domingo, 4 de octubre de 2015

SEPTIEMBRE EN FOTOS

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     ELSA CARDOZO

El mes que recién termina ha sido de abundantes anuncios y discursos, pero quizá algunas, entre muchas fotografías, revelen mejor los usos y abusos de la diplomacia.
Al final del encuentro de Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro en Quito, pese al esfuerzo de los presidentes de Uruguay y Ecuador, en el enredo de manos no se cruzaron las de los dos convocados por los facilitadores. Y la verdad es que fue poco, frágil y tardío lo acordado. El reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, abundante en testimonios gráficos desde el lado de la frontera que le fue permitido visitar, ha retratado lo injustificable de una medida de cierre que quizá se extienda por unos seis meses más, según el presidente que sonríe en la foto, o se ríe de la foto, cómo saberlo.
En las Naciones Unidas, el gesto del presidente venezolano tampoco fue correspondido por su par guyanés, pese a que el discretamente sonriente secretario general, Ban Ki-moon, sí logro que cruzaran las manos. En este caso, como respuesta a los intentos apaciguadores del gobierno de Venezuela con su intenso ir y venir a las islas del Caribe anglófono, quien ha mostrado nula voluntad para conducirse por las vías diplomáticas ha sido el presidente David Granger, en abierta y ofensiva descalificación del reclamo venezolano.
Mientras tanto, en el anuncio de la fase final de las conversaciones de paz en Colombia vimos a los que han estado haciendo juego de fondo. Santos muestra discreta satisfacción en el contacto con Timochenko, quien oculta menos una complacencia que también parece alivio. Raúl Castro, al centro, luce sonriente y muy cómodo juntando manos, algo más que en las imágenes de la visita del papa Francisco a La Habana. Pero en ninguna de ellas disimula el disfrute de un protagonismo e influencia que hasta hace pocos años era inimaginable para el tardío sucesor de Fidel.
De los predios de la ONU quedan, entre muchas otras, las fotos de Barack Obama y Vladimir Putin, precedidas por los discursos en los que cada cual expuso sus visiones sobre la guerra en Siria, de tan graves implicaciones humanitarias y de seguridad. Es elocuente la foto de Barack Obama con su mano extendida antes de que Vladimir Putin, a quien la expresión de desdén no le cuesta mucho, moviera la suya. Suerte de prólogo a lo que su conversación sobre la necesidad de coordinar acciones militares no logró posponer: el apoyo ruso al régimen de Siria con bombardeos que, según varias evidencias, parecen indicar no solo han puesto en la mira al Estado Islámico, sino a rebeldes que reciben apoyo de Estados Unidos.
Del desplazamiento de lo humanitario por la geopolítica viene también la imagen de la periodista de la zancadilla y las de la rudeza de los controles fronterizos en Europa oriental ante la oleada incontenible de desplazados, la mayoría por la guerra en Siria. Pero también quedan en el álbum evidencias de los esfuerzos de la Agencia de la ONU para los Refugiados y los de Ángela Merkel con los recién llegados a Alemania, su disposición a acogerlos y su mensaje para que los miembros de la Unión Europea acuerden fórmulas para recibirlos.
Y de la visita del papa Francisco a Cuba y Estados Unidos me quedo con la foto de su entrada o salida del almuerzo compartido en Washington con doscientas personas sin hogar. Es imagen reveladora de la sensibilidad del visitante y de la apertura del país anfitrión que deja ver sus problemas y hablar a sus críticos.

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