domingo, 14 de agosto de 2016

SIN PRISAS NI PAUSAS, PERO REVOCATORIO YA


Pedro Luis Echeverria


" Es en nuestros momentos más oscuros cuando
nos tenemos que centrar en ver la luz " 

                                             Aristóteles 

He sido y soy opositor a este nefasto régimen que ha dividido y engañado al país con el subterfugio de hacer creer que el modelo social que ofrecía  era el camino para la redención e inclusión de los más necesitados. Los pésimos y desastrosos resultados obtenidos en todos los órdenes de la vida nacional, después de más de tres lustros de gobierno, nos indican que la utopía chavista fue una perversa quimera.
La Venezuela de hoy, después de 24 años del golpe de 1992 y  17 del mandato de los golpistas, no ha progresado. Al contrario, los males sociales bajo la égida de estos advenedizos se han acrecentado a pesar de los ingentes recursos políticos y financieros de los que han dispuesto durante el tiempo que han gobernado. El odio, la división y la exclusión constituyen el legado social que nos han entregado. Asimismo, una economía decadente y en decrecimiento, las arcas del tesoro vacías de dinero, carencia de  realizaciones destacables, la destrucción del aparato industrial público y privado, un enorme déficit fiscal, una cuantiosa y difícilmente pagable deuda externa, escasez, desabastecimiento, inflación, desempleo, inseguridad son, entre otros, los índices que representan y  miden el descomunal fracaso de la gestión de los golpistas de otrora. Se ha acentuado la inseguridad jurídica, se ha hipertrofiado el tamaño del Estado, la economía venezolana ha perdido  la capacidad generadora de empleos; el régimen ha convertido a los ciudadanos en cazadores de canonjías en lugar de formarlos para contribuir a la ampliación de la producción y mejorar la prestación de los servicios. Presos políticos, exiliados, perseguidos, familias destrozadas, la ilegitimidad de desempeño, la usurpación de funciones y la sistemática violación de la Carta Magna son otros de los pasivos que acumula en su balance el período del gobierno maduro-chavista.
La incertidumbre respecto al futuro atenaza y angustia a todos los venezolanos y por ello responsablemente queremos poner fin al autoritarismo, a las arbitrariedades, a la corrupción monstruosa y al desatino de quienes conducen, por ahora, al país. Las visiones de irracionalidad,  improvisación,  ineficiencia y  corrupción que se han  abatido sobre Venezuela, han ejercido un efecto devastador en los valores fundamentales de la democracia, el respeto mutuo, la tolerancia y la libertad de actuar que representan el ideario de nuestro pueblo y que regían la convivencia social en nuestro país.

 Queremos que se vayan y ellos se empecinan en quedarse, por tales razones, en los días sucesivos la confrontación del régimen con la oposición, inducida desde la cúpula gobernante, será nuestro presente cotidiano; nos confrontaremos por la defensa de nuestros valores y nuestro derecho al porvenir; por el derecho a la vida: la del hombre pleno, su libertad de conciencia, de pensamiento, de religión, de trabajo, de asociación, de movilización, de libérrima búsqueda de su propio destino. Esa libertad plena  que queremos rescatar  tiene un gran enemigo; se llama, totalitarismo - el Estado es todo sobre la tierra-.  Precisamente nos hemos confrontado y nos confrontaremos con esa visión absolutista y negadora  de la maravillosa aventura que es la vida y las ansias naturales del hombre por su progreso individual. Y lo haremos porque en esa visión totalitaria de la sociedad  se conjugan el odio, la aberrante exclusión  y la pérdida del derecho a la libertad. De  modelos similares a los que el régimen trata de imponer a cualquier costo, nacieron modelos de sociedad que llevaron a la miseria, la cárcel, la muerte, al exilio y a la intransigente división ideológica a millones de personas en  todo el mundo como la historia reseña que hicieron el nazismo, el fascismo y el comunismo.
 La libertad es la condición insustituible que le da sentido a la sociedad humana; por eso  debe ser  plena y hay que defenderla. A los pueblos no se los puede conducir con el  látigo, la prebenda y la mentira porque esa es la negación del ser humano. Solamente la libertad creativa ha hecho grande el mundo en el que todavía vivimos.
 Estamos obligados a rescatar el principio fundamental que ha sido rector de la riqueza de los pueblos y que ha facilitado que centenares y centenares de millones de hombres hayan salido de la pobreza y tengan una vida digna; nos referimos a la libertad de hacer y de construir de los individuos la que no  debe envilecerse mediante la entrega  del regalo que no ha trabajado y que posteriormente le cobran, obligándole a hacer lo que en su fuero interior no quiere, cercenándole y negándole perversamente su derecho al libre albedrio.
Se nos acaba el tiempo político y material para reflexionar y asumir nuestras responsabilidades ante las circunstancias actuales. Debemos focalizar nuestra atención y capacidad de lucha en exigir, mediante diversas y contundentes acciones, que nos sea respetado nuestro derecho constitucional a revocar el mandato de quién no merece estar en la primera magistratura del país.
Hagamos lo que tenemos que hacer y que sean la historia y nuestra conciencia las que  nos pidan cuentas si fuimos o si resultamos inferiores a ese destino.

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