miércoles, 22 de enero de 2014

2014: El fin del mito del pragmatismo

MIGUEL ÁNGEL SANTOS  

EL UNIVERSAL

Cada vez que se aproxima un anuncio de medidas económicas el mito vuelve a surgir. No importa cuántas veces se haya fallado en el pasado, si se insiste lo suficiente en algún momento se acierta. "No, pero fíjate, ahora sí lo van a hacer porque ya tienen el control de todo... ". "Ahora no se pueden radicalizar porque vienen elecciones, se van a poner más prácticos... ". La última variante, en palabras del filósofo de Arábica, mi querido amigo Fausto Masó, es la siguiente: "Ellos nunca antes habían tenido necesidad económica, ahora sí... Si no lo hacen van a un despeñadero, ¿tú crees que ellos no lo saben?". Según las ominosas predicciones de Fausto y otros legionarios del pragmatismo menos ilustres, el conjunto de medidas tomaría alguna de las siguientes formas: a) Se abriría de nuevo el mercado de permuta de dólares, b) Se relajarían un poco las condiciones bajo las cuales opera el sector privado, y c) Se invitaría a transnacionales a invertir en una apertura petrolera masiva que inundaría el país de divisas y aumentaría nuestros niveles de producción. Nelson Merentes funge en todos los casos como el amuleto que señala la dirección acertada: "Fíjate que dejaron a Merentes, que es un tipo pragmático, no es de los radicales". Como si Merentes no hubiese estado allí todos estos años, mientras se transferían reservas internacionales a Fonden, se financiaba el déficit de Pdvsa imprimiendo dinero a mansalva, o se expropiaban negocios privados a manos llenas.


La semana pasada el gobierno anunció que se mantendrá (otra palabra que está a punto de adquirir un nuevo significado bajo el diccionario de la Real Academia Chavecista) el dólar a 6,30. Uno presume que se utilizará para las importaciones públicas, y que el sector privado será trasladado a otra instancia, una especie de apoteosis del acronismo (Cencoex), que sustituirá a Cadivi y será administrada por Rafael Ramírez. Ahora bien, el hecho de que se mantenga el 6,30 para las importaciones públicas es irrelevante. Al Estado le ingresan dólares, que después utiliza para importar. Si Pdvsa le vende dólares al BCV a 6,30, y el Estado le compra dólares al BCV para importar a 6,30, ya ese 6,30 podría ser 30, o 40 o 60, el resultado neto es el mismo. Ahora, si Pdvsa le puede vender dólares al Banco Central a una tasa mayor, 11 o 12 bolívares por dólar, y el Estado puede importar a 6,30, eso es exactamente equivalente a imprimir dinero para financiar el déficit fiscal de Pdvsa. La única diferencia es contable.

Y es que la devaluación sólo tiene efectos fiscales en la medida en que el Estado le vende su superávit de divisas (exportaciones públicas netas de importaciones públicas y servicio de la deuda) al sector privado. En ese sentido, si suponemos que las autorizaciones de Cadivi se mantienen estables en 2014 pero se liquidan a doce bolívares por dólar se recaudarían alrededor de 5% del PIB. El problema está en que el déficit fiscal del sector público consolidado cerró el año pasado en 15% del PIB, lo que mantendría al gobierno en la incómoda elección entre imprimir dinero para cubrirlo (70%-80% más de liquidez), aumentar la gasolina y recortar el gasto público.


Acaso la única novedad sea que un ajuste semejante en la tasa de cambio relevante para el comercio privado provocará una contracción en las importaciones. En ese escenario, la caída en el consumo sería superior a la caída en la producción. Esto sin duda cubrirá una parte del ajuste que hacía falta en el sector real (no podíamos seguir consumiendo a un ritmo dos o tres veces mayor al que producíamos), pero dista mucho de cerrar la brecha. Si el gobierno continúa importando al ritmo que lo viene haciendo, la fracción de importaciones públicas sobre el total (hoy en día en 45%) seguirá creciendo. Esto último representa un verdadero problema, porque hay mucho más corrupción en la importación pública que en la privada. Poner a Ramírez a centralizar la administración de divisas no va a cambiar esto.



Si alguien sin conocimientos de economía ha llegado a esta sección del artículo (y aspiro que así sea) debe sentirse agobiado: Todas las salidas planteadas, por más ortodoxas que sean, suenan muy sufridas. El problema está en que el gobierno es incapaz de recolectar los mangos bajos de la economía venezolana: Es incapaz de atraer inversión y crear confianza, de reactivar al sector privado. Ya si es porque no quiere o porque no puede también es irrelevante: El punto es que no va a suceder. Puestos así, estamos ante un escenario similar en resultados al ajuste de Pérez en 1989, pero sin ninguna posibilidad de recoger los beneficios que entonces resultaron entre 1990 y 1992.

@miguelsantos12

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