viernes, 26 de agosto de 2016

LA ESPADA DEL REFERENDO REVOCATORIO



                JEAN MANINAT

Sobre el gobierno del presidente Maduro pende la espada del referendo revocatorio. Ha hecho lo indecible –y lo seguirá haciendo– por impedir que se realice este año con la vaga idea de que así estaría salvando al menos los muebles. En estado de perpetuo denial supone que al impedir que los venezolanos ejerzan su derecho constitucional a revocarlo borraría la galáctica impopularidad que lo persigue y que no hace más que aumentar con cada gesto de desprecio, de desconocimiento, hacia un pueblo que desde hace rato no le ve el queso a la tostada del socialismo del siglo XXI.
En vida, el difunto presidente Hugo Chávez promovió la figura del referendo revocatorio con la vehemencia que le era característica. En las redes sociales circula un video donde argumenta con fuerza la necesidad de darle al pueblo la oportunidad de sancionar, a mitad de  mandato, la labor de sus gobernantes. Es la otra cara en el espejo de lo que ahora sus seguidores quieren hacer… en su nombre. En aquellos días, que hoy lucen tan lejanos, los altos precios del petróleo permitían alimentar una labor de clientelismo político que parecía no tener fondo y logró dinamitar la vida económica y social del país. Del relato grandilocuente de la revolución bolivariana tan solo queda hambre y decepción entre aquellos que alguna vez abrazaron el espejismo.
Los resultados de la gestión gubernamental están a la vista y han sido motivo de innumerables análisis en la prensa internacional. La más alta inflación del planeta, escasez de productos básicos y de medicinas, cientos de personas asesinadas mensualmente por el hampa desatada, desnutrición infantil son sus señas de identidad. Aún los  que alguna vez fueron dóciles aliados –o mendigos en cuclillas con el sombrero en la mano– no dejan de exclamar su sorpresa ante tanta impericia. Pero la nomenclatura que gobierna el país no tiene la menor voluntad de cambiar de rumbo porque su única misión es aferrarse al poder a como de lugar.
En las elecciones parlamentarias de diciembre 2015, la sociedad le envió un contundente mensaje de que deseaba un cambio de rumbo. El gobierno, lejos de asumirlo responsablemente la ha emprendido en contra de la Asamblea Nacional (AN) y con los poderes públicos que le son afines quiere anularla desconociendo sus atributos constitucionales. Al querer desconocerla, ahonda más aún la brecha que lo separa del afecto popular.
A través del CNE ha convertido el trámite para activar el referendo revocatorio en una carrera olímpica de obstáculos para la oposición. A paso de tortuga con reumatismo el organismo electoral pretende ir chutandito el balón hacia adelante con la esperanza de minimizar los daños. Es una apuesta a la larga inútil porque el descontento no hace sino crecer día a día, cola a cola, y mientras más tarde el gobierno en asumir su soledad, mayor será su descrédito y estrepitoso su fracaso.
Bloquear toda solución democrática a la crisis que vive el país, gracias a su gestión, es un despropósito más que a nadie puede asombrar a estas alturas. En base a las astucias del CNE la nomenclatura gobernante podría postergar el referendo revocatorio hasta el año que viene –es un decir y perdonen la tristeza– hacer los enroques que quiera, pero no logrará detener la derrota que se anuncia como abrumadora tan pronto se le de la oportunidad a los venezolanos de ejercer su derecho revocatorio.
La espada democrática del referendo revocatorio sigue allí, tenaz como la de Damocles.

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