viernes, 9 de septiembre de 2016

¿Y ahora?










 Eduardo Fernandez

La demostración del pueblo venezolano el jueves primero de septiembre fue contundente. No solo por la inmensa multitud que se congregó, sino por la conducta cívica que esa misma multitud observó.

¡Honor al pueblo venezolano!

Ahora toca al liderazgo político actuar en consecuencia. Tanto a los líderes del gobierno como a los líderes de la oposición. El pueblo habló con mucha elocuencia y con mucha contundencia. ¡Queremos cambio! Y queremos que ese cambio se produzca de manera pacífica, civilizada y constructiva.

Nosotros, los ciudadanos venezolanos, no estamos contentos con la situación que está viviendo nuestro país. No estamos contentos con el hambre, con el desabastecimiento, con el alto costo de la vida, con la inflación, con la inseguridad, con el deterioro de la calidad de la vida, con la crisis de la salud y de la educación, con la falta de agua potable y de energía eléctrica.

Queremos una Venezuela diferente. Queremos un país en el que prevalezca la unidad, la armonía, el respeto a los diferentes puntos de vista y opiniones. Un país en el que no haya presos políticos, ni limitaciones arbitrarias a las libertades públicas.

La manifestación fue convocada con un propósito muy concreto. Exigir la celebración del Referéndum Revocatorio previsto en la Constitución Nacional. No se trataba de tumbar al gobierno.

¿Cuál debería ser la actitud de los líderes del gobierno? Escuchar la voz del pueblo y contribuir a la celebración del Referéndum. Todos sabemos que el resultado de ese Referéndum será abrumadoramente favorable a la revocación del mandato presidencial. Pues bien, ¿qué sentido tiene mantenerse en el poder contra la opinión de la abrumadora mayoría de los ciudadanos?

Hace apenas unos meses el Jefe del gobierno en la Gran Bretaña convocó una consulta popular acerca de la permanencia de su país en la Comunidad Europea. El Primer Ministro perdió esa consulta y considero que habiendo perdido la confianza de los ciudadanos, su obligación era renunciar al cargo y permitir al Parlamento elegir un nuevo gobierno. Así se hizo y no pasó nada.

La democracia es un sistema político que tiene como uno de sus postulados la alternabilidad. A veces se gana y a veces se pierde. Al chavismo le tocó ganar muchas veces. Ahora le toca perder Podría ser que en el futuro le tocará ganar de nuevo. ¡Ojalá que no!

La democracia, según la insuperable definición de Abraham Lincoln es: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Escuchemos la voz del pueblo.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández

@EFernandezVE

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