domingo, 24 de julio de 2016

FRANCISCO DE MIRANDA Y LA ‘FEDERACIÓN AMERICANA’


            Emilio Nouel V.

El 14 de Julio próximo pasado se cumplieron doscientos años de la muerte de Francisco de Miranda, ocasión que aprovecho para comentar sus ideas sobre lo que él llamó la Federación Americana.

Todos sabemos que fue uno de los más destacados y tenaces propulsores de una América independiente, entre cuyas propuestas, para después de la emancipación, estaba la creación de un gran Estado federado en Iberoamérica.  

Algunos lo han llamado el primer canciller que tuvo Venezuela, el de la Venezuela aun inexistente como nación independiente.

Miranda tuvo la ventura histórica de participar en los tres procesos revolucionarios más importantes de su época: los de Francia, EEUU e Hispanoamérica. Fue amigo de grandes políticos y gobernantes europeos y americanos de entonces. No fue un radical jacobino, perteneció al grupo de los girondinos en la Asamblea revolucionaria francesa. De él Napoleón habría dicho: “Es un Don Quijote, con la única diferencia que no está loco. Es un hombre en cuyo corazón arde el fuego sagrado de la libertad”.

Durante su estadía en Londres, fundó la logia masónica “Gran Reunión Americana”, de la cual formarán parte muchos de los libertadores del continente, incluso brasileños. Como oficial, estuvo al lado de Andrew Jackson en la toma de Pensacola en la guerra de independencia de EEUU.

Son conocidas las diferentes versiones de aquella propuesta política. Entre 1790 y 1808, Miranda presentó varios proyectos (Acta de París de 1797, Proclama a los Habitantes el Continente Colombiano de 1801, y otros), y en ellos el precursor habla de la creación de una federación americana, de un poder ejecutivo, un ejército y unos comicios americanos.

El gran Estado con el que soñaba Miranda se llamaría Colombia y se extendería desde el rio Misisipi hasta Cabo de Hornos. La capital de este Estado estaría ubicada en Panamá.

Para la consecución de estos planes, buscó y obtuvo el apoyo de Inglaterra, país con el que tenía amplias relaciones personales y políticas. En 1790 presentó una propuesta al Primer Ministro William Pitt en la que justificaba el levantamiento de las colonias contra la dominación española y el derecho a darse un gobierno libre. Este Plan fue reformulado en 1798, y se conoce como Bosquejo de Gobierno Provisorio.

Como contrapartida a la ayuda que pudieran prestar a la revolución, Miranda expresa al gobierno inglés lo siguiente: “La América tiene un vastísimo comercio que ofrecer con preferencia a la Inglaterra; tiene tesoros con que pagar puntualmente los servicios que le hagan, y aun para pagar una parte esencial de la deuda nacional de esta Nación; por cuyas razones, juzgando, de mutuo interés estos importantes asuntos espera la América que, uniéndose por un pacto solemne a la Inglaterra, estableciendo un gobierno libre, y semejante, y combinado un plan de comercio recíprocamente ventajoso, vengan estas dos naciones a formar el más respetable y preponderante cuerpo político del Mundo.”

Se ha señalado que Miranda y Bolívar sostenían modelos políticos de unión diferentes, a pesar de que partían de un similar diagnóstico sobre las circunstancias americanas.

El primero, a semejanza de lo que plantearon Alexander Hamilton (1755-1804) y James Madison (1751-1836) en EEUU al momento de los debates que sobre el modelo constitucional se dieron en aquel país, planteaba una gran nación federada en la que los pueblos de las distintas provincias fueran la base de la unión, sobre la cual se levantaría una estructura política de naturaleza piramidal constituida por Cabildos, Asambleas provinciales y un Congreso continental.

En este Congreso estarían representadas todas las provincias y se aprobarían las leyes que regirían a toda la América unida y escogería el poder ejecutivo.

Las instancias mencionadas tendrían, cada una, competencias exclusivas, las cuales se complementarían en el marco de una responsabilidad compartida.

Aunque el proyecto mirandino era fundamentalmente político, no estuvieron ausentes de él consideraciones de carácter económico, comercial y tributario.

En su proyecto de 1801 establecía que se permitiría la importación y exportación de todo tipo de manufacturas y mercaderías, las cuales pagarían derechos (aranceles) entre 5% y 2%.

Planteó, igualmente, la necesidad de acuerdos, no sólo entre las colonias españolas, sino también con EEUU e Inglaterra. Compartía el ideario imperante en la época sobre el libre comercio. Por cierto, en esos años, alrededor de 1800, un senador norteamericano de Illinois, Stephen Douglas, planteó una unión aduanera con las colonias de Iberoamérica.

Posteriormente, en sus gestiones ante el gobierno de EEUU, nación nueva en la que veía un ejemplo a seguir e imitar “discretamente”, logró, como se señaló más arriba, un respaldo importante para una invasión a Venezuela que fracasó. Este apoyo norteamericano le causó fricciones a ése país con España, con cuyo reino mantenía una alianza entonces.

El proyecto mirandino constituye, sin duda, un antecedente histórico crucial en el largo, complejo y accidentado camino que ha seguido la idea integracionista en nuestro continente.

Emilio Nouel V.

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