lunes, 19 de octubre de 2015

Entrevista impertinente a Ramón Guillermo Aveledo: “Creo en el valor pedagógico del ejemplo"












José Angel Ocando

Su carácter afable, componedor, se ha estrellado más de una vez con la tozudez andante. Fanático de la política, militante del béisbol (presidió la Liga Venezolana de Béisbol Profesional), Ramón Guillermo Aveledo es uno de los barquisimetanos más conocidos y reconocidos. Abogado, intelectual, fue diputado por Lara en tres períodos. Presidió la Cámara de Diputados, cuando en el parlamento era permitido, y hasta bien visto, decir palabras coherentes. Su pasantía de cinco años por la MUD tuvo episodios felices pero también un desenlace vaporoso.
-Usted nació en el mismo año y mes del terremoto de El Tocuyo.
-Unos días después. Mi mamá siempre recordaba que estando en la espera se sintieron en Barquisimeto los efectos del sismo. Se caían las cosas de arriba de la nevera, de arriba de la mesa. La familia vivía en una casa que desapareció, en la carrera 19 con 34. Ahorita hay un comercio allí.
-En cierta ocasión confesó: "Lo primero que vi, y lo primero que me vio, fue la política”. Eso porque el médico que asistió su nacimiento fue el doctor Honorio Sigala, dos veces presidente del estado Lara.-Honorio Sigala era muy amigo de la casa. Mi abuelo, Enrique Orozco, murió siendo mi mamá muy niña, y mi abuela, viuda, volvió a casarse con Pedro Nolasco Pereira, presidente del estado también, a quien conocí como mi abuelo. Ellos dos eran políticos del postgomecismo, en esas transiciones: el doctor Sigala más del lopecismo, el doctor Pereira más del medinismo. Eran rivales en la política y amigos personales, al punto de que el doctor Sigala fue el partero de mi mamá.
-Eso, entre otras cosas, se ha perdido en estos tiempos menguados. No se concibe en política reconocerle algún mérito al adversario, con frecuencia ni al propio compañero.
-Se ha perdido, y eso es una pérdida mayor de lo que reconocemos. En la diferencia puede haber convivencia, y amistad. Por ejemplo, Henri Ramos Allup y yo hemos sido amigos, aprendimos a respetarnos en la discrepancia. Recuerdo que a los 18 años, en la campaña de Caldera del '68, yo tenía un programa de la juventud copeyana en Radio Universo, en lo que después fue el Palacio Radial, y el programa que venía después era de Héctor Mujica, candidato a diputado del UPA, la cara legal del PCV. Nosotros esperábamos que Héctor terminara su programa y nos íbamos a almorzar.
-Le tocó estar muy cerca de Luis Herrera Campins, hombre sencillo, honrado. ¿Sabe por qué su paso por el poder dejó saldo tan deplorable?: Casos de corrupción, el refrán como palabra oficial, "viernes negro”.
-A él le correspondió un momento difícil. Mientras en Venezuela gobernar consistía simplemente en administrar la renta petrolera, era muy fácil; pero después eso se volvió algo irregular, inestable. Por cierto, en punto a la corrupción, ninguno de esos escándalos tocó a Luis Herrera. Si bien el saldo político inmediatamente después de su gobierno fue muy polémico, con carga negativa, el saldo histórico va serenándose. Al final será mejor.
-El doctor Enrique Tejera París comentó como un caso extraño que presidentes bajo cuyo gobierno se robó con escándalo, murieron "paupérrimos”. Citó a Luis Herrera.
-Luis Herrera murió en la misma casa de donde salió para ser Presidente. La misma quintica en Sebucán que había comprado a crédito a Juan Bernardo Arismendi, con préstamo del Instituto de Previsión Social del Parlamentario. Él solía decir que seguía en la misma casa, con la misma mujer y en el mismo partido.

