sábado, 13 de agosto de 2016

Derecho que no se pelea, se pierde

“El derecho que no se pelea, que no se combate, es un derecho que se pierde”, opinó el psicólogo social y doctor en ciencias políticas, Ángel Oropeza, a propósito de la Gran Toma de Caracas convocada por la Unidad Democrática para el próximo 1 de septiembre, a fin de exigir a las autoridades electorales que fijen la fecha de la siguiente etapa del referendo revocatorio presidencial.
“En la medida en que la gente participa, hace suyos los derechos. Estamos frente a un gobierno que está deseando que la gente se resigne, que sea presa de la desesperanza, que tire la toalla, porque si eso pasa, ellos podrán seguir gobernando sin gente”, indicó Oropeza en declaraciones a Prensa Unidad Venezuela.
“La gran tragedia de un gobierno sin gente es que es muy frágil, muy débil, y la única forma de que se mantenga, es que la gente no participe”, prosiguió al destacar la importancia fundamental que tiene la participación ciudadana en la exigencia y defensa de sus derechos.
La Unidad Democrática ratificó este martes la convocatoria a la Gran Toma de Caracas, un hecho inédito en la historia política reciente del país, para exigir al Consejo Nacional Electoral (CNE) que fije la fecha para que el electorado venezolano – al menos el 20 por ciento, unas cuatro millones de personas – manifieste su voluntad o deseo de que se realice un referendo para revocar el mandato al presidente Nicolás Maduro, derecho ciudadano amparado por el artículo 72 de la Constitución.
Aún no se han revelado muchos detalles, pero se espera que ese día los venezolanos se movilicen desde distintas partes del país hacia la capital, un hecho que recuerda gestas históricas como las tres marchas entre Selma y Montgomery, en el estado de Alabama, ciudades separadas por 87 kilómetros, protagonizadas en 1965 por ciudadanos afroamericanos, para exigir su derecho al voto.
Hay muchos venezolanos escépticos del poder de presión de las marchas, porque, aseguran, han marchado muchísimo y aun así el gobierno liderado por el PSUV se ha mantenido en el poder durante casi 18 años. “Eso lo único que indica es que el gobierno es sordo, no que las marchas no sean efectivas como instrumentos de lucha”, comentó psicólogo social.
“Cierto, el gobierno sigue allí, pero está cada vez más frágil, sin pueblo, sin calle, y eso es gracias al trabajo político de mucho tiempo, y eso incluye las marchas. El gobierno hoy está fraccionado y fracturado internamente, con la gente en contra, y a nivel internacional muy desnudo. Es un gobierno que se apoya solamente en los militares y en los micrófonos. Y eso lo ha logrado la gente a punta de presión, a punta de marchas, entre otras cosas”, insistió.
Ciudadanía y dirigencia, dos caras, misma moneda
Oropeza considera que participar en estas movilizaciones no necesariamente  implica respaldar a un dirigente u organización política, sino que va mucho más allá, porque lo que implica es la defensa del país. “De lo que se trata es de decir `este país no me lo van a quitar, este país es mío, y esta situación tiene que cambiar´. De lo que se trata es de exigir que el país sea de la gente. Esa debe ser la base de la participación”, precisó.
Considera que, en las actuales circunstancias el “principal partido de este país, el partido más grande de este país, es el partido de la gente descontenta” y que en ese ámbito la Unidad Democrática “es solo la representación política de ese país descontento”.
“Mientras la gente descontenta hace cola en los supermercados, en los hospitales, o está huyendo de los malandros para protegerse en sus casas, la dirigencia opositora está encargada de darle canalización política, de darle rumbo político a esto que está ocurriendo. Pero no son divisibles, son la misma cosa. La dirigencia sola, sin gente, es una dirigencia hueca, es como un cuerpo sin alma; y la gente sin dirigencia, es una masa sin rumbo. Entonces son importantes las dos partes”, acotó.
En ese sentido, el analista político hizo referencia a quienes, tal vez sin saberlo, le hacen el juego al gobierno al cuestionar permanentemente a la dirigencia opositora. “Uno entiende que la gente debe ser crítica, pero no al extremo de escupir para arriba. Al gobierno le encantaría que hubiera una división entre la dirigencia opositora y la gente, o que hubiera una división entre la propia dirigencia, pero cuando la gente se presta a eso, se está prestando es a la estrategia del gobierno”, aseguró.
“Los dirigentes opositores han dado muestras no solo de perseverancia, sino incluso de valentía física, como los casos recientes de Chuo Torrealba o Julio Borges y de otros diputados que han sido agredidos, yo he sido testigo de eso. No están en Miami echándose aire. Están luchando en el día a día y hasta llevando golpes, físicamente hablando. Están arriesgando el pellejo”, señaló.
“Están haciendo un trabajo en la Asamblea Nacional, en la calle, en los barrios. Es un trabajo, me consta, de 24 horas los siete días de la semana. Y para esta Toma de Caracas el 1 de septiembre, esa dirigencia ha dicho que estará allí de primera. Nadie ha planteado mandar a la gente a la calle y quedarse ellos en sus casas viéndolo por televisión”, aseguró.
“La dirigencia ha dejado muy claro que no se trata de una marcha más, sino de un diseño de presión social. Se trata de movilizar a la gente, no de marchar por marchar. Es una movilización nacional, cada quien desde su espacio, cada quien desde su posibilidad. Llegará el momento de explicar con detalles por qué no es una marcha más. Pero es una cosa muy distinta”, adelantó.

11/8/2016 8:45am

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