martes, 13 de septiembre de 2016

¿SE CIERRA EL CERCO?

Marta de la Vega

 El pugilato que el gobierno y el PSUV mantienen contra las fuerzas democráticas, en particular
las que reúne la MUD, partidos y sociedad civil estructurada en organizaciones no
gubernamentales, busca noquear y destruir al “enemigo”, a los que no se pliegan sumisamente a
su monolítico pero desordenado proyecto de pensamiento único y vocación totalitaria.
Sin embargo, las fracturas internas en la lucha por la supremacía del poder entre facciones militares y civiles dentro del gobierno, la falta de línea ideológica clara que no sean los estereotipos heredados del socialismo estalinista, única referencia para chavistas y maduristas, la improvisación e incoherencia en cuanto a políticas públicas, el meollo hegemónico detrás del vengativo “plan de la patria” y la ausencia de una siempre proclamada pero jamás practicada filosofía humanista que sustente sus acciones, han llevado este régimen antidemocrático a una situación de anomia y anarquía generalizadas. Cada dirigente político, cada dirigente comunitario y sus acólitos en sus “conucos”, hoy “consejos comunales”, deciden de manera absolutista y arbitraria a quiénes distribuyen o no prebendas, bolsas de comida, proyectos “autogestionados” u otros beneficios. Para asegurarse el control y la dominación del régimen, cual serviles funcionarios (y no puedo dejar de recordar “el caso Eichmann” de Hannah Arendt y la “banalidad del mal”), obligan previamente a la gente a sacar el carnet del PSUV. Si carecen de esta credencial, son excluidos de la política de “repartición rentista” que despliegan los “consejeros” en las comunidades, que por cierto, como parcialidad política, usurpan competencias municipales. En algunos casos, este dominio ha alcanzado dimensiones monstruosas de violencia, aún impune, al tomarse la justicia por su cuenta, como los cadáveres maniatados encontrados en una zona metropolitana de Caracas, con un macabro mensaje sobre sus cuerpos que anuncia que han sido asesinados por el consejo comunal (sin identificar), al parecer por haberse apropiado de fondos de dicho consejo. En otros casos, como en “Villa Rosa”, en la isla Margarita, dirigentes fanatizados por la farsa siniestra que es la revolución bolivariana, con atribuciones inaceptables en democracia, utilizan como instrumento de castigo la repartición de las bolsas de comida a bajo precio, que acaban de negar a los ciudadanos de este pueblo porque cacerolearon al presidente Maduro, quien lamentablemente reaccionó de modo impropio, no como primer mandatario. No escapan a esta conducta discrecional e inconstitucional las 4 rectoras del CNE, con minúsculas. No respetan la majestad de su cargo como poder público autónomo. Mienten, se saltan la ley, inventan normativas e incumplen su función con tal de cuidar el “reino”, cual “cancerberas” a las puertas del infierno. Su irresponsabilidad es tan grande como su actitud sectaria y parcializada para defender a cualquier precio al gobierno. Este, para mantener impunes sus actuaciones criminales, ni cree en la justicia, la cual usa para bloquear toda disidencia o peor aún, para eliminar de facto con el tsj como intermediario las potestades de la AN, ni quiere ser juzgado como ocurrirá cuando se reconstruya esta institución fundamental para la paz de la república que es el poder judicial. Al creer cerrar el cerco a la democracia con ilegalidad, represión brutal y persecución, no perciben que al régimen se le cierra peor y su arma, cual boomerang, se volverá contra ellos, pronto y ojalá sin muertos.

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