domingo, 3 de julio de 2016

IRONÍAS Y ALERTAS DE LA HISTORIA

TULIO HERNANDEZ

Durante muchos años, los setenta y ochenta del siglo XX, las universidades autónomas venezolanas fueron el escenario de una confrontación entre lo que se conocía como la ultraizquierda y la que a la larga se ha identificado como la izquierda democrática.
A la segunda pertenecían, el MIR, el Mas y Las Causa R. EL primero escisión de acción Democrática, los segundos, del Partido Comunista de Venezuela. Bajo los liderazgos intelectuales de  Moleiro;  Petkoff  y Alfredo Maneiro, respectivamente, estos partidos aceptaron el juego democrático, abandonaron el camino insurreccional y de alguna manera contribuyeron a los intentos, al final fallidos, de modernizar y corregir los defectos, carencias y omisiones de la democracia bipartidista.
En oposición a estos tres partidos operaban, con una existencia casi exclusivamente universitaria, La liga Socialsita, los Comités de Luchas de Estudiantiles Revolucionarios y Ruptura. Los tres eran el brazo legal de movimiento armado. De Organización de Revolucionarios, Bandera Roja, y el Partido Revolucionario de Venezuela,  respectivamente.
Eran movimientos foquistas que se negaron a aceptar la pacificación, con poca o nula presencia electoral nacional, aferrados ala idea de que el único camino revolucionario era construir la dictadura del proletariado por vía de las armas. Algunos de sus miembros fueron los último en bajar de los escuálidos y casi caricaturescos frentes guerrilleros que lideraban y, por supuesto, odiaban a muerte y condenaban moralmente, a los “revisionistas”, es decir, a los “traidores” de la lucha armada del Mas , el MIR y La Causa.
Todavía los recordamos atravesando los campus universitarios, en piquetes de formación militar, gritando mil veces una misma consigna: “La liga socialista, el Cler y Ruptura/ contra el reformismo y la sinvergüenzura”. Y todos los jueves, con sus rostros protegidos por capuchas, lanzando piedras, quemando cauchos, incendiando vehículos, jugando a la guerra contra piquetes policiales que les respondían con perdigones, bombas lacrimógenas y una que otra bala que en ocasiones desgraciaba la vida a un encapuchado o a un desprevenido transeúnte. Era  un ritual perverso que contribuyó grandemente a la despolitización del movimiento estudiantil.
Pero la historia, como el estribillo aquel de la canción de Pedro Navaja, te da sorpresas. Los partidos de la izquierda democrática nunca llegaron al corazón del  poder. A una que otra gobernaciones importantes si. A un cifra significativa de diputados y casi a la presidencia de la republica en 1993, La Causa R. Y hoy son partidos fantasmas o con peso regional en solo algunos estados del país.
En cambio, la ultra izquierda o, mejor,  una buena representación de sus dirigentes y herederos, está en Miraflores. Gobernando. No llegaron por su propia fuerza electoral ni por una guerra de guerrillas, sino coleados en el portaviones militarista y golpista de Hugo Chávez. Algunos de los miembros de lo que la leyenda urbana conoce como La banda de los seis, Maduro y Cilia, los hermanos Rodríguez,  fueron formados por las enseñanzas de La Liga Socialista. Jaua salió del seno de Bandera Roja y se supone que fue un buen combatiente de capucha. Alí Rodriguez, múltiple  ministro de Hugo Chávez, fue líder máximo del PRV de su escisión Tendencia Revolucionaria.  Y podríamos citar un número importante de ministros, embajadores o alcaldes  cuya formación inicial fue en la filas de la ultraizquierda  ideológicamente fidelista y dogmática.
Es un dato de la realidad indispensable para evaluar los escenarios posibles en la búsqueda de una  resolución  pacífica del dilema civilizatorio que hoy vive Venezuela. No hay que olvidar el peso que la violencia, como “factor constructor de un nuevo orden social”, ha tenido en los credos y prácticas de esta izquierda insurreccional que hoy se articula con una ideología militarista y muestra  una larga historia de acciones que van desde el secuestro de Niehous, pasa por los días de las capuchas, hasta el fortalecimiento de los colectivos armados que hoy reprimen manifestaciones contra el hambre en todo el país.  

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