jueves, 16 de agosto de 2012


Acerca del fraude electoral

                  


Francisco Toro
Por Prodavinci | 15 de Agosto, 2012

Mucho se discute sobre la posibilidad de que Chávez cometa un
fraude el 7 de octubre. Y mi opinión es siempre la misma, enredada
pero honesta: por un lado – ¡obvio! – y por otro – ¡no creo que pueda!,
porque cuando hablamos de fraude electoral estamos hablando de
dos cosas distintas. Una cosa es el Fraude en la Campaña – el
que está a la vista, el evidente ventajismo oficial, y al que no 
debemos restar importancia, y por otro lado está el que se refiere 
la gente cuando habla de fraude: el Fraude Numérico, en donde 
Capriles  saca más votos y el CNE declara a Chávez ganador. 
Y es ahí dónde la cosa se pone muy enredada.
Cuando hablamos de fraude numérico, existen dos variantes: el
fraude encubierto, y el fraude abierto. Lo que alarma a la gente es
el primero, la posibilidad de un fraude que no deje trazas.
Una posibilidad de fraude encubierto podría darse en el proceso 
de totalización, en el que las máquinas sean truqueadas para
favorecer al gobierno (en algunas versiones, con la ayuda del
fulano cable submarino a Cuba) y otra tiene que ver con el REP.
Vamos por partes.
Lo que hay que entender del sistema de votación en Venezuela es
que no produce una, dos, sino tres copias del resultado. El primero
es el acta de escrutinio que imprime cada máquina de votación al
momento de cerrar la mesa, y antes de conectarlo a la red del CNE.
El segundo es el total que le transmite la máquina al CNE. Y 
finalmente está el acta de auditoría
que se produce al contar, manualmente, los
comprobantes físicos del 54% de las máquinas – la auditoría en 
caliente.
Si hay testigos en cada mesa, ambos bandos terminan con copias
firmadas tanto de las actas de escrutinio como de las actas 
de auditoría.
Si estas no concuerdan entre si, o si no concuerdan con el total 
que
reporta el CNE, la evidencia queda expuesta en todas partes. 
Este es
un mensaje fundamental que ha digerido a cabalidad el Comando
Venezuela – con testigos en cada mesa, se hace practicamente
imposible encubrir un fraude electrónico en la totalización.
Ojo, eso no quiere decir que Tibisay Lucena no pueda declarar 
cualquier
cosa a las 2 a.m. del 8 de octubre: sólo quiere decir que si lo que
anuncia no concuerda con las actas, va a ser muy sencillo 
demonstrarlo.
Queda entonces la posibilidad de un fraude a través del REP – los
famosos millones de votantes fantasmas de los que tanto se ha
hablado. Esta teoría tambien se cae por su propio peso. Por una 
parte,
los estudios estadísticos que realizado la UCAB no muestran 
ningún
patrón fuera de lo normal en el crecimiento del REP, señalan mas
bien que es perfectamente congruente con el crecimiento 
demográfico
y con el énfasis que ha puesto el gobierno en cedular y registrar a
votantes de menores recursos. Nadie niega que el REP tiene sus
problemas – muchos viejitos no son retirados del REP luego
de morirse y más de una nacionalización chimba seguramente hay.
Pero de ahí a decir que hay dos millones de votantes fantasmas 
hay mucho trecho.
Pero la razón por la que el fraude a través del REP no me convence
tiene que ver con un asunto de mera logística.
El sistema de votación del CNE requiere emitirle una Cédula de
Identidad a cada fantasma, y que alguien se presente a votar en
su lugar, ya que las máquinas de votación no se pueden activar en
su ausencia. Quiere decir que el PSUV tendría que conseguir
activistas dispuestos a pasear de centro en centro votando muchas
veces el 7 de octubre.
Ahora, ¿cuántas veces puede votar una persona en un día? ¿Diez?
Bueno, si se pretenden añadir 2 millones de votos, eso querría
decir emitirle 10 cédulas de identidad chimbas a cada uno de los
200.000 chavistas involucrados en la conspiración. Digamos que
cada uno puede votar 20 veces, ¿entonces? seguimos hablando
de 100.000 personas, y hemos duplicado el número de cédulas 
incriminantes que cada uno tiene que llevar consigo.
Ahora, hay que ver bien lo inmanejable de estos números. El gobierno
ni siquiera logró identificar a 32 magistrados del Tribunal Supremo que
fueran  leales “a prueba de todo.” En los últimos años, dos de ellos
se han volteado y han comenzado a declarar en contra del gobierno. 
Es decir, el 6,25% del tribunal ha saltado la talanquera.
Claro, mucho más fácil es revisar la conformidad ideológica de 32
magistrados que la de los 100.000-200.000 conspiradores que harían 
falta
para salir a votar el 7 de octubre. Si 6,25% de ellos se voltearan, 
tendríamos
entre 6.250 y 12.500 conspiradores arrepentidos tocándole la puerta a
Globovisión, posteando sus cédulas chimbas en Facebook, 
denunciando el plan
de alguna forma. Incluso si el gobierno fuese 100 veces más eficiente a
la hora de seleccionar conspiradores electorales leales que a la hora de
seleccionar magistrados, deberíamos tener entre 62 y 125 denuncias
– denuncias que no habría manera de silenciar en estos días de 
internet.
Pero misteriosamente, ninguno de estos conspiradores se ha volteado.
Ninguno tiene una tía escuálida que le encontró las cédulas en la mesa
de noche. Ninguno tiene una ex furiosa que decidio vengarse publicando
las cédulas en Facebook. Ninguno.
En lo personal no creo en este tipo de Conspiraciones Perfectas – y
mucho menos en Venezuela. Si de verdad existieran cientos de miles de
múltiples-cedulados, ya la información se habría filtrado hace tiempo.
La conclusión para mi es que no existe una posibilidad real de un
fraude encubierto. De haber fraude el 7 de octubre, sería bastante
obvio. Intentar un fraude en tales condiciones acarrearía riesgos 
muy muy agudos para el gobierno, y engendraría posibilidades muy
claras de violencia en una escala y con unas consecuencias 
impredecibles.
Eso no quiere decir que no lo vayan a intentar. Bien podrían hacerlo,
y me parece claro que el gobierno no ha descartado esa posibilidad. 
Es
por eso es que voceros oficiales siguen declarando reiteradamente 
que la
oposición cantará fraude – puesto que de verse obligado a cometerlo,
el gobierno no podrá esconder las evidencias, y de ser así, la oposición
tendría obligatoriamente que denunciarlo. Llegada la necesidad, que se
intente un arrebatón es muy predecible – lo que no es predecible es
si ese arrebatón sería sostenible en el tiempo. Eso no lo sé ni yo, ni
Ud., ni el General Rangel Silva, ni el presidente Chávez.
Dado los espeluznantes riesgos de intentar un fraude abierto y la
imposibilidad de perpretar un fraude encubierto, para el gobierno la
mejor solución por mucho es sacar más votos el 7 de octubre y 
ahorrarse
el trámite. Y por eso es que el ventajismo ha estado tan 
groseramente
desatado en esta campaña – el gobierno entiende muy bien que 
si no
logra los votos que necesita el 7 de octubre, no hay garantías de 
que se pueda mantener en el poder por otros medios.

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