miércoles, 1 de mayo de 2013

Los falsos titanes



AMERICO MARTÍN

TalCual


La historia, la leyenda, el mito, la fábula o como quiera
llamársele, nos habla de la inconclusa torre de Babel, aquel
esfuerzo de arrogancia inútil dirigido a llegar al Cielo y
acercarse a la Providencia. También nos dice del colosal
esfuerzo de los Titanes colocando montañas sobre
montañas para alzarse a las alturas olímpicas y derrocar a
Zeus.
Los designios de los cielos son inescrutables. Una
interpretación simple dirá que los dioses están manchados
de soberbia, celos y dotados de alma de esclavistas por
impedirle a los hombres llegar al cielo, pero no, lo que
hicieron fue exigirles que en lugar de divinizarse se
humanizaran. Allí está el gran secreto de la sabiduría.
Titanes y babilonios consiguieron una ventaja de su derrota.
El rayo del Crónida los sepultó bajo la tierra y a mí se me
ocurre que de ese acto debieron nacer la industria y la
minería, fuentes del desarrollo y del fortalecimiento
de la condición humana. Y de la confusión de las lenguas
salieron idiomas tan variados que pudieron captar
más registros humanos. De allí la humana obligación
de desarrollar la tierra desde la raíz. Esfuerzos fallidos,
pero no inútiles. Bien lo decía el gran Juan Bautista
Alberdi: "Aspiramos todos a ser héroes y nadie se
contenta con ser hombre"
2 Con Maduro también tenemos un caso de confusión
de lenguas y del rayo que baja del trono. Desaparecido
el demiurgo de la revolución se rompió el espinazo del
movimiento. Decir que Maduro no es Chávez está lejos
de ser una forma de intriga política. Es por el contrario
un hecho tangible que cerca de un millón de
seguidores del líder fundador pusieron en evidencia
con el voto, el más implacable de los procedimientos.
Puesto en el cargo que ejercerá hasta que la auditoría
no resuelva lo contrario, Maduro ha comenzado a mirar
la profundidad de la crisis creada por su pomposo
socialismo, vestidura inapropiada de un modelo inservible.
Quizá desde la altura del poder le haya visto el rostro
a dos problemas adicionales: el primero, la arruga. Ya
no hay manera de correrla. El segundo, la inminencia
de las secuelas sociales de la bombástica crisis que
nos amenaza. Está escrita en la agenda de hoy, no la de
mañana.
La tragedia de Maduro, su lamentable paradoja, reside
en que el modelo es perverso pero peor es no hacer nada.
Digamos por caso, que si se siguen ralentizando las
importaciones, el estallido social tendrá su hora señalada.
Que sea una economía de puertos es gravísimo en el
mediano plazo, pero que se caigan las importaciones por
falta de moneda dura y exceso de corrupción e ineficacia
es mucho peor, además de inminente. El cáncer mata pero
aguanta por un tiempo. Tiempo es lo que ya no tienen.
3 Los partidos estables soportan la desaparición de sus
grandes líderes. Los lloran pero cubren el vacío. Se rigen
por la lógica implacable de "a rey muerto, rey puesto",
pero cuando un movimiento ha ido perdiendo el cemento
objetivo de su unidad dejándolo todo a la suerte de un
caudillo omnipotente, esa ley ya no puede funcionar.
El PSUV ha entrado en un proceso de disgregación
difícil de contener. Como la hidra helénica, segrega varias
cabezas cuando una es cortada. Están unidas en el
cuerpo pero tienen vida propia y se muerden entre sí.
El problema es que el PSUV está en el poder, de modo
que sus contradicciones se proyectan al Estado, a la
sociedad, a las actividades públicas y privadas. Es obvio 
que si alguien necesita el diálogo con la otra mitad es 
ese gobierno asediado por una crisis profunda, notablemente 
debilitado, dividido, sin un árbitro aceptado por todos y 
sin un líder que trace rumbos claros con un solo discurso.
Muchos creen que los llamados de Maduro al diálogo
son insinceros. Yo creo que son profundamente
sinceros, porque la polarización es un gravamen insoportable,
sobre todo cuando en la otra acera hay una fuerza en auge,
con un líder cada vez más respetado y seguido. Sin embargo
el hombre carece de fuerza para imponer el diálogo a sus
propios seguidores, por llamarlos así.
Pero la realidad aborrece el vacío. Si el cuerpo no
responde,
si en condiciones normales no va hacia un objetivo
discernible,
el destino es la dictadura y la ostentosa ruptura de las
buenas costumbres y las reglas normales del juego. Es
un fatum, es la anarké de los helenos.
La anárquica agresividad de los ministros contra los
derechos y leyes laborales, y la sombría amenaza de
encarcelar al adversario que les robó las horas del
sueño, son ­todas ellas­ reacciones del cuerpo
acobardado, formas anómalas de darse ánimo con
la esperanza de que el otro se amilane. Y cuando
esa esperanza no es colmada el pánico reina.
El punto estable en la tormenta es Capriles,
cuya enorme proyección nacional e internacional se
alimenta del odio de sus enemigos. Preso, se
convertirá en huracán ¿Y Maduro? ¡Ah, Nicolás! Dicho
con elegancia, estás entre Scila y Caribdis, las fuerzas
que cierran las salidas. Podrías perder el poder si vas a
la auditoría o también si la eludes. Si dialogas, las
hienas te morderán y si no, serás devorado por la crisis.
Triste destino el de no tener ni una humilde margarita
que deshojar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario