domingo, 13 de diciembre de 2015

NUESTRAS BUENAS NUEVAS Y SU ENTORNO


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               ELSA CARDOZO

Entre los cambios recientes en el mapa político latinoamericano, los resultados del 6-D venezolano tienen un impacto muy grande. Así como Venezuela se convirtió hace casi diecisiete años en referencia e influencia para el “enrojecimiento” del mapa regional y unas cuantas notables pérdidas de democracia, ahora comienza a asomarse como señal de la posibilidad de recuperar libertad y prosperidad por vías institucionales. La continuidad de la sorda, ofensiva y amenazante actitud de las más visibles cabezas del oficialismo no hace más que confirmar la importancia de la expresión mayoritaria que rechaza ese modo de gobernar.
No es insignificante el inventario regional de lo que ha estado cambiando. En esa lista se encuentran el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, la propuesta energética de la administración Obama al Caribe; los accidentados avances, pero avances al fin, del proceso de paz en Colombia; la causa contra Dilma Rousseff que podría sacarla de la Presidencia y, en todo caso, acelera el final de la hegemonía del Partido de los Trabajadores; el triunfo de Mauricio Macri frente al kirchnerismo en Argentina; las protestas que han complicado en alguna medida los planes de Rafael Correa y las que han restado apoyos regionales a Evo Morales, así como las coaliciones y negociaciones a las que obliga la distribución de fuerzas políticas en Uruguay y en Chile. Además, hace ya un tiempo que, incluso más allá de nuestro vecindario, los beneficiarios de ayudas del chavismo han procurado ocultarlo para no perder respetabilidad y votos.
Ahora, los resultados de nuestras legislativas corroboran la magnitud de la pérdida de bases de sustentación del gobierno que hasta hace dos o tres años mantenía en movimiento un desmesurado sistema de engranajes internacionales. Uno que, cuanto más grande se pretendía, más se aislaba de las necesidades de los venezolanos.
Las reacciones internacionales ante el abrumador triunfo de la oposición en unas elecciones en las que el propio régimen anunció que se jugaba la vida, van dejando evidencia del desgaste de esa dispendiosa maquinaria internacional. Solo los grandes responsables del descalabro se resisten a aceptar que están en franca minoría, dentro y fuera de la Asamblea, dentro y fuera de Venezuela.
Sea por considerarlo inevitable o francamente auspicioso, a nadie es posible ignorar que esa nueva Asamblea incidirá en la política exterior en los muchos ámbitos en los que tiene competencias de investigación, control y legislación: presupuesto, exigencia de rendición de cuentas, nombramientos, viajes presidenciales, misiones militares, contratos de interés nacional, tratados internacionales. Son amplias las atribuciones del Poder Legislativo para rehacer el engranaje roto entre las necesidades e intereses del país y el irresponsable “cueste lo que cueste” de las alianzas internacionales del Ejecutivo: ese es el asunto fundamental.
La mirada internacional que tanto nos ha acompañado tiene muchas razones para mantenerse atenta. Por lo pronto, no sobra repetir lo que tanto se ha dicho en estos días: las organizaciones y liderazgos agrupados en torno a la Mesa de Unidad Democrática deben mantenerse juntos, serenos y firmes en este complicado ejercicio de su responsabilidad. Esa no es solo tarea de los nuevos diputados y sus organizaciones políticas, lo es de todos los que queremos y creemos posible mantener y hacer crecer la voluntad de cambiar. 

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