viernes, 31 de enero de 2014


LA RESPONSABILIDAD DE LA UNIDAD | EDITORIAL 31.01.14




Se discute en los medios y en las redes sociales acerca de lo que la Unidad hace, lo que no hace, o lo que debería hacer. A la Mesa de la Unidad Democrática es barato atacarla y nadie parece defenderla, como si ninguno se diera por aludido cuando es criticada. Al final, a nadie van a perseguir, o enjuiciar, o encarcelar o quitarle un contrato por criticar con dureza a la Mesa.
Pero, en verdad, ¿Cuál es la responsabilidad de la Mesa de la Unidad?
Son varias. Todas muy importantes.
Una, recién adquirida o renovada por el voto popular, es gobernar en 76 municipios y el distrito metropolitano, lo cual equivale a regir los destinos locales de media Venezuela. A esos ciudadanos tenemos que cumplirle gobernando bien y para todos. Gobernamos, así mismo, en tres estados: Miranda, Lara y Amazonas. Allí tenemos que demostrar nuestras ideas, nuestra sensibilidad social, nuestra capacidad para hacer las cosas de un modo diferente y mejor.
Tenemos 65 diputados a la Asamblea Nacional. No es mayoría pero son muchos diputados. Una bancada numerosa que desempeña su trabajo en condiciones muy hostiles. Pero tenemos, a través de nuestros diputados y diputadas, la responsabilidad de hacer que se sientan representados eficazmente los que votaron por la Unidad en 2010, y se sientan atraídos por nuestro mensaje los que no lo hicieron.
Tenemos, además, el frente crucial de la lucha política, en un año que no tiene agenda electoral, pero que se caracteriza por una situación económica y social que necesita canales de expresión. Ahí un gran desafío a la imaginación y a la acción. Porque la lucha política requiere reflexión, estudio, debates y acuerdos, pero sobre todo acción.
No hay dilema entre diálogo y protesta. Ni puede haberlo en una alternativa democrática genuina como es la Unidad. Nadie ha planteado en la Mesa de la Unidad no dialogar. Sería una insensatez. Nadie ha propuesto en la MUD no protestar. Sería un grave desconocimiento de la realidad.
Cumplir con nuestras responsabilidades de gobierno local y regional y con nuestra representación parlamentaria, y con nuestra condición de alternativa capaz del diálogo y la protesta cívica por el bien de todos. Esos son los desafíos. Esa es nuestra responsabilidad.

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