Una renuncia sin detalles

-¿Dijo usted toda la verdad sobre los motivos por los cuales renunció a la secretaría ejecutiva de la MUD, en julio de 2014?
-Sí dije la verdad, pero no entré en detalles. Era obvio que había en el seno de la Mesa una discrepancia, y que yo era parte de la discrepancia. Por lo tanto, ya no podía ser el articulador de los consensos. Tenía que escoger entre aferrarme a la secretaría de la Mesa, cosa que me tentaba porque es una obra a la que le tengo mucho afecto, o hacer lo que creyera mejor para que la unidad se salvara. Al ver, un año después, que la unidad está fuerte, vigorosa, creo que decidí lo correcto. ¿Por qué omití los detalles?, porque suficientes proyectiles tiene el adversario, que nos trata como enemigos, para darle más. Ya habrá momento para saldar esas cuentas internas, como corresponde, democráticamente.
-¿No fue víctima del síndrome antidiálogo que saturó al país? Hablar de diálogo en Venezuela es exponerse a ser visto como alguien tibio, sospechoso, falto de coraje.
-La crispación repele a los que defienden la razón. Por cierto, pido que revisemos el concepto de radicalidad, porque radicalismo viene de raíz, y yo creo que los radicalmente opuestos a este Gobierno somos los moderados, los que proponemos la sensatez.
-Luego de que renunciara a la secretaría ejecutiva de la MUD, también lo sacaron de la coordinación de política internacional. ¿Es verdad que se enteró a través de la prensa?
-Sí, lo dije en carta interna que alguien filtró. Yo acepté la coordinación internacional cuando me la planteó, en nombre de todos los partidos, el secretario ejecutivo, "Chúo” Torrealba. Mi plan era continuar hasta diciembre, hasta las elecciones, porque me parecía interesante mostrar la continuidad. Ellos optaron por designar una comisión internacional de la campaña, y, era lógico, no podía haber dos cosas. Me di por sustituido, acepté el hecho y ya está, no hay drama, ¿cuál es el problema? Estoy trabajando por la Mesa igualito, porque la adhesión de uno es a una política. Eso no depende de que uno tenga un puesto. Yo respaldo la política de la unidad porque creo en ella, no porque piense que sea perfecta.
-¿No es la MUD un saco de grillos?
-Un periodista de The New York Times dijo que yo era el pastor de una manada de gatos. Los gatos no andan en manadas. Soy urbano de segunda generación. Mis abuelos eran criadores, gente rural. Ellos tenían vocación de pastoreo, a lo mejor algo me transmitieron; pero insisto: debemos valorar el mérito que la Mesa tiene. Hay diferencias, pero fíjate cómo se ha mantenido, contra todas las predicciones. Quedó demostrado después de mi salida que no depende de personas. ¡Eso es una gran cosa!
-Conciliar en medio de tanto ego, de tanto creído que se siente el centro del universo, es un arte extremadamente penoso.
-Nunca es fácil conciliar. ¡En nada! La gente es muy apasionada en la defensa de sus puntos de vista. Eso lo sabe cualquier padre de familia, cualquier gerente.
-Sus detractores lo calificaban de acartonado. Decían que tras su fachada conciliadora había un hombre a quien le incomoda ser criticado. Que su lenguaje académico no conecta con los sectores populares.
-Todo eso debe tener algo de verdad. Cuando dicen esas cosas de uno pueden ser exageraciones, pero ¿calumnias?, ¡no creo! Lo que pasa es que si yo me incomodo cuando me critican puede ser que se me note, hay otros que no, y hay quienes no se incomodan cuando los critican porque son unos sinvergüenza.
-¿Qué cosas son las que más lo incomodan?
-Depende de las circunstancias. Me incomoda la impuntualidad. A mí me parece que es una falta de respeto. Me incomoda la intolerancia, cuando se niega completamente el argumento del otro. Me incomoda la pequeñez de quienes ponen lo chiquito por delante de lo grande, cuando alguien se empeña en mantener la discusión en un asunto de detalle, o de interés personal. Entonces tengo que contar hasta cien para mantener la paciencia. Mi paciencia es producto de mucho esfuerzo.
-¿No le incomoda toparse con políticos vacíos, que no abren un libro, que no van al teatro, que no se cultivan?
