sábado, 4 de marzo de 2017


EL ESQUIADOR DE LLANO ADENTRO                                                                                                      

Enrique Viloria Vera

            Nada se había visto más ridículo desde que Calígula nombro cónsul a su caballo.

Bizarros de veras estos tiempos bolivarianos en los que impera la improvisación, el espontaneísmo, el me da la gana, la ausencia de profesionalismo, la falta de sindéresis. Así que en un país de comiquita donde el presidente confunde a un pajarito con su antecesor, con el Comandante supremo, y éste le trina en el oído, aconsejándole el rumbo a seguir, la estrategia para gobernar, no es de extrañar que un esquiador que jamás ha visto la nieve ni sentido el frío de las estaciones de invierno -  de golpe y porrazo -  viaje sin más para participar en una competencia de alcance mundial, haciendo  el ridículo como también lo hace el brabucón y pendenciero Jefe de la Revolución Bolivariana.

Me imagino la cara de estupefacción de los agentes de inmigración galos cuando interrogaron al esquiador de tierra caliente, y éste – con 25 euros en el bolsillo – les espetó que iba a Finlandia a fin de participar en un campeonato mundial de esquí, a pesar de nunca haber visto la nieve ni haber esquiado de verdad verdad.

Ciertamente somos – con toda razón -  el hazmerreír del mundo actual, no hay sitio por donde se transite en el que no comenten jocosamente las locuras, los desvaríos, las insensateces, los desatinos, los disparates, las alucinaciones, los desbarros, las equivocaciones y desaciertos de los dirigentes del socialismo del siglo XXI: meter la pata es el lema que ostentan con orgullo, ya que es lo único que saben hacer con toda propiedad.

No es de extrañar que a nuestra monta burros de sabana se les ocurra participar - con bombos y platillos revolucionarios - en los clásicos hípicos más renombrados del mundo, engalanados con su atavío rojo – rojito y cabalgando en un flaco jamelgo, desnutrido y mal alimentado, como lo están los malhadados súbditos bolivarianos, para luego – a todo estruendo -, festejar su último lugar en un restorán de lujo, devolviendo los raviolis rellenos de caviar y exigiendo además que calienten el gazpacho porque está muy frio; todo mientras liban su escocés mayor de edad , pagando la abultada cuenta en billetes verdes del imperio, provenientes de las menguadas reservas del Tesoro Nacional,  que derrochan a  lo lindo y a  sus anchas, mientras no los hay para importar medicinas y comida para un pueblo sentenciado a morir de mengua y de arrechera.

Así están las cosas en este país caribeño, viva expresión del Realismo mágico del que nos hablaba Uslar Pietri, quien, visionario, nos recuerda que:

Ha sonado la hora de Venezuela, la hora de los venezolanos válidos. Por encima del dolor y la vergüenza por lo que ha sucedido, hoy más que nunca tenemos la oportunidad y hasta el desafío de rehacer un país capaz de alcanzar las metas que ofrecen sus grandes posibilidades. No será fácil, como nunca ha sido fácil ninguna empresa grande.


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