lunes, 15 de julio de 2013



"Capriles inflado"
Fernando Rodríguez
 Editorial TalCual 15/7/2013 
Por lo visto Henrique Capriles ha entrado en la picota, no la de sus naturales adversarios, sino en los límites de su propia comarca.
Y ya no son solamente lo ociosos extremistas del Twitter y los aguerridos guerreros mayameros que sueñan con la plaza de Tahrir en el Cairo o con el ajusticiamiento de Gadafi a manos del pueblo. Se trata de conmilitones de cierto peso y uno que otro analista político, cuyo oficio suele implicar la formulación de ingeniosidades desconcertantes.
El pecado imperdonable es su blandenguería, cuando no complicidad, con el gobierno abominable de Maduro y su pandilla de hermanos autoproclamados, hijos del Gigante multíparo, a los que se ha sumado ahora la almirante-ministra. Y este ajusticiamiento se regodea en su aceptación del arbitrario veto gubernamental a la marcha opositora de abril que, según ellos, habría iniciado la demolición del gobierno de los impostores que trampearon la voluntad popular. En la ocasión, Capriles argumentó que no quería una masacre inútil y enunció, con todas sus letras, el axioma mayor de su pensamiento político: la lucha firme y constante pero apegada a las vías pacíficas.
Esa es una postura, noble a nuestro entender, que quizás no cale fácilmente en un país acostumbrado, en el discurso y acciones gubernamentales, a la más desfachatada violencia, a una revolución "armada" como se ufanaba aquél. Esa hipótesis insurreccional no se sustentaba en ningún cálculo político razonable. 
Y los que invocan la primavera árabe (que ha sido pródiga en horrores, Siria por ejemplo), los indignados españoles (que terminaron votando masivamente por el reaccionarísimo PP) y ahora los descontentos brasileños (que Dilma trata de seducir y probablemente lo haga) olvidan que estas acciones sorprendieron hasta a los más entendidos futurólogos, que suceden en muy raras, esporádicas y hasta poco explicables situaciones y, sobre todo, no tuvieron líderes ni siquiera partidos que las auparan.
Un líder cuestionador auténtico, y en ese momento Capriles lo es, por primera vez en esta larga y cruel era venezolana, no apuesta a insólitas experiencias, si acaso sincroniza con ellas cuando emergen. Por lo demás habría que recordarle a tanto valentón a distancia el asombro que produjo el arrojo personal de Henrique sumergido en las multitudes electorales o su tenacidad, inevitable pero acaso no siempre demasiado "política", en su cuestionamiento electoral.
De manera que si bien creemos que es necesario que Capriles debe hacer algunos movimientos que lo pongan de nuevo en el centro de un país que se mueve por muchos lados y en algunas esferas muy importantes paralelamente a algunas de sus posiciones, también estamos seguros de que su hoja de ruta sigue siendo la correcta, que su liderazgo sigue vivo y sigue siendo imprescindible para la cohesión unitaria opositora, sobre todo a la luz de las venideras elecciones municipales que mucho dirán sobre del presente y el futuro nacional.
Que en estos días ha cometido pecado mortal, pidiendo diálogo. Pues nos parece correcto y además encaminado a la búsqueda de esa figuración decisoria. Estamos seguros que sabía que del otro lado vendrían la agresión y la vulgaridad de los sargentos y los revolucionarios de pacotilla.
Extraordinaria la respuesta del teniente Cabello, pensador y estadista. Ahora queda más clara la posición de los que matarían por permanecer en el poder, por sus mieles gustosas y para que no salgan a la luz sus tropelías y millones. Quién quiere y quién no quiere la reconstrucción de esta Venezuela hecha un estropajo y una vergüenza.

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