miércoles, 19 de marzo de 2014


El  rayo que no cesa  

Fernando Rodríguez
Editorial de Tal Cual

Son sorprendentes esos actos de magia del gobierno mediante los cuales pretende hacer desaparecer el golpe más raro (sin armas, sin madrugada y felonía, como el del 4f) y más prolongado del mundo, más de un mes ya. Ya van varias veces que decreta su total aniquilamiento y su heroico triunfo, con represión desmesurada y muertos y torturas a jóvenes estudiantes. Y casi al unísono siguen las protestas por aquí y por allá, a lo largo y ancho del país. 

Pero nada como la épica batalla de la Plaza Altamira y sus alrededores. Al mando del general Rodríguez Torres se militarizó toda la zona con centenares de efectivos aposentados in situ y se decretó la paz perpetua, hasta se la entregó solemnemente al alcalde de Chacao para el disfrute lúdico y cultural de sus habitantes, no sólo pacificada sino prístina, liberada de algunas toneladas de basura. Y, ¡oh sorpresa!, unas horas después un montón de gente acudió pacíficamente al curioso bastión invadido bélicamente rezando, caceroleando, gritando consignas en las narices de los aguerridos y desconcertados guardias nacionales. Pocas veces fue más pertinente la repetida consigna. ¡No tenemos miedo!
Y es que ciertamente los demócratas venezolanos han tenido en estos candentes días un aprendizaje muy intenso que les ha permitido enfrentar las amenazas explícitas o veladas que el chavismo ha repetido durante tres lustros: ejército politizado y dispuesto a todo por la revolución, feroces bandas armadas, pueblo que puede arrasar en su furia clasista todo lo que encuentre a la hora de las chiquitas. Y, agreguemos, los líos siguieron en Puerto Ordaz, en Mérida, Táchira... 
Pero hay mucho más. Preferimos no referirnos a las denuncias estrambóticas sobre terroristas profesionales, injerencias de países y personalidades extranjeros, arsenales descubiertos... que forman parte del instrumental contra el golpe, simplemente por mendaces y absurdas. Pero no se puede dejar de señalar el notable, acaso una invención endógena, mitin de militares, una contradicción en términos, con que Maduro quiso ponerle punto final a la situación. Verdaderamente grotesco, un ultraje a la democracia que es ágora y negociación y no campo de batalla. 
La tenacidad de esta protesta, lo hemos dicho, proviene de razones muy válidas y permanentes que no se esfuman con represión y patrioterismo y revolucionarismos retóricos. Tienen que ver con la desaparición de casi la mitad de los productos básicos de los anaqueles comerciales, como precisa Datanálisis. La inflación que parece va a ser apocalíptica con la devaluación llamada Sicad II. Con el incremento de la delincuencia que reconoce hasta el ministro del Interior, claro, y que atribuye a las guarimbas (sic). Con la cuasi paralización del país. O la indignación por los desmanes represivos, sobre todo contra la juventud. Entre otras muchas razones de esta devastación llamada chavismo. 
Por ahí no va el asunto, Maduro. Si quiere seguir durmiendo plácidamente deje de decir improperios y desatinos encadenados y busque la manera, la difícil manera, de aminorar esas causas decisorias. La paz no saldrá de esos exorcismos baratos, sino de empezar a respetar a esos millones de venezolanos que luchan prácticamente por su sobrevivencia, y atender a sus muy justas demandas. 

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