domingo, 13 de diciembre de 2015

LO VIVIDO

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                  FERNANDO RODRÍGUEZ

No hay duda de que todos los opositores a este régimen, hasta los onanistas que se oponen a la oposición, estamos jubilosos por los inmejorables resultados del 6-D. Se ha abierto una gran ventana hacia la reconstrucción y la dignidad de la nación que no puede sino regocijarnos. ¡Albricias, pues, por esas dos terceras partes!
No obstante, hay que recordar, para que haya otras ventanas y nuevas luces, que la noche continúa. En más de un sentido el dinosaurio sigue ahí. En primer lugar, porque la crisis económica es igual a la del 5 de diciembre y, si no se le pone remedios, urgente y adecuadamente, tiende a agravarse. Es más, aun aplicándolos, estos, por su propia naturaleza, causarán dolorosos e inevitables efectos en el cuerpo social. Seguimos en alta mar, encrespada y amenazante. Ya es un lugar común decir que vivimos la crisis más grande de nuestra historia. Jon Lee Anderson lo dijo de manera estremecedora: no ha habido un país, sin guerra, con una devastación semejante. A todo lo cual habría que sumar la irresponsable y corrupta dilapidación del fondo de la olla en la campaña electoral, los últimos oscuros pronósticos sobre el petróleo –hacia los veinte dólares dijo Del Pino– y los atropellos contra los últimos residuos de la confianza en la inversión, interna y externa,  por la intensificación electorera de la “guerra económica”.
Igualmente, el dinosaurio político no ha desaparecido. El chavismo vapuleado mantuvo 40% de los votos, lo cual es notable en esa postración económica y social que vivimos. Y todavía no sabemos hacia dónde dirige sus pasos, malherido y lleno de contradicciones internas, dejando en suspenso muchos aspectos de la política nacional.
Por último, quisiera traer, un tanto por los cabellos, un sentimiento que parece brotar como la otra cara de la atmósfera clara de estos días y que son los fantasmas de la larga pesadilla que hemos vivido, mezcla de desengaño, de ira, de culpa. El haber soportado tanto tiempo enormes dosis de sinrazones, humillaciones, degeneración moral y saña prepotente sin poder dar con las claves que pudiesen habernos liberado del cilicio. Pero no está mal que miremos ese pasado, como solía decir Freud, hay que recordar para poder olvidar. Y, además, aprender de él. Estos años chavistas no son para muchos solo un período desafortunado de la historia, sino también un capítulo esencial de nuestras vidas, por su extensión y por la intensidad de lo que ha logrado mover y remover en nosotros. No es posible ignorar el peso de lo vivido; hay, por el contrario, que ordenarlo, comprenderlo y tratar de superarlo. Básicamente, la política es un proyecto de futuro, la forma de reconstruir el mañana, de sembrar otra vez sobre la tierra. Pero también es el poder de repensar y juzgar los recuerdos de esa triste temporada en los degredos de la historia.

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