-Eso incomoda sobre todo al país. La política es acción, no es contemplación, pero la acción requiere pensamiento, consistencia. Yo estoy por sacar un librito, está en imprenta ya, que se llama Contra la Corriente. Se refiere a la alternativa civilista frente al personalismo y al militarismo. Alude a seis hombres: Fermín Toro, Mario Briceño, Arturo Uslar, Jóvito Villalba, Arístides Calvani, Andrés Eloy Blanco, hombres de ideas que se atrevieron a la acción porque no pueden ser los ciudadanos como las vírgenes prudentes del Evangelio, que no hacen nada para no cometer pecado. Tienen que salir, se arriesgan, y se ensucian las manos para que lo bueno sea realizable.
-Uno de sus más sonados desencuentros fue el que protagonizó con el Foro Penal. Usted dijo que esa organización merecía "un vocero más serio”. ¿No contó hasta cien?
-Lamentablemente el vocero había dicho algo que no se correspondía con la verdad, pero nada de eso menoscaba los méritos que esa organización tiene al servicio de los derechos humanos. El doctor Alfredo Romero, que fue con quien tuve esa diferencia, fue incorporado al equipo de académicos del Centro de Derechos Humanos de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, y a mí me alegró muchísimo, como venezolano.
-Otro de sus tropiezos fue cuando el Gobierno filtró una conversación de María Corina Machado con Germán Carrera Damas, en la que ella le confió a quien fue su profesor que usted había sugerido al Departamento de Estado que "la única manera de salir de esto” era provocar una crisis, un golpe o un autogolpe.
-Por cierto que no es consistente esa filtración con las críticas que eventualmente se me hacen, al presentarme más bien como un pacifista, como un comeflor. Alguien tiene que aclarar eso, me parece a mí. Fíjate, esas dos personas estaban conversando en la casa de una de ellas. Es un abuso sin atenuante, una grosería, que el Gobierno se meta en la vida privada de la gente. Cuando me preguntan sobre ese caso digo, y lo repito, que yo no hablo de conversaciones ajenas porque eso es mala educación, y punto.
-¿Por qué rechazó el Acuerdo Nacional de Transición suscrito por factores de la MUD?
-Primero dije que no era delito; y me parece completamente extravagante que esté preso Antonio Ledezma por eso. Yo pensaba que esas cosas debíamos plantearlas en el seno de la coalición política de la cual formábamos parte, y discutirlas, para hacerlas juntos o no hacerlas juntos. No me parecía oportuno, porque introducía un elemento de discusión que ponía agua en los molinos del Gobierno. Nos distraía del foco, que son los problemas de la población, los problemas de la vida real. Por cierto, la transición, que es el tránsito de una situación a otra, ya está en marcha. Está ocurriendo la transición de la legitimidad carismática a la legitimidad burocrática, en el sentido de Max Weber, el pensador político alemán. Pasamos de una etapa en la cual el centro de la legitimidad era el líder carismático a una en que se llega al poder por las reglas. El resultado es que Maduro, el heredero, ocupa el lugar constitucional de Chávez, pero no su lugar político. Y el Estado, que estaba diseñado para funcionar con el poder concentrado en el Presidente de la República, simplemente no funciona. Nadie toma decisiones, y eso es un asunto sumamente grave.
-¿No se caía en una trampa al dialogar con un Gobierno que buscaba ganar tiempo y confirmaba todas las sospechas? Hasta sugirió que Diosdado Cabello presidiera la Comisión de la Verdad pedida por la MUD.
-Si se confirmaron las sospechas, entonces el diálogo tuvo resultado. Que los indicios se conviertan en prueba es procesalmente muy útil. Más allá del costo político y personal que significó, al atrevernos a ir y expresar nuestros puntos de vista, mientras ellos bateaban a las mallas, sin batear nunca hacia el cuadro, el Gobierno quedaba al desnudo. El país esperaba un diálogo que aportara soluciones, pero ese efecto secundario también fue provechoso.
-Usted se vio en aprietos cuando Roberta Jacobson, Alta Funcionaria del Gobierno de los Estados Unidos, reveló en el Senado que un sector de la oposición le había pedido a la administración Obama no aplicar sanciones contra Venezuela, porque eso estropeaba el diálogo.
-Y aquí alguna gente sorprendida en su mala fe aseguró enseguida que ese sector era la MUD. La propia Subsecretaria de Estado aclaró después que nunca nadie de la MUD le había dicho tal cosa. A pesar de eso nadie se sintió moralmente obligado a rectificar. Hay gente, hablo de los picapasito, que disparan desde la cintura, proponen las cosas más extravagantes, pero nunca justifican, ¡jamás rectifican!

