reglas constitucionales. Sin elecciones, por ejemplo, no puede aspirar a que la oposición, que se sabe holgada mayoría y sabe adicionalmente que no hay manera de que pierda en el voto a voto, se avenga a una relación sumisa. Tampoco podría evitar la Carta Democrática Interamericana, cuyos efectos, en las deplorables condiciones en que se encuentran el país, el pueblo y su gobierno, serán muchísimo más graves de lo que suponen algunos. No creo que su gobierno pueda salir ileso, ni el hambreado país tampoco lo creerá.
La CDI es un instrumento democrático y un escudo contra los despropósitos de las autocracias. Así fue diseñada, plagándola por cierto de recursos para proteger la soberanía nacional. La CDI coronó esfuerzos de años destinados a proteger la libertad, la democracia, la justicia y seguridad de las naciones, sin menoscabo de la independencia.
La aceptación preminente de la esfera de los derechos humanos (DDHH) fue un gran paso adelante. Somos nacionales de cada país, pero más que todo pertenecemos al género humano y por ende estamos obligados a fomentar sus valores. Los DDHH condicionan el principio de no intervención. Eso no es “injerencismo” como proclaman con falsa indignación los regímenes autoritarios para exprimir a sus súbditos sin que nadie pueda defenderlos.
Para llegar a tales alturas de convivencia civilizada se marcaron hitos notables. Reproduciré solo los invocados en sus Considerandos por la propia CDI:
  • Tercera Cumbre de las Américas celebrada en Quebec (abril 2001) en la que se aprobó la cláusula democrática. Si un país-miembro la irrespeta se le negará acceso a las Cumbres.
  • Declaración Americana de los DDHH y Convención
Americana de DDHH, haciendo estrictamente obligatorio atenerse a los valores de libertad, igualdad, justicia social y democracia.
Ese tenaz esfuerzo de años cristalizó en la CDI, que Maduro trata infructuosamente de desacreditar porque cuestiona vigorosamente su gobierno. Olvida algo esencial: la CDI fue aprobada por la AG de la OEA en noviembre 2001. ¿Y a la sazón quién era Presidente de Venezuela? ¡Pues claro, Hugo Chávez! Fue él quien ordenó estampar la firma al pie del documento. Inflado como un pavo, presentaría al mundo su nueva arma anti-imperialista.
Difícil entender por qué, en lugar de respetar la Constitución y fomentar la producción para exterminar la pobreza que muerde la carne de los venezolanos, insistan en “radicalizar” una gestión tan perniciosa. El cambio democrático no desatará venganzas ni reproducirá el ciclo diabólico “perseguido devenido perseguidor y viceversa”. El pueblo soberano lo tiene decidido en su conciencia. Solo espera el cronograma electoral, sin maliciosas prórrogas.
Perder en elecciones fiables no es una tragedia, Maduro. Es una ocasión para analizar las causas de la derrota y prepararse mejor, aprovechando las reglas de la democracia.
Si las respetas seguirás jugando, si las proscribes, no veo cómo.

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