viernes, 16 de septiembre de 2016

DIÁLOGO Y JUSTICIA TRANSICIONAL

NELSON CHITTY LA ROCHE

EL NACIONAL

Llegó tan hondo el beso que atravesó y emocionó a los muertos”.
Miguel Hernández

Entre cavilaciones, y más allá de la actualidad política, a menudo escuchamos relatos amargos y rencorosos y para otros, parecieran suficiente, la llegada de los cambios y el abordaje del futuro sin detenerse mucho en la valoración del pasado. Incluso escuchamos hablar de reconciliación nacional creyendo que supone una especie de largo y ancho perdón a todo evento.
Nótese que escribo sobre el escenario político que sobrevendrá a este trance gravoso e incierto en el que vivimos expectantes de si habrá una secuencia pacífica, electoral, democrática y constitucional en el curso del año 2016. Sin referéndum revocatorio o postergándolo hasta el año 2017, empantanados pues en este fracaso que nos llena de hambre, pobreza, frustración y desesperanza no me atrevo a conjeturar más que la tragedia de la política como diría Rinesi. Pero si sobrevivimos a los dictados de los Castro y al abyecto Maduro deberemos dialogar. Siempre viene a mi conciencia Arendt y su contundente sentencia acerca de que el fin de la palabra trae consigo a la violencia.
No obstante, si en efecto logramos surfear este oleaje turbulento de bajo psiquismo y felonías y nos aceptáramos nuevamente como miembros de una nación, tendríamos que dialogar de verdad y para empezar la revisión del pandemónium que la demagogia, el populismo y la mediocridad engendraron habría que escoger varios temas sobre los que hay que trabajar para regenerar el tejido social y espiritual hoy lleno de escaras.
En realidad, el tratamiento de la justicia debería formar parte del diálogo propuesto por los facilitadores. En efecto, la agenda sobre la cual versaría el intercambio no puedo omitirla. Debe contarse además con una mecánica que ofrezca al país márgenes de sobriedad y respeto. Si la justicia que, por cierto, ha sido victimada especialmente por la clase gobernante actual no es incluida, habríamos obviado el más pesado de los periodos que la sociedad venezolana ha transitado y la más perniciosa carencia de nuestra historia, además. Un insumo básico es la verdad pero en la justicia.
No es por venganza que hay que hacerlo, sino por dignificación de la nacionalidad precisamente. Venezuela ha sido saqueada y arruinada literalmente, ha sido desfigurada institucionalmente, dividida socialmente, ecológicamente destruida, económicamente lisiada. Su soberanía burlada y desconocida y su población victimada en todas las formas posibles. Su democracia manipulada, tergiversada, contaminada.
Para metabolizar este resultado es menester invocar la responsabilidad de los concernidos, de aquellos que actuaron y fraguaron las diferentes pero sistemáticas violaciones de la Constitución y de la ley, pero especialmente de los derechos políticos, civiles, económicos de los venezolanos. Día tras día los hemos visto delinquir y luego, como lo hace Diosdado Cabello, ofrecer sarcasmos y risotadas desde la presidencia de la Asamblea Nacional o desde una televisora estatal regodeándose del peculado de uso que se permite. El cinismo no es una virtud.
Justicia Transicional es menester articular. Entre otras razones y fíjense en qué importante es que uno de los que debe llevarse al banquillo es la justicia misma, los magistrados del TSJ, por ejemplo. Razón tenía Bolívar al insistir en que la justicia por ella sola es capaz de asegurar a la república y culmino advirtiendo que, si algo más debemos hacer, es rescatar a la hoy perdida república bolivariana.

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