El sentido de lo común

-¿Estar agrupados es sinónimo de entendimiento, de unidad?
-El entendimiento, por supuesto, siempre es perfectible. Reflexiono sobre lo que Andrés Stambouli llama la ruptura de la comunidad política, porque hemos perdido el sentido de lo común. Eso hay que recuperarlo para que la democracia funcione, si es que deseamos vivir en democracia. La mayoría de la unidad en la Asamblea Nacional va a exigir, ¡exigir!, cambios en el Gobierno, sin duda alguna, pero también cambios en la manera de afrontar la realidad por parte de la oposición. La condición alternativa se va a poner a prueba, porque no es lo mismo criticar que encabezar o dirigir un poder del Estado.
-Por tantas cosas buenas y malas que han pasado, ahora el país tiene ciudadanos mucho más despiertos, más avisados. Va a ser mucho más difícil la gobernabilidad.
-Será difícil, sí, pero mucho mejor. Interesa mucho el ciudadano avisado, el ciudadano alerta, empoderado, porque la ciudadanía no es una pasividad.
-¿No es la intolerancia el defecto político más tolerado? ¿No excluyen con sus manotazos quienes más hablan de inclusión?
-Estoy de acuerdo, pero debemos distinguir una cosa: no toda discrepancia es intolerancia. Savater en uno de sus libros habla de que la democracia es un ejercicio mayor de tolerancia, porque nos obliga a convivir con gente que no nos gusta.
-Y ¿qué tal la tolerancia con los candidatos independientes que han surgido al margen de la MUD? En Lara han florecido.
-Si usamos una metáfora de la botánica, yo no sé si han florecido; por lo pronto están sembrados, y han brotado, vamos a ver si florecen. Ellos participan, el electorado decidirá. ¿Cómo escogió la Mesa sus candidatos?: Con sus métodos o reglas que eran así, siempre. No es que el consenso es bueno cuando me favorece a mí, y malo cuando favorece a otro. Todo el mundo tiene derecho a presentarse. Lo que uno no puede esperar es lanzarse como candidato y que nadie lo critique. Una de las paradojas que más llaman la atención es la de esos políticos que tienen lengua de dragón y oídos ultrasensibles.
-¿Piensa en alguien en particular cuando dice esas cosas?
-No pienso en nadie en particular; y si lo pensara no lo diría. Porque esto no se trata de la persona, se trata de una situación de país, y de unas políticas para cambiar un estado de cosas. Aquí lo grave es que se confunda lo personal con lo nacional. Aquí está en juego la vida real de millones de venezolanos.
-Una encuesta de julio de este año le daba a usted 72% de aprobación para ser candidato a diputado por Lara. ¿Lo pensó, vaciló por un instante siquiera?
-Esos números, y esa propuesta de independientes, de gente muy valiosa, me halagaban, claro, ¿a quién no? Para mí siempre fue un honor representar a Lara en el parlamento; pero tenía que ver qué es lo que más conviene. ¿Que la Asamblea sea buena o mala depende de mí? No. Si depende de una persona eso está muy mal. ¿Mi candidatura va a ayudar a la Unidad o no ayuda? ¿Mi papel en la Unidad, el único servicio que le puedo prestar, es como candidato, quitándole el puesto a otro, o más bien manteniéndome como una voz que por no tener interés personal en cargos, pueda ayudar a que las políticas se desarrollen? Tomé esta decisión. Es obvio que no me retiré. Quizá a estas alturas sea una tontería, José Ángel, pero yo creo en el valor pedagógico del ejemplo. Si creo que esto está por encima de mí, tengo que demostrarlo. Hay cosas que definitivamente están por encima de la vanidad, por encima de uno, y hay que probar que uno es sincero en eso.

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