lunes, 27 de junio de 2016


Estamos ganando, el futuro es nuestro


Pedro Luis Echeverria
Lo que podría haber sido impensable unos años atrás, cuando el proyecto chavista se fundamentaba, en buena medida, en el aislamiento de una parte la sociedad civil adversa al régimen, en su reclusión a un estado de oposición permanente y en construirles la aureola de una imposible alternativa de poder, pasó a ser la mejor salida posible ante las difíciles circunstancias en que se encuentra el país. La conflictividad social y la hecatombe económica que padecemos muestra la magnitud del problema que afronta el gobierno y que solo puede resolverse con un radical cambio del modelo socio-político que ha venido aplicando y el de sus conductores. La quiebra de los servicios sociales, la marginación, el desempleo, el desabastecimiento, la incontrolable inflación, la exorbitante corrupción, la forma perversa en que se engaña al pueblo con falsas esperanzas de redención en estos tiempos de desintegración social y el desmoronamiento del mito revolucionario, han determinado que  la otrora multitudinaria adhesión popular al régimen muestre un inexorable e irrecuperable descenso. El modelo del "socialismo del siglo XXI" ya no se percibe como una alternativa para la cohesión social sino más bien como un factor de exclusión y segregación  dentro de la sociedad venezolana. Representa, para el ciudadano común, un fracaso más que no le compensa el castigo sufrido por las fracturas sociales y la pérdida de su calidad de vida. Ese ciudadano ha entendido que es moralmente inaceptable que la manera de gobernar del gobierno se fundamente en la exclusión ajena y se pretenda clasificar a las personas e instituciones en dignas e indignas y en merecedoras o no de la atención gubernamental, dependiendo del grado de adhesión y lealtad con el ineficiente y diletante ocupante del palacio de Miraflores.
La posibilidad que tiene la oposición en los eventos que se desarrollan, de conquistar democráticamente el espacio institucional y político desde donde conducir una nueva alternativa para  los destinos de la Nación avanza sostenidamente. Estos tiempos de estancamiento económico, de pérdida del rumbo que debe transitar el país, de amenazas y obstrucción a la decisión mayoritaria de la ciudadanía de revocar el mandato de Maduro, el referido desprestigio del régimen y la represión gubernamental a las ideas y valores modernizadores, han creado la demanda ciudadana por un conjunto de valores alternativos a los que sustentan los que asaltaron el  poder desde 1999. El ambiente es, por tanto, propicio para poner sobre la mesa una revisión de todo lo acontecido hasta ahora, examinar la caducidad del sistema operante, la falsedad de los fundamentos mismos del Socialismo del siglo XXI y el fortalecimiento de la tradición venezolana diferenciada del marxismo. En fin, una obligada rectificación a la irresponsable e inconveniente deformación operada en los valores de nuestra sociedad.
Recuperada, como en efecto ha ocurrido, la autoestima de la disidencia nacional y propiciada, desde posiciones ganadas en los comicios del 6D, la capacidad para participar activamente en la orientación del país,  el resultado previsible cuando se realice el referendo revocatorio nos abre una magnífica oportunidad para rescatar y reafirmar los valores de libertad e  igualdad de los venezolanos y el respeto a la dimensión universal de democracia y  pluralidad que el régimen, sistemática y perversamente, ha desconocido. Sin dudas, el futuro es nuestro.         

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