miércoles, 6 de noviembre de 2013

EL PAQUETE DE MADURO


MIGUEL ÁNGEL SANTOS | 

EL UNIVERSAL
 
Escribe Felipe Pérez en Aporrea, Max Weisbrot en su blog, y muchos otros por ahí, que con unos cuantos ajustes ya esto cobra otra cara. Es decir, es cuestión de eliminar el control de cambio, dejar flotar la tasa entre dos bandas, y salir a ofertar dólares. No estamos tan mal, se trata de apretar un par de tuercas, soltar un poco la cadena de la bicicleta y ya está. A rodar. Detrás de estos repentinos arranques de optimismo puede haber varias razones: ignorancia pura, ingenuidad económica, o el mero aprovecharse de la falta de comprensión que existe alrededor de estos procesos para emitir una opinión política sin sustento. En este sentido la economía se le parece un poco a la medicina, tiene esa suerte de manto nebuloso de causas y azares que excusa casi cualquier cosa y permite encubrir cualquier error de diagnóstico o prescripción. No puedo hacer nada por las dos primeras (el analfabetismo económico y el optimismo ingenuo), pero sí creo poder aportar algo en relación con esto último. Estoy convencido que podemos explicar la dinámica retorcida que prevalece en el laberinto en que nos mantienen encerrados (una metáfora en más de un sentido), exponer la ineficacia de las soluciones oficiales y las virtudes (y complejidades) de las nuestras.

El control de cambio no se puede levantar, sin levantar el control de tasas de interés. Así de simple. Con la inflación en los últimos doce meses entre 50% (general) y 70% (alimentos), nadie va a optar libremente por mantener bolívares depositados en los bancos ganando 14,5%. Esto equivale a perder entre 24% y 33% al año en poder adquisitivo. Si los mismos que nos han expropiado nuestros ahorros por diez años levantan el control, habrá una estampida hacia el dólar que provocará una devaluación colosal del bolívar. Muchos dirán que esa devaluación vendrá a alcanzar a la depreciación que ya se produjo en el mercado negro, pero no pierdan de vista que aún hoy Cadivi todavía liquida más de la mitad de nuestras importaciones a 6,30. El impacto inflacionario sería muy significativo. Más aún, si suben las tasas surgen a su vez varios problemas. En primer lugar, el Gobierno pierde una fuente de financiamiento esencial. Después de todo, esas tasas que pagan los bancos y las consecuentes pérdidas forzadas en el valor de nuestros bolívares vienen a operar como una suerte de impuesto al ahorro que hoy en día financia la mitad del déficit fiscal. Al liberar las tasas de interés se eliminaría esta fuente de financiamiento, lo que abriría una brecha presupuestaria enorme. En segundo lugar, liberar las tasas de interés traería un problema crediticio a la banca, pues durante todos estos años el Gobierno la ha forzado a prestar más de la mitad de su cartera a tasas artificialmente bajas. ¿Cómo quedan los deudores hipotecarios si la tasa que pagan suben seis o siete veces? ¿Y las carteras morosas? ¿Tienen los bancos suficiente capital como para absorber esas pérdidas?

Luego están las expectativas. Este proceso de devaluación podría inducir una aceleración de la inflación, lo que obligaría a su vez a sucesivas devaluaciones (contrariamente a lo que muchos libertarios piensan este ciclo no es infinito, cada dinámica sucesiva de ajuste ocurre por una fracción menor a la anterior, para muestra véase nuestra historia desde 1977). La otra mitad del déficit presupuestario se cubre hoy en día imprimiendo dinero, lo que se haría imposible con tipo de cambio abierto porque nos quedaríamos sin reservas antes de que la máquina de manufacturar billetes complete un ciclo. Sin la posibilidad de financiarse con las pérdidas en los ahorros de los demás, sin imprimir dinero, y con el mayor riesgo del planeta, el Gobierno se vería forzado a un recorte en el gasto. En una economía cuyo único motor es el gasto público, eso provocaría una recesión y un desempleo colosal. Sin reacción del sector privado, no hay manera de contrarrestar el impacto recesivo de esta secuencia.

Estas son apenas algunas de las interconexiones entre los desequilibrios de esta enorme tela de araña que ha ido tejiendo el chavismo y paralizado a nuestra economía. Es bueno pensar siempre desde una perspectiva de sistema, en lugar de escuchar cantos de sirena en relación con cada uno de los desequilibrios por separado. El Gobierno no tiene cómo romper el ciclo, por lo que todos los padecimientos (inflación, devaluación, escasez, caída de salario real) no son consecuencias puntuales de un ajuste para cambiar de rumbo, sino parte de la cotidianidad socialista. De aquí se puede salir, y muchos otros lo han hecho, pero no con los mismos que nos trajeron aquí. Volveré sobre esto más adelante.

@miguelsantos12

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